“Las cifras de muertos en Suecia son terribles y deberían poder haberse evitado. Eso ha sido lo peor de la pandemia y la pregunta me sigue carcomiendo: ¿qué más podíamos haber hecho?”. (Lea Corea del Sur confirma su segunda ola de coronavirus)
La frase que hoy pronunció el epidemiólogo Anders Tegnell, jefe de la Agencia de Salud Pública de Suecia, le ha dado la vuelta al mundo. En una entrevista en el programa radial Verano en P1, muy popular en ese país, lamentó el alto número de fallecidos que ha habido por COVID-19 y admitió que la estrategia que adoptaron no fue la más adecuada.
"Creímos que nuestra sociedad segregada por edad evitaría una situación como la de Italia, donde varias generaciones viven a menudo juntas. Pero se demostró que estábamos muy equivocados. La cifra de muertos subió de forma dramática", dijo.
Tegnell ha cobrado gran popularidad en los últimos meses. A diferencia de la mayoría de países, decidió que el suyo llevaría la contraria: no impuso una cuarentena estricta y mantuvo abiertos bares y restaurantes. Su objetivo era alcanzar la llamada “inmunidad de rebaño”, es decir, cuando una alta proporción de la población es inmune a una infección, lo que limita en gran medida la propagación de personas que no son inmunes.
La estrategia de Tegnell y sus asesores estaba basada en la “confianza”. Por un lado, conscientes de que el virus golpea más fuerte a las personas mayores, les recomendaron evitar el contacto social y trabajar desde casa. A los restaurantes, uno de los lugares de mayor riesgo de contagio, les pidieron tomar medidas para mantener la distancia entre sus clientes. A los universitarios sí los enviaron a estudiar desde la casa, pero mantuvieron abiertos los colegios para menores de 16 años. Las empresas y muchos locales comerciales continuaron abiertos.
Pero el número de muertos que hoy tiene Suecia (5.209) parece mostrar que el plan no salió de acuerdo a lo que esperaban. Más del 90% de los fallecidos son mayores de 70 años. La mitad de ellos provienen de ancianatos.
Hace unas semanas, de hecho, un grupo de 22 médicos, virólogos e investigadores suecos publicaron una carta criticando la estrategia: “El enfoque debe cambiarse radical y rápidamente. A medida que el virus se propaga, es necesario aumentar la distancia social”. Tegnell, entonces, rechazó las críticas, consideró que estaban basadas en cifras equivocadas.
Sin embargo, los datos hoy parecen mostrar que el camino elegido no fue el más correcto. “Creo”, dijo Tegnell este 24 de junio, “que aún no tenemos una buena respuesta a qué podíamos haber hecho. Hay diferencias claras entre países, cómo se registran los muertos, porcentaje de población anciana, cómo organizamos los servicios geriátricos. Sacar conclusiones ahora puede llevar a muchas respuestas erróneas”.