El pasado viernes, los trabajadores de planta del Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud, una entidad adscrita al Ministerio de Salud, recibieron un correo que habían estado esperando desde hace meses. En él, les informaban que gracias al pago de una de las facturas que les debía la cartera de Guillermo Alfonso Jaramillo, podrían consignarles los sueldos que les adeudaban: la mitad de la nómina de mayo y todo el salario de junio. En el email, les daban gracias por la comprensión y la paciencia, que días atrás ya estaba rebosando la copa.
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“Estamos al borde de un colapso”, nos había contado una de las personas de esa entidad esa semana, antes de que le llegara el correo. “Lo que ha estado pasando este año es la tapa”, había señalado otra. “ ¿Y cómo pagamos las deudas? ¿Y cómo hacen los que deben atender necesidades en salud?”, cuestionaba un funcionario más hace un par de semanas.
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El IETS, la sigla con la que se resume el nombre del instituto, es una entidad que, posiblemente, un lector no tenga en su léxico, pero es difícil que alguien del mundo de la salud no la identifique. Fue creada en 2012, mientras Alejandro Gaviria era ministro de Salud, para hacerle frente a un desafío que hoy enfrentan todos los sistemas sanitarios: evaluar medicamentos y otras tecnologías en salud con base a la mejor evidencia científica, para hacer recomendaciones a las autoridades. En un mundo en el que con frecuencia aparecen medicinas a precios exorbitantes sin una eficacia muy convincente, era útil tener un grupo de personas que las examinara con cuidado para saber si valía la pena pagarlas.
La idea es que cumpliera una tarea parecida a la del popular National Institute for Health and Care Excellence de Reino Unido que —como se pretendía y ha hecho el IETS—, también elabora guías clínicas. Para blindarlo del apetito de los políticos, optaron porque fuera un instituto sin ánimo de lucro, de participación mixta y de carácter privado. En su junta directiva está, entre otros, el Minsalud, el Invima, el Minciencias, la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas.
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A lo largo de estos 13 años el IETS ha sobrevivido con contratos que hace con diversas entidades públicas, privadas o con agencias de cooperación, por mencionar algunos actores. Quienes han pasado por sus puestos directivos, saben que conseguir recursos para poner a andar esa máquina es un dolor de cabeza. Sin embargo, el remedio pareció llegar con el Plan Nacional de Desarrollo de Gustavo Petro: con el artículo 160 se estableció que sus gastos de funcionamiento e inversión serían cubiertos por el Minsalud que, en adelante, debería transferirle recursos de su presupuesto. Pero las buenas noticias no duraron mucho tiempo.
¿Cómo sortear los desafíos financieros?
Desde el año pasado, los trabajadores de planta del IETS empezaron a observar que sus pagos se atrasaban. Así lo confirman varios correos que fueron enviados a los empleados de planta por la subdirección y que fueron conocidos por El Espectador. El 6 de agosto de 2024, por ejemplo, les pedían paciencia y comprensión, pues había dificultades en el flujo de caja. Les informaban lo que les acaban de consignar era un abono del 50% de la nómina de junio y de la prima del primer semestre.
“Este ha sido un año de muchos desafíos institucionales, sobre todo en el ámbito financiero, dada la restricción de presupuesto para entidades tanto públicas como privadas”, les escribieron en octubre, cuando llegó el bálsamo: nuevos contratos con el Minsalud permitirían cubrir los gastos de funcionamiento.
Sin embargo, recuerda una funcionaria, las dificultades durante este año empezaron a ser más evidentes. En un email de abril de 2025 les recordaban que “la complicación en la situación fiscal del país continúa” y no podían pagarles el salario de ese mes. Tampoco el 100% del de marzo. A finales de junio, en otro correo les enviaron un mensaje similar: “Estamos afrontando retos a nivel financiero (...) Contamos con los recursos, pero estos no han sido desembolsados por el Ministerio de Salud (...) Lamentablemente esto nos está generando retrasos para el pago de la prima correspondiente al primer semestre del 2024; del mismo modo, el valor de la nómina del mes de junio no podrá ser girado esta semana”.
Los apuros financieros, nos explicó la semana pasada Adriana Robayo, la directora del IETS, hicieron que debieran hasta dos meses y medio de salario. En algunos casos, eso hizo, como evidenció este diario, que también hubiera retrasos en el pago de seguridad social de algunos empleados. A varios les llegó el mensaje de mora por parte de sus EPS.
Aunque reconocen que el mensaje de que les pagarían los sueldos atrasados fue un alivio y que las directivas hicieron lo posible por superar esa situación, temen que los próximos meses pueda volver a ocurrir y que el Ministerio de Salud no desembolse los recursos con prontitud. Luz Mery Barragán, subdirectora general y de operaciones del IETS, hace un llamado a la calma: “hay una muy alta probabilidad de que podamos cubrir lo que queda de esta vigencia”, dice. Reitera, como Robayo, que, a diferencia de otros gobiernos, el actual fue el único que tomó la decisión de desembolsillar plata para su funcionamiento. “Yo he sentido un gran respaldo de este Gobierno para que crezcamos”, insiste la directora.
Para su funcionamiento, el IETS le había pedido al Minsalud un poco más de $16.000 millones, pero el dinero les había estado llegando a cuentagotas. Una de las razones, explica Barragán, se debe a que en el Ministerio de Hacienda se demoraron en aprobar los recursos, en parte por la rotación de personal con el que han debido interactuar para sortear los trámites.
“Pero ya tenemos aprobado el 50% de esos recursos que son el mínimo vital para funcionar”, añade. “Ya nos entró una porción de esa suma y los van a desembolsar de manera regular, a medida que los solicitemos mensualmente. Eso nos da serenidad. Mientras tanto, continuamos trabajando en la venta de servicios para cubrir el resto de necesidades”.
Vender servicios para el IETS implica lograr contratos con los diversos actores del sistema de salud, una tarea que no siempre es fácil, pero que les permite sobrevivir en tiempos de vacas flacas. Por eso, recuerda Barragán, todas las entidades que conforman ese rompecabezas de la salud —desde las secretarías y el Invima, hasta asociaciones científicas y la Andi— deberían tener más presente que existe un instituto que hace evaluaciones con base en evidencia, para que tomen mejores decisiones. “Todos queremos fortalecer al IETS, porque es un lugar muy especial, es autónomo e independiente, pero es que hoy solo nos contrata el Ministerio de Salud. Necesitamos que nos pongan como eje central”, insiste.
Aunque nos comunicamos tanto con el Minsalud como con el Minhacienda para entender por qué ha habido retrasos en los pagos, al cierre de esta edición no habíamos logrado obtener una respuesta. Esos incumplimientos, incluso, motivaron una denuncia anónima —que conoció El Espectador— interpuesta este mes ante el Ministerio de Trabajo, en la que se quejaban por la falta de pagos. También por el deterioro de la confianza institucional.
Adriana Robayo, que es directora desde 2019, asegura que ha reflexionado mucho sobre lo que ha ocurrido estos meses y sobre el ambiente que ha dejado esta situación en el instituto. Dice que comprende bien los disgustos y siempre ha estado abierta al diálogo. Ella, como Barragán, esperan que este nuevo salvavidas de la semana pasada les permitan fortalecerse y que, al menos, este año, no vuelva a ocurrir. Por lo pronto, también dicen que han ido saldando las deudas con los contratistas. Según sus cifras, el IETS ya solo debe alrededor de $200 millones a 24 personas (entre naturales y jurídicas).
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