18 Nov 2010 - 4:55 p. m.

Costa Rica al natural

Amparado por las aguas del Pacífico y del Mar Caribe, el país guarda en su territorio imnensas reservas de fauna y flora en exóticos paisajes. Es una joya verde enclavada en Centro América.

Diego Alarcón

En Chirripó, desde las montañas se ven los lagos azules, a veces cubiertos de nubes. Entre las rocas y la vegetación de tanto en tanto aparecen coyotes, conejos que huyen, quetzales que alzan vuelo. También hay coyotes en Santa Rosa, ese lugar al borde de la playa en el que antaño los lugareños batallaron contra un invasor del norte llamado William Walker. Muy cerca, en Guanacaste, alrededor de 140 especies de mamíferos, cientos de aves y reptiles se funden entre el bosque tropical que se abre paso por las laderas de los volcanes Orosi y Cacao. Pero si de volcanes se trata, la mejor vista está cerca del Arenal con sus erupciones espontáneas o del Poas con su cráter convertido en laguna. En cambio, hablando de playas, quizá no haya mejor lugar que la Isla del Coco, una de las favoritas de quienes hablan de las maravillas naturales de mundo.

Costa Rica es un lugar que hasta el momento parece alejado de los problemas del presente, una enorme reserva natural que conserva sus fuertes desperdigados por todo el país. Cerca del 25% de su territorio es distinguido como Reservas y Parques Naturales, un rótulo necesario para evitar que los hombres lleguen con sus grandes estructuras y todo su poder destructivo. De no ser así probablemente ya se hubiera perdido al menos una de las cerca de 840 especies de aves que lo habitan o los delfines y las ballenas que se avistan paseando en canoas cerca de sus costas. En total se trata de 51 mil kilómetros cuadrados que albergan casi el 5% de la biodiversidad mundial. Por alguna razón, que tal vez no resulte sencilla de explicar, hace muchos años, demasiados, la naturaleza la escogió para convertirse en una de sus fortalezas.

Cada año, miles de turistas se encuentran entre el verde de sus bosques y en lo claro de sus aguas. La oferta es amplia, desde pesca deportiva, pasando por la observación de aves, hasta el buceo. Cada lugar tiene potencial de convertirse en sorpresa. Si la búsqueda es por el sol y las playas las brújulas apuntarán hacia el occidente, hacia el Pacífico que bordea la provincia de Puntarenas. La ciudad capital tiene el mismo nombre y es célebre entre los visitantes por el llamado Paseo de los Turistas. Son varios kilómetros de vía peatonal, donde se levantan a la vera hoteles, bares y restaurantes. Desde allí se ven llegando los cruceros que desembarcan en su muelle.

Dentro de los confines de la provincia aparece el Parque Nacional Manuel Antonio, rico en fauna, en flora y dueño de una de las mejores playas del país. Al estar de pie frente al mar, el agua parece encendida por el sol y a la espalda en el bosque tropical todo es tranquilidad y nada es de cemento.

Hoy en día se le llama ecoturismo, turismo en armonía con naturaleza. No obstante, la oferta que Costa Rica ofrece a los visitantes no se limita a los manglares y a las playas que por años han intentado conservar su virginidad sin permanecer aisladas de los habitantes. La aventura, de igual modo, se presenta con rostro de bongee jumping, buceo, rafting y caminatas por lo más alto de los bosques, con puentes colgantes o atados en lo más alto de los árboles. En Costa Rica las leyes las impone la naturaleza.

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