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Robinson Díaz cumple 60 años y no contempla retirarse: “La pasión no se jubila”. Así inició

El actor cumplió 60 años convertido en uno de los artistas más reconocidos. Los celebró en su lugar seguro: el escenario. Junto a sus amigos de siempre, su esposa, la actriz Adriana Arango, su hijo Juan José y su público del Teatro Libre, donde se presenta los fines de semana. Recordó la época en la que solo tenía una claridad: quería ser actor y llegó a Bogotá con poco dinero, mucho miedo y gran convicción. En diálogo con Vea se sinceró sobre todo.

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Por Luz Alexi Castillo
09 de mayo de 2026
Robinson Díaz cumple 60 años y no contempla retirarse: “La pasión no se jubila”. Así inició
Fotografía por: Tomás Osorio

Cuando Robinson Díaz irrumpió en la pantalla colombiana, hace más de tres décadas, lo hizo de manera contundente. Protagonizó ‘Detrás de un ángel’ y comenzó una carrera que no se ha detenido y ha ido in crescendo. A simple vista podría decirse que fue sencillo: estudiar, sacar buenas calificaciones y empezar a trabajar antes de la graduación.

Pero no fue así. Antes de comenzar a perfilarse como uno de los intérpretes más versátiles de la pantalla, había comenzado una carrera académica y en el teatro, que se desarrolló en medio de estrechez económica, la lejanía de la familia, la disciplina e incluso, las negativas a cualquier plan que significara distraerse del único plan que tenía al llegar a la capital: obtener su título como actor y trabajar para ser el mejor. La televisión ni siquiera estaba en sus planes.

Siempre he sido muy ingenuo”, Robinson Díaz

Robinson, criado en un hogar de clase media en Envigado, recordó que la noche anterior al viaje que marcaría su vida para siempre le contó a su padre que dejaba la casa.

“Mi mamá y mi papá estábamos, estaban muy asustados, pero yo tenía necesidad de salir de la casa y quería estudiar. Me acuerdo que le dije ese domingo por la noche ‘papá, me voy para Bogotá’. Mi papá se había acabado de acostar y me dijo ‘en el bolsillo tengo 30 mil pesos, coja 27 y déjeme 3’. Y con eso me fui el tiquete. No me acuerdo si fue Empresa Arauca o Rápido Ochoa o Magdalena, no me acuerdo, pero con eso tenía yo para arrancar, y yo creo que para sobrevivir, Yo creo que 10 días, una semana. Y ya después mi papá empezó a mandarme mensualmente un girito por la caja agraria de 20 mil pesitos”.

En realidad, Robinson viajaba con muchas ganas, pero ninguna certeza. Con su gran amiga, la también actriz Ana María Sánchez venían a una prueba en la única escuela de actuación que existía en la época (1988). “Realmente no sabíamos si íbamos a pasar, no sabíamos porque era una audición selectiva. Eso fue como un fin de semana y a los tres o cuatro días, que fueron eternos, ahí sí ya llamamos a la escuela y nos dijeron que habíamos pasado. No tenía plan B, regresarme porque siempre he sido muy ingenuo, inocente, tenía ganas de estudiar la carrera de actor”.

Lo primero que recuerda al llegar a la ciudad, con apenas una caja de cartón en la que traía “unos zapatos, unos pantalones, 4 o 5 libros, calzoncillos, poquitas medias y un montón de sueños”, es el clima, que lejos de espantarlo lo fortaleció: “Desde primerazo el frío, la ciudad así muy indómita para un montañero como yo… Llegaba de Envigado, de provincia, fue duro, los buses, la cantidad de trancones, pero después me fui como enterando que esa era la dinámica de Bogotá y me integré a la dinámica y nos integramos”.

Con la buena noticia de haber obtenido un cupo en la prestigiosa ENAD, Robinson no se dejó distraer por nada.

Yo almorzaba todos los días con una empanada y una Coca Cola o una gaseosa, pero siempre yo no tenía, o sea, no tenía problemas porque estaba enceguecido con estudiar, entonces se me olvidaba el hambre. Y donde don Gonzalo, el tío de Ana María, si me daban algo de desayuno todos los días o en la noche me dejaban un platico de sopa, pero yo no estaba pendiente de eso, estaba era como deseoso de aprender a toda costa”, recordó Robinson que estiraba todo el mes los 20 mil pesos que le enviaba su padre.

Primeras apariciones en televisión

“Pasaron como dos, tres años, y el maestro Eduardo Chavarro, cuando estaba en segundo año me dijo ‘¿A usted no le gustaría hacer un papelito en televisión?’ Y yo le dije: ‘profe, yo lo que pasa es que no me quiero mover de aquí porque si me pongo a hacer televisión se me pierde el centro, la carrera.’

(Me dijo) Hágale para que coma dos empanadas’. Entonces hice la prueba, me llamaron, me dieron la oportunidad en RCN y fue Kepa Amuchástegui (el director) y a través de Eduardo Chavarro en Garzas al amanecer, que empecé”.

Humberto Rivera, Jefe de casting de RTI en aquel entonces, lo buscó luego para proponerle hacer televisión. “Yo le había dicho ‘no, esperemos, espérate, porque si dejo la carrera me voy a enredar y se me va a perder el sueño’. Y ya después me buscó y me presentó con Carlos Duplat para hacer mi primer protagónico, que fue ‘Detrás de un ángel’ en RTI con Margarita Ortega. Ya de ahí no paré”.

Aunque todos sus roles los aborda con rigurosidad y es muy selectivo en lo que ha hecho, recuerda que después de Diego Valencia, un personaje de reparto de la serie ‘La otra mitad del sol’, recibió otra propuesta que tardó un poco en comenzar. “Me llamó Mauricio Navas una vez que había visto un papel que hice en OKTV, donde fui un periodista con sida y a él le gustó mucho y entonces me llamó y (me dijo) ‘me gustaría que trabajaras en una serie que voy a hacer, pero la cuestión es que más o menos se demora cinco meses para arrancar ¿Me esperas?’ y ya con La mona, con Adriana, mi esposa, (…) no había trabajo, pasábamos briegas… y esperé y esa fue La mujer del Presidente, ese fue el primer ya protagónico muy, muy fuerte, con una historia muy completa, con Magdalena Larrota y pues con un éxito impresionante”. Carlos Alberto Buendía, su personaje en la serie, le cambiaría la vida.

Muchos logros y pocos desaciertos

Aunque los aciertos se han convertido en memorables personajes en producciones como ‘La saga, negocio de familia’, ‘La gente de la universal’, ‘María Madrugada’, ‘El cartel de los sapos’, ‘Mentiras perfectas’, ‘Tiro de gracia’, ‘Vecinos’, ‘Rigo’ y ‘La primera vez’, también tiene claros sus desaciertos. “Hay desastres, por ejemplo, como ‘La dama del pantano’, que fue una apuesta desmesurada, gastaron mucho dinero (…) y no dio el resultado esperado. (…) Otra pifia, ‘El baile de la vida’. También Dago, que ha sido uno de mis mentores y productores más queridos, lo reconoce y nos reímos, le apostó a hacer una cosa nueva con una banda de música y no salió (…) En realidad han sido más, digamos, esos personajes maravillosos”.

En los 43 años que lleva en la actuación - comenzó en Antioquia a los 17 años – tiene un gran pesar. “Me hubiera gustado trabajar con Pepe Sánchez, que tuvimos por ahí un piloto de una cosa sobre el café que no se pudo hacer nunca. Era una serie que él había soñado hacer y que me la ofreció, pero no se pudo concretar, que era una historia de la historia del café desde que llegó, desde que lo trajeron los monjes, creo que dominicos, a Colombia por El Salvador, era una historia bonita”.

La época de ‘Vecinos’ y sus pecados

El resto es justamente “lo que tenía que pasar”, menciona, incluso ahora, que se retransmite ‘Vecinos’ producción que se hizo hace 18 años. Robinson no solo grababa la novela, sino también una serie y actuaba en teatro. Reconoce que vivió excesos y faltas.

Yo veo la novela hoy en día, a mí me divierte mucho, parece además muy bonita. Me parece que tiene momentos muy buenos en general, habla de cosas muy bellas, de valores muy chéveres.

Y lo que pasó en esa novela, pues producto también de mis excesos. Yo no sé a quién echarle la culpa, creo que al descordine mío, porque estaba trabajando muchísimo, estaba en ‘El cartel de los sapos’, estaba trabajando en ‘Vecinos’, estaba en una obra de teatro en el Teatro Nacional, yo no sé cómo hacía y pasó lo que tuvo que pasar y estaba rumiando mucho, estaba tomando mucho alcohol para poder aguantar. Entonces, pues pasó lo que tenía que pasar. Y hoy en día pues yo veo esas cosas, las veo ya como postales del pasado (…) Yo sí tuve momentos muy duros y de rumba y de fiesta, pero porque siempre me ha gustado la fiesta y la rumba. Tengo un espíritu alegre, pero yo no lo hacía de maldad, ¿Me entiendes?”.

El actor continuó recordando: ”Yo no estaba haciendo nada que atentara contra nadie. Me equivoqué... Sobre todo, con mi esposa me equivoqué y conmigo mismo, porque cuando uno está casado, pues tiene un compromiso y cuando uno rompe ese compromiso, pues ahí es donde viene el pecado, la falta. Eso fue lo que me pasó. (…) Esa novela significaba mucho porque le ponían como seis o siete enfrentados y las derrotaba. Y hoy en día que la están pasando todavía sigue siendo un éxito”.

El teatro que cura y transforma

El teatro sigue siendo su lugar seguro. Allí encuentra sanidad, verdad y mucho aprendizaje. “El teatro cura y locura. Nosotros decimos eso mucho. Yo llego al escenario y al teatro porque nunca dejé de hacerlo. Eso fue un presupuesto que yo me hice mentalmente durante de toda la vida.

(…) el teatro para mí es un escape, es curación y es la posibilidad de hacer otras historias que no se cuentan en televisión. En el teatro también hay otra salvedad y es que no tiene que ser éxito, Entonces no detienes, no estás sometido a la presión de que tienes que ganar. En el teatro hay prueba, en el teatro hay error, el teatro es arte”.

Actualmente se presenta en el teatro Libre de Chapinero, donde está afincado con La Tropa, compañía que abrió en pandemia, cuando no había teatro, pero si mucha necesidad de interpretar. Junto a su esposa han consolidado el grupo que tiene en temporada dos obras que le dejan un gran aprendizaje.

’Más que amigos’ es la comedia que tenemos actualmente, por ejemplo, mi estrechez mental (...) nosotros somos culturalmente, y especialmente la gente de mi generación, tiene rasgos muy homofóbicos. No es que yo sea homofóbico, sino que es que hay mucha gente que tiene rechazo a ciertos comportamientos que hoy en día se estilan.

En el caso mío, la comedia me ha servido mucho para hacer una reflexión sobre la inclusión, sobre la diversidad (…) En ‘El exorcista’, por ejemplo, el personaje que interpreto es el padre Carras, y es un nivel de culpa que él tiene, que es una cosa que uno dice, ‘oye, ¿puede llegar a una persona vivir a tan alto nivel de culpa, que no pueda desarrollarse más allá, sino vivir con una eterna condena?’”.

En el escenario donde celebró sus primeros 60 años con un grupo de mariachis que le llevó su esposa como sorpresa y con los abrazos de sus amigos y mentores, Robinson espera llegar por mucho tiempo más.

¿Robinson Díaz quiere morir en el escenario?

Robinson Díaz celebró 60 años en el escenario y al ritmo del mariachi que su esposa le llevó de sorpresa. Espera estar frente al público por mucho tiempo más. No teme hablar de la muerte.

“Es dramático. Si es de un infartazo. Yo no sé si sea tan sea tan romántico Lo que sí yo sí quiero morir es con dignidad, siendo muy buen actor.

Quiero morir con mi gloria, quiero que la gente me recuerde con mis personajes, yo quiero morir haciendo teatro, si me toca morir en el escenario que muera de un solo bailao y si no, pues hasta cuando pueda moverme dignamente y poder hablar bien bonito. A mí me emociona mucho ver los actores ingleses como Anthony Hopkins. Mi papá tiene 83 años me motiva mucho, todavía está muy fuerte, entonces yo quisiera trabajar en teatro hasta que el cuerpo me aguante”.

Y ¿contempla el retiro algún día? “No, la pasión no se jubila”, puntualiza el paisa que se siente orgulloso de que su hijo Juan José sea parte de su tropa y trabaje con él detrás de la escena.

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