Tiene 26 años y es considerada una de las figuras más talentosas y mediáticas en España, y sus más de 24 millones de seguidores la instalan como la actriz más seguida en su país en Instagram. La fama internacional le llegó cuando encarnó en el 2020 a Carla Rosón en “Élite”, aunque su carrera había empezado años atrás en producciones como “Vis a Vis”, “Centro médico” y “Estoy vivo”.
En la charla que tuvo con Vea, de El Espectador, la actriz española Ester Expósito recordó la experiencia de trabajar con la periodista mexicana Lydia Cacho en la serie documental “Peace Peace Now Now”, de Lifetime, que visibiliza la lucha de la activista contra la impunidad y la injusticia en México en casos de violencias basadas en género. Así mismo, habló de su posición frente al machismo, que la hace llamarse una feminista activa.
¿Cómo fue trabajar con Lydia Cacho?
Conocí a Lydia tiempo antes del documental. Me había contado de este proyecto y enseguida me sumé. Fue muy inspirador poder hablar con ella, preguntarle sobre temas tan importantes de su carrera como periodista y como activista. Ver cómo una mujer pone todo en riesgo incluso su vida, su integridad, por salvar a mujeres y a niños y niñas, por ayudar a encontrar a mujeres desaparecidas, y sobre todo dar un golpe en la mesa y hacer un grito de ‘basta ya’ ante tantas injusticias y tanta impunidad que hay en el mundo (…) Es la valentía de ella, todo lo que arriesgó hasta el punto de tener que irse de su propio país.
¿Cómo llegó a identificarse con el feminismo?
Antes que el feminismo, adquirí conciencia de lo que era el machismo. En mi casa siempre ha habido entre mis padres una relación de igualdad maravillosa, de amor y de respeto. Por suerte en casa no viví eso, no vivía algo que me pudiera decir: ‘mira, esto es una desigualdad entre hombre y mujer, esto es machismo, esto es misoginia’. En fin, tuve mucha suerte. Creo que desde pequeña en la tele, cuando veía los casos en el telediario, casos de asesinatos de mujeres, ahí empecé a pensar ‘esto pasa mucho, se repite y siempre a mujeres; casi siempre es una pareja, una ex pareja o un desconocido que la viola, siempre tiene que ver también con el sexo, muchas veces con la violencia sexual. Siempre a nosotras’. Ahí empiezas a ser consciente de que pasa algo alrededor de la mujer y del cuerpo de la mujer, que a la sociedad le pasa algo con eso. Creo que también luego en el colegio te empiezas a dar cuenta. Si en tu casa has tenido la suerte de no verlo, lo empiezas a ver en el instituto, o por unos o por otros. Vas a ver casos de desprecios, de cosificación, comentarios machistas, bromas, chistes, juicios al cuerpo de nosotras. Ahí empecé a tomar conciencia un poco de todos estos comportamientos machistas y del sistema del patriarcado en el que vivimos. Un poco de ese enfado, esa rabia de ver cosas que no eran justas, que no era justo que aguantásemos nosotras en el colegio, en clase, o una compañera, una amiga. Me empecé a informar y a conocer lo que es el feminismo y para qué está. Y me ayudó mucho y me abrió un mundo decir, ‘ah bueno, no tengo por qué, efectivamente esto no está bien, esto que estamos viendo y normalizando’. No solo de cosas más leves como pueden ser insultos o comentarios, sino en la tele, la violencia que vemos todos los días, (decir) esto está mal, no es normal, sino que además hay un movimiento que lucha contra esto y alza la voz para que cambien las cosas.
¿Ha perdido personas o relaciones por su posición?
Todos tenemos un familiar, un amigo, alguien que parece que no quiere escuchar o no entra en razón y todo lo que dices como que lo minimiza. Cree que no hay nada que pueda aprender o que pueda estar equivocado. Con la gente así, que no sabe escuchar, pues sí, hay una de dos: o la aceptas como es y aceptas que no es tu lucha cambiarlo. Y si lo quieres mucho, pues lo mantienes en tu vida o dices, ‘mira, no puedo compartir mi tiempo con alguien que tiene esta mentalidad’ y que además no tiene como la humildad de por lo menos escuchar y de creer que a lo mejor alguien, una mujer, tiene algo que enseñarle.
Ha habido vínculos, relaciones afectivas con hombres que no han ido a más y no han funcionado porque eran muy machistas y lo peor es que no lo sabían o no querían verlo o eran conscientes un poco, pero decían, ‘pero bueno, es que soy así, es que ya no, es que no voy a cambiar’. Era como ‘wow, ¿qué hago con esto?’. A lo mejor con otra mujer eso se puede, otro tipo de mujer con otra mentalidad eso puede funcionar, conmigo no. Para mí es muy importante este tipo de educación y de valores, alguien que pueda escuchar.
¿Qué banderas rojas tiene en cuenta?
Cuando veo a un hombre, y me ha pasado varias veces, que estás conociendo y que enseguida le dices, ‘oye, esto es un poco raro, este comentario, esta mentalidad que tienes’ y es como que no escucha, como si no hubiera nada que pudieras tú llegar a enseñarle, eso ya es muy triste y ahí dices: ‘no hay mucho más, no hay por dónde tirar’. Lo mínimo es alguien, y yo misma también, ante todo, no sólo con el feminismo, es estar abierto a aprender, que la vida te enseñe cosas, que la gente que pase por tu vida te pueda enseñar algo. Para mí es lo más valioso y lo más bonito que me puede dejar alguien, un aprendizaje. A los hombres les cuesta mucho que las mujeres les enseñen cosas, entender que una mujer puede llegar a su vida y enseñarles algo que creían que era de otra manera completamente diferente, eso les cuesta mucho.
¿Cómo influye esta mirada al elegir proyectos actorales?
Desde el momento en el que tuve el privilegio de poder elegir a qué proyectos sumarme intento hacer historias que no me busquen con personajes que quieran solo explotar mi físico, sino que tenga algún interés más allá. También equipos en los que me sienta respetada, escuchada; que mi voz como profesional se respete y se escuche tanto como la de un hombre; que no por ser mujer como que da igual lo que tenga que opinar. He tenido bastante suerte. Me he sentido en todos los proyectos muy escuchada y tomada en serio.
