11 May 2016 - 2:00 a. m.

De paseo por Vancouver

Una ciudad que transpira cultura, historia y biodiversidad, que invita a admirar el progreso y la belleza de la naturaleza.

Redacción Buen Viaje

No se equivocan las listas de destinos cuando catalogan a Vancouver como una de las mejores ciudades del mundo para vivir. Su baja tasa de criminalidad, impresionante desarrollo en infraestructura y la alta calidad de vida de sus habitantes la convierten en el sueño de cualquier persona. Y si es buena para largas temporadas, resulta increíble para unas vacaciones.

Su paisaje es una de los mejores postales del mundo: enormes edificios de vidrio contrastan con las imponentes montañas, que en verano descrestan con su intenso verde y en invierno regocijan con toneladas de nieve sobre ellas. Esta metrópoli lo tiene todo y eso hace que los planes sean tan variados. En la mañana se puede esquiar y en la tarde dar un paseo en velero.

Haberse consolidado como un lugar de progreso, en parte, se ha debido al reconocimiento y valor que los canadienses le otorgan a su historia. O por lo menos así han querido mostrarlo a través del turismo con homenajes a sus antepasados. El barrio Gastown es ejemplo de ello. Es un pedazo del siglo XIX instalado en medio de la contemporaneidad. Es el retrato de la pequeña colonia de Granville, que en 1886 sería reconocida como Vancouver: calles empedradas, edificios pequeños repletos de ventanas, estatuas, jardines, casas coloniales al estilo inglés y el famoso reloj que funciona a vapor adornan este espacio atestado de restaurantes y cafés. No en vano hoy es uno de los escenarios en donde más se filman películas antiguas.

Otro atractivo es el barrio chino (Chinatown). En medio del ruido, los habitantes de este rincón de la ciudad abren sus puertas para ofrecer sus mejores productos, que van desde aparatos electrónicos y artesanías hasta materiales para la cocina o la medicina. Allí se encuentra el bello Dr. Sun Yat-Sen, una reproducción de los antiguos jardines chinos con edificios, plantas, árboles y diseño paisajista, que lleva a disfrutar de un momento de tranquilidad en medio del sonido citadino.

Si bien estas zonas son muy interesantes, hay otras que sin duda exponen mejor cómo es la ciudad hoy. Una de ellas es Canada Place, sede del Centro Mundial de Comercio de Vancouver, que por su diseño blanco y moderno y su ubicación (en pleno corazón de Vancouver) cobra protagonismo en el camino de los turistas que llegan por vía terrestre o marítima, en los cruceros que navegan sobre las heladas aguas del Pacífico.

Muy cerca, a tan solo unas cuantas cuadras, está el Harbour Center, un rascacielos que se terminó de construir en 1977 y desde el cual se aprecia la mejor panorámica de Vancouver. Además de la vista, llama la atención el ascenso en elevadores de cristal y el restaurante giratorio, ideal para compartir en pareja.

Una vez fuera del centro, sobresale Stanley Park, una enorme reserva natural de 400 hectáreas, apetecida por los visitantes para hacer ejercicio, picnics y observar la fauna silvestre, como ardillas, mapaches y gansos canadienses. Este pulmón verde alberga Grouse Mountain y Mount Seymour, dos enormes montañas que custodian la ciudad canadiense. Además, cuenta con el Acuario de Vancouver, el más grande de Canadá, con centenares de especies provenientes desde el Ártico hasta loFs trópicos, como orcas, tiburones, leones marinos y nutrias.

En Stanley Park también está ubicado el famoso puente Lions Gate, cuya infraestructura conecta al centro con el norte y el oeste de la ciudad. Desde aquí se puede pasar por el puente colgante de Capilano, construido en 1889 y considerado una de las atracciones favoritas de los turistas, quienes se emocionan con la sensación de vértigo que producen los 70 metros de altura de esta infraestructura que cruza el río Capilano.

A 125 kilómetros está Whistler, una cabaña alpina que ofrece servicios de hospedaje, pistas para esquiar con varios niveles de dificultad, clases de esquí, renta de equipos y venta de ropa de invierno, así como un concurrido corazón turístico con bares, tiendas y restaurantes; un lugar soñado para los amantes de la nieve.

Y para finalizar esta travesía, reserve una tarde para ir hasta Vancouver Island, ver caer la tarde y disfrutar de las tranquilas aguas de la provincia de Columbia Británica. Este paseo puede hacerse en ferry, carro o a pie, pero lo más importante es que se deje maravillar con la fauna y la flora que ofrece este pedazo de tierra lleno de senderos, lagos y cataratas.

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