29 May 2012 - 10:57 p. m.

Ecoparaísos

La tendencia mundial de impulsar la construcción de hoteles con conciencia ambiental se vuelve realidad en el país.

Redacción Buen Viaje

Ya no suena tan lejana la idea de hospedarse en un hotel que mientras brinda todas las posibilidades de lujo y descanso, asimismo está ayudando al medio ambiente con el control de sus emisiones de CO2 o el consumo de energía. Tampoco es un concepto exclusivo de las ciudades europeas con hoteles de techos verdes ni de sitios extravagantes ubicados en islas donde la noche puede costar dos mil dólares.

Los hoteles ecológicos dejaron de ser un asunto de moda y privilegio para transformarse en una cuestión de conciencia. Este es el momento en que la oferta se extiende a lugares como Nihiwatu, en Indonesia, en el que sus bungalows están fabricados por artesanos que emplean exclusivamente productos locales y donde sus empleados usan biodiésel obtenido de los cocos.

Igualmente en Copenhague, la capital de Dinamarca, un hotel llamado Crowne Plaza Copenhague Towers, con fachada de la que cuelgan placas solares por los cuatro costados y en el que los usuarios generan energía al pedalear las bicicletas estáticas del gimnasio. En Italia, por ejemplo, se encuentra Masseria Torre Maizza, famoso porque todos los materiales que hay en el hotel son reciclados, incluido el sistema de riego del campo de golf.

En Latinoamérica el tema ambiental también ha cobrado fuerza en países como México, Argentina, Chile y Uruguay, donde está localizado la Estancia Vik, que implementa un programa completo de recolección de agua, energía eólica, reciclado y la aplicación de paneles solares.

La tendencia verde recreada en hoteles entró a nuestro país en 2010, cuando en febrero de ese año se abrieron las puertas del AR Hotel Salitre en Bogotá. La edificación de 20 pisos con spa, centro de convenciones, centro de negocios y suites, revolucionaba la escena con la promesa de que su diseño había sido concebido para consumir 30% menos de energía y agua que los hoteles tradicionales, aparte de ser el primero de su categoría en incluir circuito de reciclaje de aguas usadas tanto en la ducha como en el lavamanos.

A partir de allí, un poco más lento que en otros lugares de América Latina pero con la misma obsesión de construir hoteles que impulsaran aquella conciencia ambiental, se esparcieron dichas prácticas por las regiones de Colombia, con la consigna de que hay que seguir buscando el desarrollo sostenible con modelos más avanzados.

Hoy la oferta llega hasta el Hotel Playa Scondida en Barú, que entre manglares y bungalows fue creado para preservar el medio ambiente con agua lluvia tratada que surte los baños y los campos de vegetación. Además de haber sido construido con materiales autóctonos del lugar.

En el Pacífico, a 30 minutos en lancha de Nuquí, está localizado uno de los ambientes más exóticos de la región, en el que se une el mar con la selva. El Cantil, un hotel en el que se explora la gastronomía local, es refugio de turistas que quieren descansar, practicar buceo, realizar largas caminatas, ver ballenas y caer rendidos ante un paraíso natural.

Santa Marta, a su vez sede de eternas contemplaciones, tiene en su larga lista de hoteles uno llamado Playa Koralia, preferido por los románticos y por quienes apoyan las iniciativas que permiten mezclar el bienestar con las muestras nativas. Allí, la desconexión del agite de la ciudad es un verdadero escape en el que se restringen las carnes rojas y se opta por un menú más saludable.

Si bien estos ejemplos involucran de alguna manera el mar como anzuelo de hospedaje, Bogotá no es ajena a las propuestas ecológicas. Recientemente el Hotel B3 Virrey fue inaugurado con el lema de ser una opción de confort funcional sostenible.

El edificio, al que se le invirtieron más de $22.000 millones, opera con luces led para disminuir el consumo de energía y tiene una fachada verde viviente que al consumir CO2 produce un aire más puro para la capital. Por otra parte, los bolígrafos que entregan a sus huéspedes están fabricados a base de fécula de maíz y optan por la recolección de agua lluvia para mantener tanto la fachada como las zonas comunes.

La tendencia ambiental a cargo de los hoteles, que ya es prácticamente una directriz al construir, está invadiendo los proyectos en Colombia para brindar a sus huéspedes las suficientes comodidades en sus itinerarios de viaje con un sello ambiental indiscutible.

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