28 Aug 2013 - 2:37 a. m.

Con amor, Roma

La capital italiana alberga el patrimonio más grande de la humanidad. Ruinas, plazas y fuentes que transpiran historia.

Rafael Castro Cortés

Todos los caminos conducen a Roma. Un destino perfecto para quienes desean sumergirse en la cultura pero al mismo tiempo experimentar la agitada vida nocturna que ofrecen las grandes ciudades. Un lugar que, al igual que París, evoca el amor con sus puestas de sol, sus calles estrechas repletas de historia y pequeños restaurantes que en verano se extienden sobre las plazas ofreciendo exquisitos platos de pasta acompañados del mejor vino.

Mientras los visitantes se deleitan con la gastronomía, no es extraño que retumben las notas de un acordeón y el cielo se nuble de estrellas. Una escena para disfrutar con una buena compañía. Y lo mejor es que a tan sólo unos pasos, a unas calles de distancia, se llega a las imponentes ruinas de lo que fue el Coliseo Romano.

También conocido como el anfiteatro, esta estructura milenaria es uno de los lugares más visitados del mundo y, sin duda, ejemplo de la majestuosidad que caracterizó al Imperio Romano. Durante el recorrido es posible visitar las celdas en donde se preparaban los gladiadores antes de cada combate, ambientadas con un halo de misterio por cuenta de la iluminación estratégicamente diseñada.

La vida nocturna en Roma comienza a altas horas de la noche, así que resulta imposible no pasar por la Plaza Venecia y tomarse una cerveza antes de visitar alguno de los exclusivos clubes de la capital italiana.

En el itinerario tampoco puede faltar la concurrida Fontana de Trevi, la más famosa de las monumentales fuentes del Barroco. No deje de lanzar una moneda de espaldas y con la mano derecha. Desde hace tiempo este gesto se convirtió en una especie de amuleto que garantiza el regreso a esta espléndida ciudad.

Al igual que el Coliseo Romano, el Panteón es otra de las construcciones que hay que conocer. Se trata del edificio mejor conservado del Imperio Romano. Un templo dedicado a todos los dioses, que se encuentra en la Plaza La Rotonda y que fue reconstruido por completo en tiempos de Adriano.

A este imperdible se suma el Foro Romano con el Monte Palatino de fondo. Aquí fue donde se desarrolló la antigua ciudad, el comercio, la prostitución, la religión y la administración de la justicia. Durante la Edad Media la mayoría de construcciones y templos fueron derribadas, sin embargo, los vestigios, prueba de la grandeza de otros tiempos, son visitados por miles de turistas cada año.

Finalmente, no hay que irse sin pisar Ciudad del Vaticano, a la que se puede llegar tomando el metro hasta la estación Ottaviano y de allí cogiendo la vía del mismo nombre hasta la Plaza de San Pedro. Incluso si no es una persona religiosa, vale la pena disfrutar de la perfección y los detalles de increíbles estructuras como la Basílica de San Pedro o la Capilla Sixtina, que sorprende con sus frescos en el techo, obra de los más grandes artistas del Renacimiento: Miguel Ángel, Rafael Sanzio y Botticelli.

La capital de Italia es una ciudad para caminar de a dos. Disfrutar de sus estrechos callejones, perderse entre sus recovecos con la seguridad de que al final de cada esquina se encontrará una fuente o monumento cargado de historia, que deja a cualquiera con ganas de seguir adentrándose en la capital de uno de los pueblos más extraordinarios del mundo.

ROMA

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