19 Feb 2014 - 3:41 a. m.

Dormir en una cápsula

Habitaciones estrechas, de dos metros de longitud, uno de alto y 1,30 de ancho, pero con todas las comodidades, se han convertido en la alternativa para viajeros y empresarios.

Redacción Especiales

Cuando acaba la hora pico, docenas de ejecutivos ingresan casi en hilera hasta el vestíbulo del hotel. Son parcos. Apenas entregan unas cuantas monedas y se pierden con sus portafolios entre los pasillos que conducen a las habitaciones. Parece un movimiento mecánico. Han decidido hospedarse en un hotel cápsula luego de perder el último tren que los llevaría de regreso a casa, a las afueras de Tokio (Japón).

No tienen otra alternativa. En la ciudad más poblada del mundo, con más de 26 millones de personas, cada centímetro es valioso y el precio de muchos de los lujosos hoteles están por las nubes. Una noche en una cápsula, por el contrario, no cuesta más de 40 dólares.

Mientras para los nipones es una estadía rutinaria desde hace más de 35 años, los turistas se maravillan con la estructura del hotel. Antes de ingresar a la zona de las habitaciones reciben una toalla, la yukata (un albornoz japonés) y la llave del lugar en donde deben dejar la maleta y los zapatos. Allí les entregan unas pantuflas que deberán utilizar durante su estadía.

En su paso hacia la habitación, suelen observar con misticismo las cápsulas que se levantan unas sobre otras y pueden percatarse de cuáles están ocupadas y cuáles vacías, según lo indica una luz en la puerta del habitáculo. Sus visitantes coinciden en que el interior es lo más parecido a la cabina de un avión: todo es reducido, de dos metros de longitud, un metro de alto y 1,30 metros de ancho, para una sola persona y, en la mayoría de los casos, recubierto con fibra de vidrio.

Así lo asegura Mauricio Rincón, un colombiano que por curiosidad decidió pasar una noche en el Capsule Ryokan Hotel, en la ciudad de Kioto.

“Adentro hay un televisor pequeño, radio, aire acondicionado y en algunos casos servicio de wifi. En una habitación hay varias cápsulas y las paredes son delgadas. Así que es muy importante no hacer mucho ruido para no despertar a las personas que están ahí”. Él, sin embargo, no tuvo que hacer el ritual de la yukata y las pantuflas, que es preservado por los hoteles más tradicionales.

Lo que sí se sigue resguardando en todos es el carácter comunal de los servicios que se ofrecen. “Los baños y las duchas deben compartirse, porque se supone que es un lugar de paso, para personas que descansan y siguen hacia su destino”, agrega Mauricio.

El concepto de los hoteles cápsula, sin embargo, se ha transformado. Ante la falta de espacio, los empresarios japoneses siguen ofreciendo habitaciones pequeñas pero lujosas y con servicios exclusivos. Los han catalogado ‘hoteles cabina’ y están presentes en Osaka y Kioto. Al igual que sus antecesores cuentan con una puerta o cortina y es inevitable escuchar los ronquidos del vecino.

Poco a poco este tipo de hospedajes se han expandido alrededor del mundo y actualmente es común verlos en aeropuertos de Londres, Ámsterdam o Moscú. Se reservan por horas a ejecutivos que necesitan dormir un poco, viajeros que esperan hacer una conexión y turistas curiosos que desean vivir la experiencia de dormir en la estrechez de un armario.

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