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Agonistas del GLP-1: el riesgo de creer en los milagros de la curación de la obesidad

Los agonistas del GLP-1, que se volvieron tan populares, representan un avance importante. Ignorar sus beneficios sería un error. Ignorar sus limitaciones también lo sería.

Luis Miguel Becerra*

09 de junio de 2026 - 07:31 p. m.
Foto: Getty Images - Getty Images
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En salud pública suele ocurrir algo curioso. Cada vez que aparece una herramienta médica que demuestra resultados importantes, la conversación pública se mueve rápidamente hacia dos extremos. Un sector la presenta como la respuesta definitiva a un problema complejo; otro, por el contrario, la observa con desconfianza y la convierte en motivo de preocupación. Los agonistas del receptor GLP-1, utilizados hoy en el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2, han quedado atrapados en medio de esa misma dinámica.

No hay duda de que estos medicamentos han cambiado el panorama terapéutico de la obesidad. Durante años, médicos y nutricionistas tuvieron opciones limitadas para abordar una enfermedad que afecta a millones de personas. Hoy existen tratamientos capaces de producir reducciones de peso clínicamente significativas, acompañadas de mejoras metabólicas importantes. Sin embargo, el éxito de estas terapias también ha alimentado una idea equivocada: que bajar de peso depende simplemente de conseguir una receta médica. La realidad, como suele ocurrir en medicina, es bastante más compleja.

Ningún tratamiento verdaderamente eficaz está exento de limitaciones. Estos medicamentos poseen beneficios bien documentados, pero también efectos adversos y condiciones de uso que deben ser entendidos por pacientes y profesionales. El debate no debería centrarse en negar los riesgos ni en exagerarlos, sino en reconocerlos y manejarlos adecuadamente.

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Los efectos secundarios más frecuentes afectan al sistema digestivo. Náuseas, sensación de llenura precoz, vómito, diarrea o estreñimiento son reportados por una parte importante de los pacientes, sobre todo al inicio del tratamiento. Desde el punto de vista fisiológico esto tiene sentido, ya que estos fármacos modifican mecanismos relacionados con la saciedad y enlentecen el vaciamiento gástrico.

En la mayoría de los casos estas molestias disminuyen con el paso de las semanas, aunque algunos pacientes las encuentran insoportables. Un reportaje del The New York Times, republicado por la Universidad de Carolina del Norte, documenta el caso de Linda Burghardt, de 79 años, quien sufrió varios episodios de malestar estomacal tan intensos que “lloraba en el suelo del baño” y decidió suspender el tratamiento.

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Hay, además, un aspecto que recibe menos atención en la conversación pública. Cuando una persona pierde peso, no todo lo que desaparece corresponde a grasa corporal. Parte de esa reducción puede provenir de masa muscular. Este fenómeno no es exclusivo de los agonistas del GLP-1; ocurre con casi cualquier estrategia destinada a perder peso. El problema es que la masa muscular tiene una importancia mucho mayor de la que solemos atribuirle. No se trata únicamente de fuerza física o apariencia corporal. El músculo participa activamente en el metabolismo de la glucosa, contribuye al gasto energético y ayuda a preservar la funcionalidad durante el envejecimiento.

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El mismo reportaje señala que varios ensayos clínicos han reportado que entre el 35 y el 45 % de la pérdida de peso asociada a estos fármacos corresponde a masa magra, incluyendo músculo y hueso. En adultos mayores, que ya pierden entre medio punto y un punto porcentual de músculo por año, este proceso se acelera peligrosamente. Puede llevar a fragilidad, caídas y fracturas. Por eso los especialistas insisten en que la pérdida de peso debe ir acompañada de ejercicio de fortalecimiento muscular y de una alimentación que garantice un aporte adecuado de proteínas.

Otro fenómeno que merece atención es la tasa de abandono. El mismo artículo de UNC revela que un estudio con más de 125.000 personas con sobrepeso u obesidad encontró que casi el 47 por ciento de los pacientes con diabetes tipo 2 y casi el 65 por ciento de aquellos sin diabetes dejan de tomar GLP-1 dentro del primer año. Los mayores de 65 años tienen entre un 20 y un 30 % más de probabilidad de abandonarlos que los más jóvenes. Las razones incluyen efectos secundarios, escasez del medicamento, falta de comprensión de que se necesitan de por vida y, de forma destacada, el costo.

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Más allá de los riesgos clínicos, existe un fenómeno conductual. La popularidad de estos tratamientos ha impulsado una creciente circulación de recomendaciones informales en redes sociales. Cada vez es más frecuente encontrar personas que reciben consejos sobre dosis o duración del tratamiento a partir de experiencias de terceros.

Sin embargo, la medicina no funciona mediante testimonios aislados. La obesidad es una enfermedad extraordinariamente heterogénea. Dos individuos con el mismo peso pueden presentar condiciones metabólicas muy distintas. Lo que resulta apropiado para un paciente puede no serlo para otro.

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Los agonistas del GLP-1 representan un avance importante. Ignorar sus beneficios sería un error. Ignorar sus limitaciones también lo sería. Lo que necesitamos no son discursos triunfalistas ni mensajes alarmistas, sino una conversación equilibrada sustentada en evidencia. Al final, la pregunta más relevante no es si estos medicamentos son buenos o malos. La verdadera discusión debería centrarse en si están siendo incorporados dentro de un modelo integral de atención que incluya nutrición, actividad física, seguimiento clínico y educación en salud.

Porque los problemas complejos rara vez tienen soluciones simples. Y cuando una sociedad comienza a creer lo contrario, el riesgo suele estar menos en el medicamento y más en las expectativas que deposita sobre él.

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*Nutricionista Clínico Pediátrico - Inmunólogo Digestivo. PhD. Nutrición Humana / Presidente Nacional de ACODIN 2024-2026

Este es el artículo de la Universidad de Carolina del Norte: https://ccpah.cpc.unc.edu/news/older-americans-quit-weight-loss-drugs-in-droves/

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Aquí, el artícuo de CNN: https://edition.cnn.com/2025/12/22/health/wegovy-pill-glp1-weight-loss-drugs

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Por Luis Miguel Becerra*

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