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Han pasado más de tres días desde el terremoto que sacudió a Colombia y, a medida que se restablecen las comunicaciones, empieza a conocerse con mayor claridad la magnitud de los daños en la infraestructura crítica del país. Aunque el epicentro estuvo en San José del Palmar, Chocó, la información sobre las afectaciones en esta región ha llegado de manera gradual, en medio de las dificultades de conectividad. En el Hospital Israel Roldán de Quibdó, uno de los principales centros de primer nivel de la región, varias áreas sufrieron daños estructurales severos, lo que obligó al personal sanitario a trasladar parte muy importante de la atención de urgencias a carpas instaladas en el parqueadero.
Naudy Ortega, gerente de la institución, cuenta que durante las primeras 48 horas después de la emergencia el personal asistencial atendió a alrededor de 72 personas. “Los 72 usuarios estaban politraumatizados”, explica.
Es decir, habían sufrido varias lesiones traumáticas al mismo tiempo. De ellos, cerca de una docena fueron remitidos al Hospital San Francisco de Asís, centro de referencia de segundo nivel, con mayor capacidad.
(Lea Así avanza la recuperación de sobrevivientes, tras el terremoto)
El Israel Roldán es un hospital de primer nivel, por lo que su función en estos casos es realizar la estabilización, el diagnóstico y la atención inicial, para luego remitir a quienes requieren servicios de mayor complejidad.
Sin embargo, mientras el personal atendía a los heridos, el propio hospital enfrentaba daños que redujeron su capacidad de respuesta. Entre las áreas afectadas están las de hospitalización de niños, adultos y maternidad, además de zonas como lavandería, almacén y farmacia.
“Esto nos puso en desventaja un poco en el sentido de que, con lo que podemos resolver, que es el área de hospitalización, al estar afectada, pues nos tocó activar en el parqueadero”, explica Ortega.
En ese espacio abierto fueron instaladas unas carpas que permitieron disponer la atención inicial de urgencias y la estabilización de los pacientes. Al mismo tiempo, el área de urgencias que quedó en mejores condiciones comenzó a utilizarse para hospitalización.
La emergencia también afectó servicios básicos necesarios para mantener funcionando el hospital. Durante el primer y segundo día, cuenta Ortega, el servicio de energía eléctrica estuvo intermitente. Además, tuvieron dificultades con la conexión a internet.
El problema energético tuvo una dificultad adicional: la planta eléctrica de respaldo del hospital se encuentra en el área donde se desplomó una de las edificaciones. Por eso, no pudieron utilizarla como estaba previsto y tuvieron que recurrir a una planta alterna ubicada en otra zona. Sin embargo, esta tampoco tiene capacidad para abastecer todas las instalaciones.
Por esa razón, el hospital tuvo que priorizar el suministro eléctrico para algunas áreas, entre ellas urgencias, el lugar donde se almacenan los medicamentos y vacunación, debido a la necesidad de conservar los biológicos. A las dificultades de infraestructura y energía se sumaron problemas de abastecimiento. Ortega señala que ha sido complicado contar con insumos, dispositivos médicos, reactivos de laboratorio e incluso equipos de oficina.
“Ha sido lo más difícil”, dice. Frente a esa situación, el hospital ha recurrido a diferentes instituciones, empresas y personas que han realizado donaciones. Sin embargo, asegura que los recursos recibidos todavía son insuficientes. La razón es que el hospital no está pensando únicamente en los días inmediatamente posteriores al terremoto. Su proyección es de aproximadamente 60 días, teniendo en cuenta que las réplicas continúan.
De hecho, Ortega señala que solo durante este jueves se registraron tres réplicas y que el municipio ya tiene identificadas zonas con condiciones de riesgo alto. “Lo que eso significa es que estamos todavía en alerta”, afirma.
Aunque el flujo de pacientes disminuyó desde la tarde del miércoles y durante este jueves, la emergencia no ha terminado para el hospital. Con la reducción de la llegada de heridos, el Israel Roldán comenzó a retomar algunos servicios que habían quedado relegados durante la fase inicial de la emergencia. “Ya hoy iniciamos con la atención ambulatoria de crónicos, gestantes y niños”, explica la gerente.
Pero el principal reto ahora es recuperar la infraestructura que quedó afectada. Según cuenta, el Ministerio de Salud realizó un análisis de los daños el miércoles y estimó que las reparaciones requeridas superan los COP 1.100 millones. Para el hospital, conseguir que esas obras se hagan rápidamente no es solamente una necesidad propia. También es una condición para evitar que la presión termine trasladándose a otros centros asistenciales.
Ortega explica que el Israel Roldán es el hospital de primer nivel más grande de la región y que su área de atención no se limita a Quibdó. También recibe pacientes de municipios adscritos, municipios aledaños y comunidades de alrededor de 27 corregimientos.
Por eso, una reducción en su capacidad puede tener consecuencias para toda la red. “¿Qué es lo primordial para que no se colapse la red?”, plantea Naudy. “Lo más importante ahorita es fortalecer la infraestructura, o sea, entrar a subsanar los daños estructurales”.
La situación es aún más apremiante porque, según Ortega, las instituciones privadas de la zona tienen una capacidad menor. Por eso, recuperar las áreas afectadas del Israel Roldán se convierte en una de las prioridades para evitar que las consecuencias del terremoto terminen ampliándose dentro del sistema de salud.
Hasta ahora, el primer paso ha sido el diagnóstico de los daños. La funcionaria explica que ese análisis ya permitió identificar las áreas que deben ser intervenidas y que, a partir de allí, deberán definirse las acciones en el marco de la emergencia. Mientras tanto, el hospital continúa funcionando con una capacidad limitada, entre carpas, áreas reorganizadas y una planta eléctrica alterna.
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