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Inicia el turno de los “doctores” ChatGPT y Claude, con inteligencia artificial

Hace unos días, dos gigantes tecnológicos hicieron un anuncio que sorprendió al mundo de la salud: lanzaron OpenAI for Healthcare y Claude (Anthropic) for Healthcare and Life Sciences. ¿Para qué pueden ser útiles estos sistemas? ¿A qué desafíos nos enfrentamos?

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Luis Eduardo Pino Villarreal*
13 de enero de 2026 - 04:55 p. m.
OpenAI fue una de las empresas que empezó la carrera por ocupar un espacio en el mundo de la salud.
OpenAI fue una de las empresas que empezó la carrera por ocupar un espacio en el mundo de la salud.
Foto: AFP - KIRILL KUDRYAVTSEV
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Recientemente, en uno de los grupos de WhatsApp en los que participo, un colega a quien admiro por su trabajo en IA en una de las instituciones líderes de Estados Unidos escribió esta frase:

“Estamos sufriendo una disrupción antes, incluso, de que podamos comprender los problemas que debemos debatir. Sin saberlo, abogamos perversamente por más parches, cuando lo que deberíamos estar haciendo es trasplantar órganos vitales”.

Esta reflexión nunca ha sido más pertinente que en esta semana. Casi en simultáneo, hemos presenciado el lanzamiento oficial de las ramas de salud de dos gigantes tecnológicos: OpenAI for Healthcare y Claude (Anthropic) for Healthcare and Life Sciences. Y, como es costumbre en la “carrera armamentística” de Silicon Valley, es solo cuestión de tiempo para que Google, AWS y Microsoft anuncien sus contrapartes en cascada.

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A primera vista, las promesas son deslumbrantes y apuntan a problemas distintos. OpenAI nos ofrece una especie de médico súper-residente y administrativo: una herramienta capaz de escuchar consultas para redactar notas clínicas automáticamente, resumir historiales complejos para la toma de decisiones y consultar protocolos institucionales al instante, todo para aliviar el crónico agotamiento profesional (burnout).

Anthropic, por su parte, apuesta por ser el gestor estructural o el burócrata perfecto. Su enfoque es más industrial: conectarse a las fuentes de datos para automatizar la cadena de suministros, acelerar el descubrimiento de nuevos fármacos y, crucialmente, gestionar el laberinto administrativo de códigos de facturación y autorizaciones previas con aseguradoras, apoyándose en estándares técnicos de interoperabilidad. Vale la pena mencionar que ambos desarrollos aseguran cumplir rigurosamente con la normativa de privacidad HIPAA.

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Sin embargo, al abrir el capó, surge una preocupación operativa fundamental: ¿estamos realmente cambiando el sistema o estamos cimentando el caos?

OpenAI y Anthropic están tratando de construir autopistas de alta velocidad sobre los caminos de tierra de un sistema feudal, un modelo roto que, aunque evidente en EE. UU., se replica lamentablemente en muchos de nuestros países. Al entrenar modelos para rellenar formularios de autorización previa más rápido o para optimizar códigos de factura, no estamos arreglando la salud; estamos industrializando la ineficiencia. Estamos usando los superordenadores más potentes de la historia para navegar un laberinto burocrático que ha sido mal diseñado desde hace décadas.

En sistemas de salud con profundos quiebres estructurales y datos desconectados, existe un riesgo real de que estas herramientas no funcionen como esperamos. Ojalá me equivoque, pero insertar motores de Fórmula 1 en carrocerías oxidadas suele terminar en accidentes, no en viajes más seguros. Si la base es disfuncional, la IA solo escala esa disfunción a una velocidad vertiginosa.

Para un sistema como el colombiano, que atraviesa quizás su crisis financiera, operativa y de confianza más aguda en décadas, esta distinción es de vida o muerte. Hoy, nuestros aseguradores y prestadores consumen una cantidad inmensa de recursos en la fricción administrativa: glosas, devoluciones, auditorías de cuentas médicas y trámites que son, en esencia, mecanismos de defensa ante la falta de transparencia. Si implementamos estas herramientas genéricas tal cual vienen de la caja, sin cambiar el modelo subyacente, corremos el riesgo de escalar el conflicto. Imaginemos un escenario donde las glosas se generan por IA y se objetan por IA a la velocidad de la luz; saturaríamos aún más los flujos de caja y a los jueces.

La oportunidad real para Colombia y la región, pensando en el rediseño estructural que tanto necesitamos, no es usar la IA para sobrevivir a la burocracia actual, sino para hacerla obsoleta. La tecnología debería servir para transitar de una auditoría forense y punitiva (que ocurre meses después del evento para negar pagos) a una validación cognitiva en tiempo real. En un momento donde se discute la viabilidad futura del sistema, la IA no debe ser el salvavidas de la ineficiencia administrativa, sino el arquitecto de una nueva confianza técnica entre los actores.

Desde mi formación especializada en la arquitectura profunda del sector y las de IA, considero que la respuesta no es simplemente más IA, sino mejores problemas. No necesitamos herramientas que escriban inteligentemente sobre decisiones ineficaces. Necesitamos sistemas de auditoría cognitiva profunda. Necesitamos un ecosistema interconectado donde el agente actuario (contratación), el de evaluación de tecnologías y el de gestión clínica no sean silos, sino que operen bajo una inteligencia situacional compartida, centrada en eficiencia real y el valor para el paciente.

La verdadera revolución tecnológica no es que un agente autónomo logre llenar un formulario de autorización previa en milisegundos; eso es solo burocracia automatizada. La verdadera revolución es que el sistema tenga la capacidad cognitiva para cuestionar, con evidencia contextual y clínica, por qué ese trámite administrativo existe en primer lugar. Solo así dejaremos de poner curitas sobre heridas profundas y comenzaremos la verdadera transformación del sistema.

Por último, una petición a los gigantes tecnológicos: no canten victoria todavía. El día que logren que una IA entienda el porqué y automatice la Circular 044 de 2025, ese día creeré que la singularidad ha llegado. Antes no.

*MD, M.Sc, MBA / CEO de OxLER / Fundador de AIpocrates

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Por Luis Eduardo Pino Villarreal*

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