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¿Estamos comiendo el pescado que creemos? Hasta el 20 % podría estar mal etiquetado

Un nuevo informe de la FAO advierte que hasta uno de cada cinco productos pesqueros y acuícolas en el mundo podría estar mal etiquetado. La sustitución de especies y la tergiversación del origen son las formas más comunes de un problema que, según el organismo, afecta la confianza del consumidor y puede implicar riesgos para la salud pública y la conservación marina.

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14 de febrero de 2026 - 02:50 p. m.
Un pescador descarga atún en la isla de Mah, en las Seychelles. /© FAO/Horst Wagner
Un pescador descarga atún en la isla de Mah, en las Seychelles. /© FAO/Horst Wagner
Foto: FAO/Horst Wagner
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¿Y si el pescado que nos estamos comiendo en la cevichería es, en verdad, un fraude? La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publico un informe en el que sugiere que hasta el 20% del pescado que se comercia en todo el mundo podría estar sujeto a algún tipo de fraude.

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El informe, titulado “El fraude alimentario en el sector de la pesca y la acuicultura”, define este delito como “una práctica deliberada destinada a engañar a otros”. El fraude incluye prácticas como sustitución de especies, el etiquetado incorrecto, la adulteración, la falsificación y la tergiversación del origen o del método de producción. Además, se precisa que es “especialmente frecuente en restaurantes y servicios de catering, donde la identificación visual es difícil, y en productos procesados, en los que la identidad de la especie puede quedar oculta”.

Es decir, el riesgo sube cuando el consumidor no puede verificar fácilmente qué especie está consumiendo, como ocurre con filetes, productos empanizados o mezclas procesadas. (Puede ver: El Espectador presenta Salud Consciencia)

“Estas acciones, a menudo motivadas por razones económicas, representan riesgos significativos para la salud pública, la confianza del consumidor y la conservación marina”, advierte el organismo en el documento, que puede leer aquí. La FAO ofrece algunas cifras para entender este multimillonario negocio. El sector mundial de la pesca y la acuicultura produjo más de 185 millones de toneladas de productos acuáticos en 2022 y fue valorado en alrededor de US 195.000 millones.

Pero el sector está expuesto al fraude por su “complejidad”, por la “amplia variedad de especies comercializadas (más de 12.000)” y por la participación de “múltiples autoridades de inspección a lo largo de las cadenas internacionales de suministro”.

En realidad, no hay cifras completamente oficiales sobre el fraude. Ese 20% que estima la FAO surge de investigación y estudios independientes que revisó la organización. Podría ser incluso más. “Algunos estudios sugieren que hasta el 30% de los productos del mar en restaurantes pueden estar mal etiquetados”, señala en otro apartado el documento, que cita casos en cevicherías de Latinoamérica, restaurantes de China y productos de atún enlatado en la Unión Europea.

Riesgos para la salud

Más allá del engaño económico que representa el fraude, la FAO advierte sobre consecuencias sanitarias. El fraude puede implicar “exposición a toxinas, alérgenos, patógenos y contaminantes”, especialmente cuando los productos “provienen de fuentes no autorizadas o eluden los controles de seguridad”.

El problema, por tanto, no es solo comercial: puede tener implicaciones directas para la salud pública. Para enfrentar el problema, el informe destaca la importancia de métodos científicos avanzados. Subraya, por ejemplo, el uso de técnicas basadas en ADN como el “código de barras genético, la reacción en cadena de la polimerasa y la secuenciación de nueva generación” para identificar con precisión las especies, sobre todo en productos procesados.

También menciona herramientas como la espectrometría de masas, el análisis de isótopos estables, la espectroscopía infrarroja y la resonancia magnética nuclear, utilizadas para detectar irregularidades y verificar el origen. La FAO señala que los marcos regulatorios son clave en la lucha contra el fraude. El informe revisa estándares internacionales como el Codex Alimentarius y las directrices de la FAO, además de esquemas reconocidos por la Iniciativa Global de Seguridad Alimentaria.

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Entre sus recomendaciones, el documento aboga por “requisitos de etiquetado armonizados”, la “inclusión obligatoria de los nombres científicos” y “mejores sistemas de trazabilidad”. También subraya la importancia de aumentar la conciencia del consumidor y la transparencia de la industria.

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