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¿Vale la pena un celular con teleobjetivo para un festival? Así fue la prueba en el FEP 2026

La distancia al escenario, las luces agresivas y el movimiento del público sirvieron para medir si la cámara estaba a la altura.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero
23 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
En conciertos masivos, el teleobjetivo puede acercar al artista con más detalle, aunque el zoom extremo y el cambio entre lentes siguen teniendo límites.
En conciertos masivos, el teleobjetivo puede acercar al artista con más detalle, aunque el zoom extremo y el cambio entre lentes siguen teniendo límites.
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castaneda
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En un festival, la cámara del celular deja de ser un lujo y se vuelve una decisión práctica. No todo el mundo está cerca de la tarima, no todas las luces juegan a favor y no todos los shows permiten grabar con calma.

Hay humo, pantallas LED, contraluces, saltos, manos arriba y artistas que, desde ciertas zonas, terminan viéndose más en las pantallas laterales que en vivo. Por eso, en el tercer día del Festival Estéreo Picnic 2026, la pregunta era bastante concreta: ¿de verdad vale la pena ir a un concierto con un celular que tenga teleobjetivo?

La prueba se hizo en una jornada ideal para responderla. El domingo reunió artistas y puestas en escena muy distintas entre sí: Rusowsky, Doechii, Sabrina Carpenter y Skrillex, cada uno con exigencias visuales diferentes.

Y ahí lo que importaba era ver si el teléfono lograba acercar el show de los artistas, a pesar de estar a cientos de metros de ellos.

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Sí cambia la experiencia

La prueba arrancó en el escenario Samsung Galaxy S26 El Bosque durante el show de Rusowsky. Desde el comienzo, el dispositivo dejó una sensación clara: la cámara reaccionaba rápido y el sistema de lentes sí marcaba diferencia. En un festival eso importa más de lo que parece, porque muchas veces no hay tiempo para pensar demasiado; uno saca el celular, encuadra y dispara. Si el equipo tarda, duda o cambia mal de lente, el momento se pierde.

Con Rusowsky, el teleobjetivo ayudó a resolver bien una distancia media sin que la toma se sintiera artificial. Ese fue el primer indicio de que no se trataba solo de “acercar”, sino de conservar detalle suficiente para que el artista siguiera viéndose como artista y no como una mancha ampliada.

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Después, ya en la noche, llegó una prueba más dura con Doechii. Su show, con esa mezcla de rap, R&B y energía escénica, sirvió para medir cómo respondía el celular en condiciones menos amables: iluminación más agresiva, mayor distancia y un entorno más exigente para cualquier cámara celular. Ahí el resultado volvió a ser sólido.

El teleobjetivo permitió acercarla con un buen nivel de nitidez y el video se mantuvo usable incluso cuando la escena tenía más contraste y complejidad. Aunque no todo fue perfecto, más adelante la explicación.

¿Y qué tal en la noche?

Ahí es donde un equipo así empieza a justificar parte de su promesa. Samsung destaca en esta generación aperturas más amplias para dejar pasar más luz al sensor, mejoras en Nightography Video y una superestabilización reforzada para grabar con más estabilidad, incluso en escenas complejas.

Eso, llevado al terreno real del festival, sí se siente. En la práctica, las tomas nocturnas conservaron buen color, una lectura competente de las luces del escenario y una imagen que, sin hacer milagros, se mantuvo agradable de ver.

Con Sabrina Carpenter, además, apareció otro tipo de prueba. Su show no solo dependía de verla cerca, sino de sostener la narrativa visual completa: escenografía, cambios de ritmo, bailarines, transiciones de luz, una voz muy controlada y un cierre rematado por fuegos artificiales.

Ahí el celular no solo acercó a la artista, también aguantó bien un espectáculo con muchos estímulos al mismo tiempo. ¡Gran espectáculo!

Lo que todavía puede mejorar

Donde más claramente se notó el trabajo de estabilización fue con Skrillex. Un show así, con saltos, euforia y público en constante movimiento, pone a sufrir cualquier grabación. En ese contexto, el equipo salió bien parado, pues la imagen se mantuvo firme dentro de lo razonable y dejó recuerdos mucho más limpios de los que normalmente se consiguen en medio del caos.

Pero decir eso no obliga a maquillarlo todo. Hubo dos límites claros. El primero: el cambio entre lentes puede sentirse brusco cuando uno acerca o aleja rápido, y eso rompe un poco la continuidad de la toma.

El segundo: en el tramo más extremo del zoom, la imagen empieza a perder limpieza. Pasó varias veces con Doechii. Es decir, el teleobjetivo sirve, sí, pero tiene una frontera; cuando se le exige demasiado, deja ver que sigue siendo un celular y no una cámara.

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En conclusión

La respuesta a la pregunta inicial es bastante clara: sí, un celular con buen teleobjetivo sí vale la pena para un festival, sobre todo si uno suele ir a conciertos, grabar desde zonas medias o lejanas y quiere videos realmente útiles.

En este caso, el balance del S26 Ultra fue positivo por sus lentes, por la capacidad de grabación, por el desempeño nocturno y, en especial, por un teleobjetivo que sí consigue acercar al artista sin derrumbar de inmediato la calidad.

No es perfecto, pero en un entorno tan difícil como el FEP 2026, eso no opaca que es el teleobjetivo es una gran herramienta. En un festival, puede ser exactamente la diferencia entre ver el show a lo lejos o sentir que, al menos por un momento, estabas mucho más cerca.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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