13 Aug 2013 - 10:00 p. m.

Cien años de historia

En 2013 se cumple el centenario de las primeras excavaciones científicas en el lugar. Guaqueros y saqueadores son algunos de los problemas que se ha tenido que enfrentar.

Sergio Silva Numa*

El desconcierto de aquel europeo no podía ser distinto. Cada vez que la pala se clavaba en la tierra y, poco a poco, dejaba asomar la superficie de esas figuras de otros tiempos, su corazón daba tumbos. Cuando los vestigios arqueológicos sobresalían en medio del lodo y las lombrices, inevitablemente una mezcla de alegría, satisfacción y esperanza lo invadían. “¿Cuál sería el precio de esas imágenes antropomórficas en el viejo continente? ¿Cómo haría para transportarlas desde el interior de Colombia?”, se preguntaría entonces. Y, mientras ese torbellino de dudas quizás asaltaba su mente, los campesinos, que cavaban sin parar, hacían entre ellos indescifrables muecas aviesas.

Tal vez, para que nadie se percatara, lo hicieron de madrugada en una de esas pequeñas llanuras que se atraviesan a las montañas. Estaban en San Agustín y desde hace varios días había llegado a oídos de aquel extranjero el rumor de unos vestigios. Sólo algunos pobladores sabían de su ubicación. Y él, que había cruzado el Atlántico seducido por esas representaciones construidas entre el 200 a.C. y el 800 d.C., no vaciló en obtenerlas. Pero lo que no sabía aquella mañana —aunque dicen se enteró después— era que las efigies con rostro humano y animal, tan sólo habían estado un par de años bajo tierra. El objetivo no era otro que las réplicas tomaran el color cobrizo del paso del tiempo.

Esta historia es sólo una de las que rondan por este municipio desde que hace cien años Konrad Theodor Preuss, antropólogo alemán, llevó a cabo las primeras excavaciones científicas. Su llegada, pese a que cronistas de indias ya habían hecho referencia a este lugar, fue el punto de partida para que las estatuas dejaran de sostener mesas y atrancar puertas caseras. Su riguroso trabajo le presentó al mundo las piezas de una cultura extinta que, posiblemente, se desplazó a la inacabable selva amazónica. Y allí no dejó rastro alguno.

Pero con la investigación de Preuss, quien serpenteó luego por el río Magdalena hasta el Caribe para ahondar en la cultura Kogui ante la imposibilidad de regresar a Europa por la inminente guerra, también llegaron los saqueadores de tumbas, los ‘guaqueros’ y, con ellos, una opulencia que por décadas contagió a la región. El inexorable destino del alemán influiría después en las correrías de Gerardo Reichel-Dolmatoff, el llamado padre de la antropología colombiana. Ese mismo que sorprendió al país y a la academia, cuando hace un año se descubrieron indicios que demostraban su participación en el Partido Nacionalsocialista de Adolf Hitler.

Sin embargo, justo en 2013, cuando se celebra el centenario de San Agustín, son otros los ojos con los que se miran esas esculturas. De la mano del Instituto colombiano de antropología e historia (ICANH), al parecer, se ha logrado crear cierta pertenencia que, desde luego, va a acompañada de un interminable turismo que de forma ineluctable se asombra ante las efigies. Pero, pese a ello, la seguidilla de proyectos de hidroeléctricas que irrumpen con el hermoso paisaje y el abandono de la zona urbana por parte de las autoridades, genera cierta apatía con el pueblo. A veces, parecen evidentes algunas estelas de desidia.

ssilva@elespectador.com

* InvitaGobernación, Secretaría de Cultura y Fondo Mixto de Cultura del Huila.

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