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¿El día más triste del año? El carretazo del “Blue Monday”

Desde hace un par de décadas el concepto de “Blue Monday” se popularizó para referirse al supuesto día más triste del año: el tercer lunes de enero. Pero, para especialistas, es solo un mito al que le ha sacado jugo el marketing empresarial. Coinciden en que se debe tener cuidado con esa idea, especialmente en redes sociales.

Catalina Sanabria Devia

12 de enero de 2026 - 08:00 a. m.
Psicólogos y psiquiatras coinciden en que la salud mental es compleja y se debe cuidar durante todo el año.
Foto: Jorge Londoño
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Pasadas las primeras semanas de enero, el ambiente festivo se ha disipado y las personas retoman sus labores. Muchos vuelven de vacaciones o de un viaje y se reintegran a su rutina. Hace dos décadas, el psicólogo británico Cliff Arnall incluyó algunos de estos factores en una fórmula con la que buscaba determinar cuál es el día más triste del año.

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Para construir su teoría, Arnall tuvo en cuenta el fin de celebraciones como la Navidad, las deudas adquiridas en diciembre, el invierno en el hemisferio norte y la falta de compromiso con los propósitos de Año Nuevo. Así surgió el concepto “Blue Monday” para referirse al tercer lunes de enero, el que sería, según el psicólogo, el día más lúgubre.

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Esta idea se popularizó rápidamente, sobre todo en campañas publicitarias. Hugo Sánchez Castillo, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), recuerda que para esa época en las agencias de viajes estaba disminuyendo la compra de vuelos. Entonces, en busca de estrategias para impulsar las ventas en enero, empezaron a promocionarse paquetes con mensajes del estilo “no estés en casa el lunes más triste del año, mejor viaja”, dice Sánchez.

En 2005, la empresa Sky Travel publicó un comunicado haciendo referencia a la fórmula de Arnall, afirmando que una buena manera de combatir la tristeza era adquirir sus servicios y planificar un viaje con ellos. “Era una estrategia de mercadotecnia”, asegura el profesor. “Permitía, además, impulsar este tipo de información; de repente la gente comenzó a aceptar que había un lunes que era el día más triste del año”.

Tanto Sánchez como muchos otros profesionales del sector han advertido que, en realidad, el planteamiento del “Blue Monday” carece de sustento científico. “La verdad es que la evidencia no lo soporta. De hecho, después de esta fecha no se ve un aumento en las consultas por salud mental, en los servicios de urgencias o en los intentos suicidas”, apunta Gustavo Perdomo, miembro institucional de la Fundación Santa Fe de Bogotá y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes.

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Por su parte, Nicolás Cárdenas, psicólogo de la Universidad El Bosque con énfasis clínico y especialista en psicopolítica, plantea que el estrés económico tras diciembre, el “bajón” de dopamina y serotonina que había en Navidad y el retorno a la rutina pueden, más bien, propiciar un cúmulo de vulnerabilidades. Es decir, que esas circunstancias quizás nos harían sentir más frágiles, aunque no significa que por sí mismas lleven a un trastorno.

Cárdenas subraya que es reduccionista sugerir que existe un día que es el más triste. “El ser humano es mucho más complejo a nivel biológico, neuronal, sociológico y cultural como para considerar que todos vamos a reaccionar de una manera específica”.

Perdomo lo explica de manera similar: la salud mental es intrincada y las personas pueden enfrentar escenarios difíciles a lo largo de todo el año. El profesor pone como ejemplo la depresión, una enfermedad crónica, manejada por médicos psiquiatras en colaboración con los psicólogos (terapeutas), y sobre la que pueden influir situaciones de maltrato o abuso. “Las personas enfrentan duelos en todos los momentos de la vida”, apunta. “Se requiere una mirada asertiva y constante sobre estos temas”. Agrega que, cuando se habla sobre salud mental, el autocuidado debe ser algo permanente.

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Un discurso peligroso en redes sociales

Para Sánchez, de la UNAM, la idea de “el día más triste” nubla la complejidad y la variedad de factores que convergen en enfermedades como la depresión. El planteamiento del “Blue Monday”, dice, puede ser peligroso. Puntualmente, se refiere a un concepto que en la psicología y ciencias del comportamiento es denominado como “nudge”, que en español podría traducirse como “pequeño impulso” o “empujoncito”.

“Imaginemos que tenemos un paciente con depresión mayor, que tiene tendencias suicidas. Trata de encontrarle sentido a la vida, justificación a lo que hace y, de pronto, encuentra en las redes sociales que hoy es el día más triste del año. Eso podría generar dentro de esta persona, que ya tiene un historial de deterioro de su salud mental, una probable explicación de su conducta”, afirma Sánchez. Esto, sobre todo, podría ser preocupante en poblaciones de riesgo, como niños, niñas y adolescentes, quienes suelen pasar gran parte de su tiempo en plataformas como TikTok o Instagram.

El psicólogo Cárdenas menciona otro aspecto de las redes sociales que puede ser problemático: la mercantilización de un estilo de vida ideal y que, si no estamos en la capacidad de suplirlo, nos puede llenar de frustraciones.

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Violeta Rodríguez del Villar, investigadora en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, explica que nuestro consumo tiene una base psicológica, en la que se entrelazan los deseos con las necesidades, así como con las creencias y el entorno cultural. “Normalmente, se combina de manera compleja con las emociones”, dice Rodríguez. “Entonces, una parte de nuestro consumo siempre es emocional”.

De hecho, existe una rama de la psicología (psicología del consumidor) que se dedica a estudiar la manera en que compramos o adquirimos productos y servicios de las empresas, tal como sucedió con el caso de Sky Travel. Perdomo, el médico psiquiatra, dice que esta disciplina evalúa los patrones de preferencias de las personas. En la Uniandes, este profesor imparte un módulo de “détox digital”, en el que explica cómo las aplicaciones están hechas para ser adictivas, a través de recompensas como los “me gusta”, que liberan dopamina en nuestro cerebro.

Los especialistas, además, coinciden en otro punto: lo importante que es acudir a profesionales y no limitarse a los creadores de contenido, los tests psicológicos en línea y los autodiagnósticos. De acuerdo con Perdomo, actualmente hay muchas personas que dicen tener un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) o rasgos autistas. “Esto es claramente un sobredimensionamiento desde las redes sociales”, afirma.

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El psiquiatra destaca que no hay que quedarse únicamente con la información que se ve en internet, pues “no reemplaza la evaluación rigurosa y con criterio clínico que tiene un profesional de la salud mental, no solo para diagnosticar, sino para acompañar o brindar herramientas para enfrentar esas situaciones emocionales”.

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Por Catalina Sanabria Devia

Periodista con enfoque en temas ambientales. En El Espectador escribe, principalmente, sobre la Amazonia. También le interesan los asuntos de género y construcción de paz. Ha colaborado en medios como Rutas del Conflicto y Mongabay Latam. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2022).@catalina_sanabrlsanabria@elespectador.com
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