Durante años me ha acompañado una frase que escuché el día que entré a trabajar a la Fundación Santa Fe de Bogotá. Al final de la entrevista alguien me dijo:
“Bienvenida. Este es un tren en movimiento, y usted decide cuándo cambiar de vagón o bajarse”. Han pasado más de dos décadas desde ese momento y continúo en este maravilloso tren… Sin embargo, el viaje inició mucho antes.
Vengo de una familia donde los sueños se construyen cada día, con disciplina, trabajo y perseverancia. Mientras estudiaba enfermería en la Pontificia Universidad Javeriana trabajaba para financiar mis estudios. Recuerdo esos años con claridad: jornadas largas, múltiples responsabilidades y la convicción profunda de que las oportunidades existen para quienes están dispuestos a buscarlas y a aprovecharlas.
Ese fue el inicio de una historia que, con el tiempo, me llevaría a comprender que la enfermería es mucho más que una profesión. Es una forma de entender el mundo, de pertenecer y de trascender.
Avancé recorriendo distintos “vagones” en escenarios clínicos donde la vida humana se revela en su mayor fragilidad. Allí aprendí algo que ningún libro enseña completamente: que detrás de cada diagnóstico hay una persona, una familia y una historia que merece ser atendida con rigor, conocimiento y humanidad.
Entendí también que el cuidado no ocurre únicamente al lado del paciente. El cuidado también se construye en las decisiones que se toman en las instituciones, en los modelos de atención que diseñamos y en la forma en que los equipos de salud trabajan juntos.
Con el tiempo asumí diferentes posiciones dentro de la Fundación Santa Fe de Bogotá hasta convertirme en directora de enfermería, en la primera institución de Colombia que tuvo la visión de fortalecer la profesión en el País. Fue un desafío que representaba mucho más de lo que alguna vez imaginé para mi vida profesional. Al integrarme al equipo directivo, y participar en el nivel estratégico de la organización, el reto fue claro: posicionar la profesión enfermería como un verdadero generador de valor. Este camino ha implicado romper barreras culturales y posicionar nuestro conocimiento en el lugar donde se toman las decisiones y se diseña la estrategia hospitalaria.
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Si algo he aprendido en este recorrido es que los equipos de enfermería han sido, durante demasiado tiempo, una fuerza poderosa pero silenciosa dentro de los sistemas de salud. Esa certeza también me ha impuesto una responsabilidad personal: asegurar que mi perfil, habilidades, conocimientos y mi ser, estén siempre a la altura de la misión que se me ha confiado.
Liderar además de gestionar equipos, significa traducir la estrategia institucional en decisiones y acciones concretas que impacten directamente el cuidado de enfermería y los resultados de la organización. Por eso he asumido la formación como un compromiso permanente para fortalecer mi visión estratégica, ampliar mis capacidades de liderazgo y prepararme para responder a los desafíos que hoy enfrentan los sistemas de salud.
Más de la mitad del talento humano en salud en el mundo pertenece a nuestra profesión. Sin embargo, con frecuencia su participación en las decisiones estratégicas ha sido limitada. Y eso es una contradicción que los sistemas de salud ya no pueden permitirse.
El panorama global nos presenta un desafío ético y operativo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte sobre un déficit crítico de profesionales de enfermería. En Colombia, la brecha es evidente. 90 x 10.000 habitantes vs. 14 x cada 10.000 habitantes. Fortalecer nuestra profesión es cuestión de vocación y una necesidad imperativa.
Uno de los momentos más significativos de este proceso fue lograr que la Fundación Santa Fe de Bogotá obtuviera la acreditación Magnet, el reconocimiento internacional más importante en excelencia en enfermería otorgado por el American Nurses Credentialing Center. Este modelo acredita a las organizaciones que logran empoderar a la enfermería.
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Reafirmo algo que ha sido fundamental para mi: el liderazgo va más allá de ocupar una posición. Se trata de abrir oportunidades e inspirar a otros para alcanzar su propósito.
El Día Internacional de la Mujer es un momento para reconocer a millones de mujeres que cuidan y que sostienen silenciosamente hospitales y sistemas de salud en todo el mundo. Mi historia no es excepcional. Es la historia de muchas mujeres que decidieron no bajarse del tren. Mujeres que entendieron que el conocimiento era la única forma de abrir camino y marcar el destino de su profesión.
Cierro estas líneas con una invitación a quienes hoy consideran su futuro profesional. La enfermería es, quizá, la profesión con mayor capacidad de impacto directo en la sociedad. Es un campo para mentes brillantes que buscan combinar la ciencia con el propósito.
A las mujeres que hoy lideran desde distintos frentes, las invito a continuar ocupando espacios directivos. Porque el futuro de los sistemas de salud dependerá de algo muy simple: de nuestra capacidad para reconocer que el cuidado también es una forma de liderazgo.
*Sandra Marcela Cortés Gómez es directora de enfermería de la Fundación Santa fe de Bogotá.
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