¿Se ha preguntado qué tan sano está su cerebro? Es posible que no sea una pregunta que las personas se hagan muy a menudo, mucho menos si tienen menos de 40 años, pero parece que cada vez es más urgente. En 2024, por ejemplo, cientos de investigadores coincidieron en que el aumento de la esperanza de vida es uno de los mayores logros de los sistemas de salud en el mundo. Cada vez se vive más años. Sin embargo, advirtieron, vivir más también ha traído un aumento de los trastornos neurológicos asociados a la edad, como el Alzheimer y otras demencias, los accidentes cerebrovasculares y el Parkinson.
Casi todas las familias saben de qué se trata: ver cómo un abuelo, un padre o una madre empieza a olvidar nombres, fechas o conversaciones recientes. En 2024, esos investigadores señalaron en un artículo publicado en la revista The Lancet Neurology que no se trata de un hecho aislado: solo en 2021, más de 3.000 millones de personas vivían con alguna afección neurológica. Es decir, más de una de cada tres en el mundo. Allí, los investigadores señalaban que estas enfermedades son hoy la principal causa de mala salud y discapacidad a nivel global. En otras palabras, que ningún otro grupo de enfermedades afecta a tantas personas ni tiene un impacto tan amplio en la calidad de vida.
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Los trastornos neurológicos, resume el doctor Javier Mauricio Medina, neurólogo cognitivo de la Fundación Santa Fe de Bogotá (FSFB), “son las enfermedades que afectan el cerebro, la médula espinal y los nervios”. Aunque los investigadores saben que existen más de 600, Medina resalta que las más comunes son el dolor de cabeza (la migraña y la cefalea tensional), las alteraciones del movimiento, como el Parkinson; las afecciones cognitivas, como las demencias; las convulsiones; los tumores; los ataques cerebrovasculares, las neuropatías (daño en los nervios) y diversas infecciones, como la meningitis y la encefalitis.
Desde 1990, explican los científicos que participaron en el estudio publicado en 2024, el impacto de estas enfermedades no ha dejado de crecer: hoy generan un 18 % más de discapacidad, enfermedad y muertes prematuras que hace tres décadas. Además, su efecto no se distribuye de manera equitativa: más del 80 % de los casos de muerte y mala salud por causas neurológicas se concentran en países de ingresos bajos y medianos.
Si bien es complejo abordar las distintas enfermedades neurológicas una por una, el doctor Jesús Rodríguez, líder del servicio de Neurología de la Fundación Cardioinfantil (LaCardio), resalta algunos de los factores comunes que impulsan la aparición de estas afecciones.
“Los estilos de vida sedentarios, la falta de ejercicio, una alimentación no balanceada y el mal control de factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes o el colesterol alto favorecen el deterioro de los vasos sanguíneos. Con el tiempo, se acumulan lesiones que los estrechan y pueden afectar la circulación hacia el cerebro”, explica Rodríguez.
Sin embargo, de todo el conjunto de las enfermedades neurológicas, a doctores como Medina, de la FSFB, les inquieta especialmente el presente y el futuro de las demencias. “Se pronostica que la incidencia de las enfermedades demenciales, particularmente el Alzheimer, en países en desarrollo (como Colombia) pueda aumentar mucho más allá de un 200 % para 2050. Por eso, actualmente, consideramos que esta enfermedad y otras demencias serán la nueva pandemia para estos países”.
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Frente a este panorama, la pregunta sobre la salud del cerebro ya no es tan lejana como parecía al inicio. Por eso, le explicamos cuáles son los factores a los que debe prestar atención, quiénes tienen mayor riesgo, qué señales pueden alertar y qué hábitos puede incorporar en su día a día para cuidar su salud cerebral.
Envejecimiento y demencias
“La población colombiana se está envejeciendo y esa tasa de envejecimiento ha incrementado la velocidad con la que tenemos más pacientes con síntomas de demencia”, reconoce Rodríguez, de LaCardio. Para ponerlo en cifras, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), aunque en la actualidad solo el 10 % de la población supera los 65 años, para 2036 (en 10 años) la población de 60 años superará a la de menores de 15 años.
Esto es importante, pues la demencia suele ocurrir en las personas mayores de 60 años. Las enfermedades neurodegenerativas, de las cuales el Alzheimer es el tipo más común (representa entre el 60 y el 70 % de los casos), “ocurren cuando se acumulan de manera anormal unas proteínas, conocidas como la ‘beta-amiloide’ y la ‘tau’. Estas no se metabolizan de una manera adecuada en el cerebro y lo que hacen al acumularse es dañar las neuronas y las células del cerebro”, explica Medina.
Esto, complementa el neurólogo cognitivo de la FSFB, lleva a que se afecten las funciones mentales superiores, como lo son la memoria, la atención, el lenguaje, las funciones ejecutivas e, incluso, el afecto.
¿Quiénes tienen mayor riesgo de padecer estas enfermedades?
Aunque la demencia suele afectar principalmente a las personas mayores de 60 años, hay otros factores de riesgo que pueden incidir en la aparición de estas enfermedades. “Uno de los factores de riesgo más importantes para la enfermedad de tipo Alzheimer es la herencia”, agrega Fabió Suárez, neurólogo de LaCardio.
“Quienes tengan antecedentes de familiares con Alzheimer temprano (aparece antes de los 65 años) es probable que tengan más riesgo genético, es decir, que tengan mutaciones específicas en sus genes que sean causantes de su enfermedad”, agrega Medina, de la FSFB. En términos generales, los científicos saben que hay dos tipos de Alzheimer según su origen: uno familiar o genético, que suele aparecer antes de los 65 años y está asociado a mutaciones genéticas específicas que prácticamente determinan la enfermedad; y uno esporádico, que aparece después de los 65 años. En este último, aunque puede haber una predisposición genética, esta no es determinante.
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Se sabe que el Alzheimer genético es menos frecuente, pues representa alrededor del 5% de los casos, mientras que el esporádico, que no tiene una sola causa, representa más del 90% de los casos.
Hay otros elementos a considerar además del genético, agregan Medina y Rodríguez. Por ejemplo, el sexo (pues 2 de cada 3 casos de Alzheimer se dan en las mujeres), las enfermedades que alteren la salud cardiovascular (hipertensión, diabetes, colesterol alto o triglicéridos elevados y problemas en el ritmo del corazón); las personas con antecedentes de trauma craneoencefálico o infecciones como el VIH. Y a todo eso, se suman otras condiciones asociadas como el parkinson, la apnea de sueño, la depresión y los problemas en la tiroides.
El bajo nivel educativo o la poca estimulación cognitiva en el transcurso de la vida, las poblaciones sedentarias y las personas que fuman o beben alcohol, además de quienes sufren obesidad, también tienen un riesgo mayor de padecer estas enfermedades. En los últimos años, recuerda Medina, también se ha identificado que la contaminación atmosférica influye en el riesgo de aparición de la demencia.
Los síntomas que despiertan las alertas
La clave para una detección temprana de alguna de estas enfermedades, resume Medina, son los cambios que las personas y sus familiares pueden ir notando en el día a día. “Cuando observamos en una persona cambios en su funcionamiento, pueden ser los primeros signos de la enfermedad”, complementa el neurólogo cognitivo.
Los principales cambios y deterioros son:
- La memoria: Pueden olvidar cosas que han ocurrido durante el día, perder objetos, olvidar eventos importantes o preguntar siempre lo mismo.
- Orientación: Pueden olvidar el lugar en el que están o la fecha.
- Lenguaje: Mayor dificultad para dar el nombre específico de las cosas.
- Decisiones: En etapas iniciales, puede comprometerse la toma de decisiones en tareas sencillas como vestirse.
- Afecto: Las personas pueden volverse más irritables, apáticas, pueden tener dificultades para controlar sus impulsos e incluso desarrollar desconfianza exagerada. En otros casos se puede presentar depresión y ansiedad.
- Vida social: Las personas pueden retirarse de las actividades sociales, evitar reuniones y presentar dificultades para planear a futuro.
La familia y los amigos son claves, cree Rodríguez, de LaCardio. Ante la aparición de uno o varios de estos cambios, el líder de los servicios de Neurología de LaCardio recomienda visitar en primera medida al médico general y, posteriormente, a un especialista en neurología para aproximar mejor el diagnóstico.
10 hábitos diarios para un cerebro sano
Pese a la preocupación por el crecimiento de estas enfermedades, y a que en muchos casos aún no se conoce una causa directa ni existe una cura, la evidencia sí muestra que hay acciones que pueden proteger el cerebro y reducir el riesgo de desarrollarlas.
Por ejemplo, hace unos años, el investigador colombiano Francisco Lopera, reconocido a nivel mundial por sus estudios sobre el Alzheimer, decía en entrevista con El Espectador que, si se controlaran los factores de riesgo en ese 90 % de casos que son esporádicos y no genéticos, se podría reducir hasta en un 40 % la incidencia de las demencias en el futuro. Es decir, aunque no todos los casos se pueden prevenir, una parte importante sí está asociada a condiciones y hábitos modificables, lo que abre una ventana concreta para intervenir desde la salud pública y las decisiones cotidianas.
Medina, de la FSFB, recomienda entonces 10 hábitos diarios para un cerebro sano:
- 30 minutos de caminata rápida o ejercicio aeróbico.
- “Eres lo que comes”: piensa bien y lleva una dieta saludable.
- Dormir de 7 a 9 horas diarias en un horario regular, evitando el uso de pantallas azules al final de la noche.
- Leer 20 minutos o aprender algo nuevo cada día.
- Meditar, respirar u orar: “estas actividades favorecen la salud cerebral”.
- Socializar: hablar con los vecinos, amigos o gente nueva.
- Vacunarse: “se ha demostrado que la vacuna contra el herpes zóster en su nueva presentación disminuye el riesgo de presentar Alzheimer”.
- Tener control de los parámetros cardiovasculares, evitando la hipertensión, la obesidad o la diabetes.
- Tener un propósito de vida y gratitud diaria, “lo que te va a permitir ser más feliz”.
- Tres bebidas de café al día favorecen la salud cerebral.
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