10 Apr 2020 - 12:36 a. m.

72 horas en la Colombia BirdFair

Eventos como la Colombia BirdFair han logrado posicionar a Colombia en el centro del mundo pajarero y tienen el potencial para seguir cambiando las vidas de miles de personas en las olvidadas áreas rurales. Aquí una vivencia personal del último realizado en febrero en Cali y sus alrededores.

John Edward Myers * / Especial para El Espectador

Un par de semanas después de la sexta edición de la Colombia BirdFair en Cali, y un par de semanas antes del primer simulacro del COVID-19 en Bogotá, me fui al Juan Valdez de la 57 con Séptima para tomar un café con María Elvira Molano, gran escritora y hermana del renombrado y recién fallecido periodista Alfredo Molano. Nos conocimos en noviembre del año pasado antes del prelanzamiento del nuevo libro de Wade Davis, Magdalena. Mientras hablábamos, María Elvira me contó que cuando vio a su hermano y escuchó su voz aquella noche, en el evento, sabía que el cáncer lo estaba afectando en gran medida. Le pregunté cómo había estado en estos meses y me comentó que fue una época difícil y que sentía la ausencia de su hermano en La Calera.

Después de un rato cambiamos de tema. Le dije que ya yo quería escribir sobre algo chévere, algo positivo, porque después de escribir la serie sobre Tito y el homenaje para Natalia y Rodrigo, estaba muy bajo de nota.

- “¡Ay, pero por favor!”, me dijo mientras la luz de la soleada tarde bogotana alumbraba sus ojos. “¡Para no morir de la angustia, tenemos que dar ilusión!”

La semana previa a la BirdFair (que ahora siempre es el segundo fin de semana de febrero) normalmente es movida, y como yo nunca hago las cosas a última hora (ni tampoco a las carreras) el lunes trabajé con mi colega Julián Sotelo (que salvó la patria como siempre) afinando y organizando los últimos detalles de una nueva alianza entre Conservación Internacional y la Colombia BirdFair.

Me hizo feliz ver tantas organizaciones apoyando --y tantos logos adornando-- a la feria este año. Adicional a CI, estaba Audubon, WWF, el Instituto Humboldt, Pantera, la CVC y varios actores del sector privado. “La BirdFair en Cali es uno de los mejores eventos internacionales que tenemos en Colombia. Y va para arriba”,  dijo Fabio Arjona, mi jefe, amigo y director ejecutivo de Conservación Internacional en Colombia, durante el prelanzamiento de la BirdFair 2020 en Bogotá en septiembre.

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Antes de llegar a Cali, calenté motores para la feria de aves con un viaje relámpago a Panamá con el objetivo de conocer al gran empresario de las aves Daniel Arias y al nuevo (y joven) ministro de Turismo, Iván Eskildsen, aprovechando la oportunidad para conversar con ellos sobre una propuesta para armar un festival de aves en Panamá, entre otras posibilidades aviturísticas.

También, para agregar algo del bucket list, aproveché el viaje para conocer Canopy Tower, una instalación militar convertida ya en un legendario hotel pajarero, construido adentro del Parque Nacional Soberanía, y que cuenta con una terraza que permite que uno esté ojo a ojo con las aves, encima del techo de bosque tropical.

Casi tan pronto como comenzó el viaje a Panamá, se acabó y yo estaba volando de regreso a Colombia. Como lo he venido sospechando, en muy poco tiempo el istmo de Panamá, bajo el escenario post-COVID, con su combinación de diversidad biológica, infraestructura ecoturística, conectividad, empresas como Canopy Family y Ancón Expeditions, seguridad, guías como el gran Carlos Bethancourt y Beny Miranda, con un poco de voluntad política y visión del joven ministro, podría realizar un salto cuántico en el mundo del turismo de naturaleza. Toma nota, Colombia.

Y con este preámbulo…a lo que vinimos. Me desperté temprano el día viernes 14 de febrero, feliz de estar pasando el feriado gringo de San Valentín en la Colombia BirdFair. Milagrosamente logré dormir bien y, mientras me tomaba los primeros tintos de la mañana, empecé a ordenar los puntos principales para las tres intervenciones del día: una charla en la clase de conservación terrestre de Felipe Estela en la Javeriana, un conversatorio sobre aviturismo en el auditorio de la CVC, y unas palabras de bienvenida en el zoológico durante la apertura de la feria.

Felipe me recogió en el hotel en Chipichape y, mientras navegaba los trancones, ensayamos el plan de clase. El distinguido profesor comenzaría la clase con las ultimas diapositivas de la exposición anterior, que tenía que ver con conservación y sus retos en el pos-conflicto; luego yo hablaría sobre aviturismo, el estudio La paz es mucho más que palomas, y cómo reinventar una carrera profesional en conservación en estos (según su profesor) “tiempos de mucho trabajo y poco empleo”. Terminaríamos la jornada con algunos consejos y una tarea asignada sobre la importancia del “networking”.

A pesar de que los estudiantes estuvieron "muy parcos” durante la charla y la discusión, según su profesor, que luego en la noche daría su propia conferencia magistral en la feria, como siempre me gustó la oportunidad de escuchar y conversar con los futuros conservacionistas.

Tengo que confesar que los conversatorios con un toque o formato muy institucional suelen ser un poco aburridos, pero logré sobrvivir el panel sin enredarme tanto y sin ofender a nadie (creo).

Ocurrió algo diferente hace unos meses durante una charla en Bogotá, cuando ofendí a un poco de empresarios, funcionarios y pajareros cuando sugerí que las noticias que se estaban produciendo el país --y en particular los asesinatos de líderes sociales y guardaparques, la deforestación, y la fumigación-- podrían tener, y de hecho estaban teniendo, un efecto negativo no solamente para el país en sí, sino para el negocio del aviturismo. Un mes después, Semana Sostenible publicó "Aviturismo en Colombia, amenazado por el regreso del conflicto armado". Recibí y leí varias quejas de los gremios pajareros y turísticos...pero como dicen aquí, no podemos tapar el sol con un dedo.

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La apertura de la BirdFair siempre ha sido una ocasión que genera emoción y da ilusión, y este año no fue diferente. El visionario, humilde y recién casado pajarero valluno, y fundador de la BirdFair, Carlos Mario Wagner, abrió la sexta versión de la Colombia BirdFair 2020 elegantemente vestido con una guayabera blanca de manga larga, casi del mismo tamaño que él. Después de agradecer a los aliados, tomó un momento para reconocer a la CVC en particular, “la única entidad pública que ha apoyado la Colombia BirdFair desde el primer año”.

Unos minutos después, la recién elegida gobernadora, Clara Luz Roldán, declaró su apoyo financiero para la próxima versión de la feria el año entrante. En el espléndido anfiteatro del Zoológico de Cali, el ornitólogo inglés Nick Baily seguido por el distinguido profesor de la Javeriana Felipe Estela realizaron conferencias magistrales sobre la migración, tema oficial de BirdFair 2020, y sin alejarse de  los estereotipos, el investigador inglés terminó su completa y precisa charla justo antes de los presupuestados 30 minutos, mientras que nuestro querido profesor tiró la casa por la ventana, casi agregando una tercera conferencia magistral sobre las aves marinas de la inmensa Reserva de la Biosfera Seaflower para un notablemente atento, feliz y captado público.

Para cuando yo finalmente logré identificar la primera especie de la jornada el día siguiente, Simón Santiago Santos Chaparo, el socio más joven de la ABO (Asociación Bogotana de Ornitología), ya había identificado y fotografiado media docena de pájaros, mientras brincaba entre varios puntos del camino con su monopié (como un trípode con una sola pierna), cámara y binoculares.

En años anteriores tuve el privilegio de conocer el Kilómetro 18 y Anchicaya, entre los sitios icónicos para pajarear en Colombia y el mundo. Este año, por primera vez en el marco de la Birdfair, fuimos a la Reserva Forestal Protectora Regional de Río Bravo, zona de una interesante transición entre Los Andes y el Chocó Biogeográfico, en una región que ha sido golpeada duro por el conflicto armado. Ahora la zona está más segura y el aviturismo es una estrategia para generar ingresos económicos para las comunidades locales.

Siempre me ha gustado la expresión "Washington es Hollywood para la gente fea". Siguiendo esta lógica, se podría decir que Cali no solamente es Cali, también es "Hollywood para los pajareros". Y la noche del sábado siempre BirdFair se siente un poco como los Oscars, no por la entrega de galardones sino por los invitados especiales y los momentos que transpiran.

Estamos hablando de Steve Hilty, autor de la biblia pajarera colombiana, hablando sobre sus experiencias formativas en el valle de Anchicayá, o Wade Davis describiendo líricamente sus primeros encuentros con Richard Evans Schultes antes de viajar a la Amazonia colombiana por primera vez. Hace cuatro años, Diego Calderón, en una charla espontánea pero no improvisada, hizo el llamado al publico pajarero para organizarse, subirse al bus y ganar el Global Big Day. Tres meses después, Colombia lo ganó por primera vez. Y en 2019, Colombiá logró el primer tricampeonato en la historia del evento, que comenzó en el año 2015.

El Global Big Day desde el Guaviare

“¿Cómo les fue hoy en la mañana?”, le pregunté a Kimberly Kaufman, mientras su esposo Kenn saludaba a Xiomara Capera, parte de la formidable delegación de Caquetá este año.

"Pues bien, pero no fuimos a pajarear; nos quedamos quietos hoy en la mañana”, me dijo Kimberly.

“Dejame adivinar, alguien estaba trabajando en su presentación”.

“Algo por el estilo”.

Luego de esta breve conversación, en unos minutos escuchamos charlas de dos titanes del mundo pajarero global: Kenn Kaufman, hablando sobre su nuevo libro Una temporada sobre el viento: Dentro del mundo de la migración de primavera Y, luego, el "pajarero urbano" y presidente honorario de BirdFair 2020, David Lindo.

Con todo el respeto para estos dos caballeros, quiero manifestar mi admiración por el trabajo que está realizando Kimberly Kaufman buscando paridad de género dentro del orden global del pajareo, donde la mayoría de los participantes son mujeres, pero la gran mayoría de los protagonistas, como podemos ver plenamente en este relato, son hombres.

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A las 4:15 de la madrugada, en el lobby del Hotel Spiwak, los pajareros estaban tomando tinto antes de salir mientras los huéspedes "normales" llegaban de rumba. Ese día me uní al pajareo en el Club Farallones para poder acompañar a Carlos Mario Wagner y David Lindo. Cuando el grupo grande empezó a dividirse en pequeños parches más manejables y luego de que David diera gusto a unos cuantos fans pajareros tomando selfies, comenzamos a pajarear charladito.

David Lindo es un pajarero que literalmente tiene una misión: involucrar a la gente de las áreas urbanas", alrededor del mundo, con el medio ambiente a través de las aves. “Me acuerdo perfectamente cuando se me ocurrió la idea”, me dijo mientras caminábamos al lado de una cancha de golf. Hace más de una década, David publicó el transcendental libro El pajarero urbano. En el proceso de escribir el libro creó su misión, enfatizando la importancia de la conexión entre la “city folk” (gente de ciudad) y las aves. Hoy en día, podríamos decir que David es uno de los personajes más influyentes del mundo en el tema de avistamiento de aves y las interacciones entre el ser humano y la vida silvestre.

David me compartió sobre su formación como un pajarero urbano. “Con los blancos, yo siempre fui el único afro. Y con los propios afros, me hicieron tremendo matoneo por haberme metido en el pajareo, porque esto de las aves siempre fue algo de los hombres blancos, viejos y extraños. Como resultado, yo terminé pasando mucho tiempo solo”.

Seguimos caminando. “Le debes otra cerveza a Carlos Mario”, le dije a David cuando logró registrar otro lifer, un nuevo trepatroncos (Lepidocolaptes souleyetti).

“A Carlos Mario le debo un pub entero”, contestó David.

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Yo no podría estar más de acuerdo. Eventos como la Colombia BirdFair, este espacio que han creado Carlos Mario y su equipo, a pesar de todos los retos que enfrentamos y circunstancias trágicas que miramos con alarmante frecuencia en las noticias, han logrado posicionar a Colombia en el centro del mundo pajarero, hecho que hace una década no hubiera sido imaginable. Y es algo que tiene el  potencial para seguir cambiando las vidas de miles de personas, como Doña Dora, en las olvidadas áreas rurales del territorio.

Antes de la conclusión del evento, más de 100.000 personas (muchos de ellos niños) tuvieron contacto con alguna instalación de la BirdFair; más de 4.000 personas asistieron a los eventos, escucharon charlas y participaron en talleres, y se realizaron más que 800 pajareadas por Cali y sus alrededores.

 

Antes de concluir la pajareada, con un excelente avistamiento de una familia de zumbullidores nadando juntos (Podilymbus podiceps), busqué un espacio con Carlos Mario para preguntarle:

“Cómo lo haces? La BirdFair ya es grande y tienes que manejar temas políticos, comerciales, resolver conflictos, responder a críticas, que dicen, por ejemplo, que la feria es muy cara e inalcanzable para la mayoría de los pajareros nacionales. ¿Cómo manejas todo esto?”

- “Yo creo que ser budista definitivamente ayuda”, me dijo mientras nos reíamos.

“Adicionalmente, somos un gran equipo, nos apoyamos mucho entre nosotros y ya llevamos varios años aprendiendo y creciendo juntos.

Frente la crítica de que la BirdFair es cara, es muy válida. Tienen toda la razón. Es posiblemente el evento de aves más costoso que hay en Colombia. Puntualmente, la feria es financiada en parte por el sector privado y por donaciones de ONG.  Pero aun no hemos logrado concretar --aparte del apoyo que hemos recibido de la CVC-- un apoyo decidido y real del gobierno nacional, municipal o regional.

También es importante mencionar que el 80 % de la BirdFair es gratuito. Los que están pagando la inscripción están subvencionando la participación de muchos más. Adicionalmente, las ganancias de la BirdFair apoyan proyectos y actividades de conservación en la región.

Estamos totalmente convencidos de que quienes observan aves son personas que van a estar más interesadas en la conservación y van a hacer presión social a los tomadores de decisiones para que sean más conscientes y tomen medidas adecuadas frente a la conservación de la biodiversidad en Colombia.

Esperamos que cuando tengamos más apoyo tanto del sector publico como de los privados podamos ofrecer Colombia BirdFair como un evento gratuito”.

Y con mi último registro de la Colombia BirdFair 2020, un potoo común (Nyctibius griseus), ocultándose como un ramo, observado en la compañía de conferencistas y pajareros famosos, el propio "máster" Carlos Mario Wagner y  los dedicados voluntarios del evento, se acabó la guachafita.

La BirdFair culminó esa noche con la charla de Wade Davis. Y aunque no lo vi, porque ya iba de regreso a Bogotá, sé que fue espectacular porque me llegaron varios mensajes de personas como Carlos Porges, un piloto de United Airlines y nuevo amigo pajarero que conocí en Río Blanco.

Mientras regresaba a la nevera, que realmente para mí no es tan nevera, reflexioné cómo el pajareo me ha traído de regreso del precipicio en el pasado, al igual que esos días en Panamá y en especial la Colombia BirdFair. Para no morirnos de susto hay que dar un poco ilusión, y los pájaros, con su belleza, vuelo y libertad hacen eso… igual que la creciente comunidad pajarera, con su amor, pasión, pantalones caqui y compromiso para seguir haciendo un mejor país a pesar de todos los obstáculos en el camino.

*  Conservacionista, pajarero, atleta de montaña. Actualmente es el director de innovación social para Conservación Internacional Colombia. Las opiniones expresadas son suyas.

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