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Así fue el giro feminista de la cooperación internacional colombiana

En menos de tres años, y ante un panorama generalizado de reducción de recursos destinados a la cooperación internacional, la Agencia Presidencial de Cooperación Internacional de Colombia (APC Colombia) registró un aumento del 383 % en los reportes de movilización de recursos de Ayuda Oficial al Desarrollo dirigidos a iniciativas explícitamente feministas. Detrás de esa cifra hay mujeres que hoy ven cómo esa apuesta se traduce en cambios concretos para sus territorios.

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Redacción Región en Acción
04 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
Ivanny Plaza, presidenta de Asmudepaz, y Sandra Bermúdez, directora de la Coordinación Interinstitucional de APC Colombia.
Ivanny Plaza, presidenta de Asmudepaz, y Sandra Bermúdez, directora de la Coordinación Interinstitucional de APC Colombia.
Foto: APC Colombia
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El canto disolvió lo desconocido. Aquella mujer mexicana nunca había escuchado un alabao, pero cuando las cantadoras del Chocó comenzaron su interpretación, algo —tal vez el deseo compartido de vivir en paz— la conmovió. “Ella es más que todo poeta, pero solo escuchó la tonada y ahí mismo inició a cantar con nosotras. Rápidamente se conectó con nuestra tradición. Fue algo que me impactó, que la raíz es una sola esencia”, cuenta Nelly Valencia, cantadora y docente licenciada en música.

La escena ocurrió en Chiapas (México) en septiembre de 2024, durante un evento con proyección hacia la Red Internacional de Mujeres que cuidan la vida desde las artes, las culturas y los saberes por la paz y los derechos culturales, y que es parte de las iniciativas de la XI Comisión Mixta en Asuntos Culturales y Educativos entre los Estados Unidos Méxicanos y la República de Colombia 2024-2026.

Esa reunión refleja un giro institucional. La APC Colombia consolidó un modelo de cooperación internacional con enfoque de género que pone a las mujeres en el centro de sus proyectos. En el ámbito de la Ayuda Oficial al Desarrollo, las cifras respaldan la estrategia: entre 2023 y marzo de 2025, los registros de fondos de iniciativas explícitamente feministas pasaron de USD $686.031,09 a USD $3’311.752,00, un aumento del 383 % respecto al mismo periodo inmediatamente anterior.

El mensaje al adoptar un capítulo feminista en la Estrategia Nacional de Cooperación Internacional 2023-2026 fue claro: cooperación para transformar las relaciones que injustamente han rezagado a mujeres, niñas y personas con orientaciones sexuales e identidades de género diversas.

Además, en los últimos tres años, la entidad de cooperación ha colaborado con cuatro países de América Latina y cuatro de África y Asia, a través de Cooperación Sur-Sur, en proyectos centrados en la transformación de género. Entre ellos centros barriales de cuidado con Chile, empoderamiento empresarial con El Salvador y datos inclusivos con Ghana y Kenia. También está el proyecto sobre el cuidado de la vida para la paz en voces y cuerpo de mujeres artistas, que fue justamente el que llevó a las mujeres del Chocó hasta México, y que también posibilitó que un grupo de sabedoras del país norteamericano visitara la capital de Quibdó.

Durante los encuentros, las participantes compartieron rituales de armonización, mesas de trabajo, un mural y un manifiesto que construyeron juntas. “No es una red para recaudar fondos económicos, sino saberes para interactuar y transmitir. La importancia de que APC Colombia nos haya tenido en cuenta es que podamos unir nuestras voces y nuestro clamor en torno a la paz. Ellas también anhelan un mundo en paz”, dice Valencia.

Del campo colombiano al senegalés

Ndeye Coumba Maty Mbengue es médica veterinaria del gobierno de Senegal. Viene de una familia del campo. Cuando llegó a Colombia en el marco de la ruta de aprendizaje sobre la autonomía y la innovación para las mujeres en zonas rurales impulsada por APC Colombia, vio a las mujeres del país convertirse en espejo. “Nos parecemos muchísimo. Ese instinto de luchadora es igual. También la solidaridad entre poblaciones, entre comunidad”, dice.

Las rutas de aprendizaje se posicionan como herramientas clave para la escalabilidad de la cooperación Sur-Sur, implementadas junto a socios estratégicos como la Organización Internacional para las Migraciones y Procasur. Una ruta hace posible el intercambio sostenible de buenas prácticas evaluadas entre múltiples actores de dos o más países, en este caso Colombia y Senegal. En la cooperación feminista, esta metodología sirve para hacer seguimiento a qué tan bien están funcionando las acciones que se comparten entre organizaciones o actores especialmente cuando se trata de reducir las desigualdades de género.

En ese recorrido, Ndeye Coumba se encontró con una medida política que cree debería tener su país: la reforma agraria. “Es una reforma que podemos llevar. Podemos intentar implementarla allá, y también todo lo que tiene que ver con prácticas para mejorar la calidad de vida de las mujeres rurales. Eso es algo que podemos capitalizar y llevar a mi país”, explica.

La visita de Ndeye Coumba se dio en medio de un intercambio de conocimiento entre mujeres rurales en el marco de la cooperación técnica de APC Colombia, que incluye componentes explícitos de equidad de género con énfasis en acceso a la tierra, liderazgo productivo y participación en cadenas de valor, y que representa más del 50 % de todas sus iniciativas. Para ella, esos esfuerzos encuentran respuesta en una convicción. “Somos mujeres. Tenemos derechos iguales que los hombres y podemos hacer mucho en nuestra sociedad, como los hombres”, dice.

Desde la Dirección de Oferta de Cooperación Internacional de APC Colombia, Daniel Rodríguez explica que esta dinámica es una apuesta-país por el trabajo con “nuestras hermanas y hermanos de África”. Para él, la clave está en reconocer que el aprendizaje no va en una sola dirección. “Es muy importante este trabajo. Ustedes ya identificaron buenas prácticas de Colombia, pero seguramente las entidades colombianas también encontraron experiencias valiosas que pueden aprender de ustedes”, señala en referencia a la comunidad senegalesa.

Según Rodríguez, aunque tradicionalmente los proyectos de cooperación Sur-Sur parten de una demanda de conocimiento o apoyo técnico de un país a otro —uno que comparte experiencias exitosas (oferente) y otro que busca aprender (demandante)—, en la práctica casi siempre se convierten en procesos de doble vía. “En el 90 % de los casos, nuestros proyectos de cooperación Sur-Sur se convierten en proyectos de intercambio mutuo, porque en esa conversación las dos partes encuentran que tienen algo que enseñar y algo que aprender”, añade el funcionario de APC Colombia.

Desde la vicepresidencia de Colombia, en cabeza de Francia Márquez, se ha impulsado una agenda que teje lazos entre Colombia y el continente africano, con las mujeres como protagonistas: la Estrategia África.

Alianzas con mujeres para transformar los territorios

Ivanny Plaza habla con convicción sobre el poder del cultivo de camarón para frenar el narcotráfico, ese que ha dejado a su municipio, Tumaco (Nariño), sumido en la guerra entre los grupos armados. Plaza tiene 46 años, lleva 15 trabajando con el camarón y es la presidenta de la Asociación de Mujeres Semillas de Paz Perlas del Pacífico en Tumaco (Asmudepaz). En esa asociación —que hace parte del proyecto de la Cadena de valor del camarón de Tumaco— cerca del 82 % de sus participantes son mujeres, muchas de ellas víctimas del conflicto armado.

“Esto puede sustituir el cultivo que hacen ellos. Si ellos duran dos meses en producir y cosechar, acá también lo podemos hacer. Y es algo legal”, dice.

El proyecto que la sostiene combina recursos del Gobierno colombiano con aportes de la cooperación española, que llegó al territorio cuando nadie más apostaba por él. “(Desde la Cooperación española) dieron un paso en el que otras personas no tenían fe”, dice Plaza.

Conozca aquí: “De Colombia para el mundo”, un espacio para contar al país que se posiciona globalmente

A través de APC Colombia, ese apoyo se tradujo en ultracongeladores que permitirán que el camarón llegue al consumidor sin perder textura, sabor ni color. “APC Colombia está dentro del territorio apoyando estos procesos, apoyándonos con los proyectos alternativos para que podamos salir adelante dentro de la cadena. Entonces, es un apoyo muy significativo”, dice.

Al igual que Plaza, mujeres como Estella Castro encontraron en el cultivo una salida económica. “A la primera quincena dije: está más de lo que me pagan en el mes por lavar o hacer una casa. Voy a seguir pelando camarón. Y allí me quedé, ya me hice adulta, me estaba cambiando el pelo de color y ya estoy en la siembra de camarón”, cuenta Castro, quien también hace parte de Asmudepaz.

Todo este proyecto de cooperación hace parte del mecanismo de Contrapartida Nacional: iniciativas que combinan recursos del Gobierno colombiano con aportes de socios internacionales para impulsar soluciones territoriales con impacto sostenible. Como explica Sandra Bermúdez, directora de Coordinación Interinstitucional de APC Colombia, el mecanismo busca apoyar los esfuerzos de desarrollo que realizan los cooperantes internacionales y cerrar brechas en los territorios.

Lo que está en juego con el proyecto es el imaginario de todo un territorio porque el camarón no es solo un producto. Para Miguel Ángel Gómez, líder de Alianzas y Oportunidades de la Red Nacional de Agencias de Desarrollo Local (Red Adelco), “gracias a productos como el camarón, Tumaco puede tener la oportunidad de tener un nuevo imaginario, desligado de la violencia, del conflicto, del narcotráfico, y resignificarlo hacia uno de oportunidades, de esperanza, de pujanza”, dice.

La alianza público-privada que sostiene este proceso —añade Gómez— no es solo una suma de recursos. “No estamos compitiendo con precio ni en volumen, sino con calidad, con historia, con impacto social”.

Una apuesta que ha llegado a los escenarios multilaterales

Las historias de Nelly, Ivanny y Estella no se quedan en experiencias locales. Hacen parte de una agenda que APC Colombia ha llevado desde los territorios hasta escenarios multilaterales, donde también se define el rumbo de la cooperación.

Durante el III Encuentro Ministerial sobre Empoderamiento y Autonomía Económica de las Mujeres de la Alianza del Pacífico, Colombia, que coordina el grupo técnico, se impulsó el fortalecimiento de la perspectiva de género en los proyectos financiados por el Fondo. El resultado: una reducción del 56 % en los recursos destinados a iniciativas que no incorporaban ese enfoque y un aumento de hasta el 25 % en aquellas que lo tienen como eje central.

Otro de los escenarios donde Colombia llevó su enfoque de género fue la XVI Conferencia Regional de la Mujer de América Latina y el Caribe, en 2025. En un evento paralelo titulado “Construyendo paz e igualdad a través del cuidado: iniciativas desde la política exterior y la cooperación internacional feminista en Colombia”, APC Colombia presentó los avances y aprendizajes de sus proyectos con perspectiva de género.

Ese enfoque también se trasladó en noviembre de ese mismo año a la IV Cumbre Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños–Unión Europea (CELAC-UE), donde APC Colombia participó en el panel “Pacto birregional por los cuidados: el rol de ALC y la UE en la década de acción para la sociedad del cuidado y la igualdad sustantiva”, centrado en los aportes de la cooperación no reembolsable para fortalecer sistemas de cuidado y cerrar brechas de género en ambas regiones.

Más allá de los pactos, las cifras y las declaraciones que se firman en esos escenarios internacionales, en el centro están mujeres como Nelly Valencia, Ivanny Plaza, Estella Castro y Ndeye Coumba, cuyas trayectorias muestran cómo la cooperación internacional con enfoque de género se traduce en cambios concretos en sus vidas y en sus territorios.

Lo que comparten —desde el Pacífico colombiano hasta África— es esa experiencia común de organización, cuidado y trabajo. Nelly Valencia lo resume así: “La raíz es una sola esencia”.

Por Redacción Región en Acción

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