Durante unas pocas horas, las carrozas monumentales dominan las calles de Pasto y se convierten en el símbolo mayor del Carnaval de Blancos y Negros. Sin embargo, lo que el público ve como un espectáculo deslumbrante es, en realidad, el resultado de meses de trabajo silencioso, oficio artesanal y creatividad llevada al límite.
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Esto se debe a que detrás de cada figura hay una historia, un proceso y una disciplina que rara vez se cuentan, y que explican por qué estas obras efímeras han llevado al carnaval a ser reconocido en el mundo y declarado, incluso, como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
¿Qué hay detrás del Carnaval de Pasto?
- El que tiene la gran idea
Antes de entrar en detalle —y de presentarle la infografía que explica la creación de las carrozas paso a paso— es clave entender algunas cosas que no logramos explicarle en la ilustración sobre el carnaval, como el papel del maestro, una figura central en la creación de las carrozas.
Según Andrés Jaramillo, gerente de Corpocarnaval, el maestro es la cabeza visible de la obra, una especie de director integral que coordina todo el proceso creativo, productivo, colaborativo y financiero. Es quien dispone el espacio de trabajo, conforma el equipo, marca el ritmo de la construcción y concentra el saber hacer que se ha transmitido y perfeccionado con los años.
“La importancia del maestro radica en su experiencia acumulada. No se trata de un título académico formal, sino de un reconocimiento que se construye con años de trabajo continuo en el carnaval. El maestro conoce los materiales, las técnicas, las soluciones ante imprevistos y los detalles que permiten que una obra monumental cobre vida y pueda recorrer la Senda del Carnaval sin contratiempos”, dijo el gerente.
- El arraigo y la simbología
Jaramillo, explica que el Carnaval de Blancos y Negros tiene un arraigo profundo en las raíces indígenas y en el componente antropológico de las costumbres del territorio. Aunque enfatiza que el proceso creativo es completamente libre para la creación de las propuestas artísticas, y no existe una temática obligatoria para las obras, en cada propuesta aparecen de manera constante símbolos, signos y referencias propias de los pueblos originarios, elementos que nunca desaparecen del relato visual del carnaval.
Esta presencia permanente de lo indígena y lo ancestral es lo que, según Jaramillo, le da al carnaval una identidad única frente a otras celebraciones. Incluso cuando las obras abordan temas contemporáneos o universales, mantienen un hilo conductor que remite a lo raigal, a la memoria colectiva y a las expresiones culturales que han definido históricamente a la región.
“Creo que es precisamente esta capacidad de convertir la tradición oral y la imaginación colectiva en obras monumentales lo que hace del Carnaval de Blancos y Negros un escenario cultural irrepetible, donde lo ancestral y lo creativo conviven y se reinventan cada año”, afirmó.
- El anhelo de jugar
El Carnaval es famoso porque responde a un anhelo profundo y universal: volver a jugar. Según explica Jaramillo, quienes llegan a Pasto no solo asisten a un evento cultural, sino que se permiten, por unos días, dejar atrás las normas cotidianas y reconectarse con la infancia, con el disfrute y la libertad que propone el juego colectivo.
“En el carnaval no importan las apariencias ni la ropa; lo esencial es la actitud de participar, de salir a la calle y sumarse a una fiesta pública donde todos, visitantes y locales, se convierten en parte activa del escenario”, afirmó.
Esto hace que Pasto resulte especialmente atractivo para el turismo cultural, ya que con una inversión mínima los visitantes pueden acceder a desfiles, conciertos y rituales colectivos, y convertirse en protagonistas de una experiencia que trasciende el espectáculo y fortalece el sentido de comunidad.
“Hoy las personas ya no buscan solo conocer un destino, sino vivir experiencias, y el carnaval ofrece múltiples maneras de hacerlo: participar activamente del juego colectivo, visitar los talleres de los maestros y comprender el proceso creativo, disfrutar la gastronomía local en festivales como el del cuy o la trucha, e incluso recorrer corregimientos para compartir en cocinas tradicionales y acercarse a la vida campesina.”
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