26 Dec 2010 - 1:50 a. m.

El año de todas las plagas en Haití

Al devastador terremoto que destruyó casi todo el país se sumaron las traumáticas labores de reconstrucción, el huracán tomas, una epidemia de cólera y las polémicas elecciones.

Alba Lucia Sánchez C.* / Especial para El Espectador

Para Haití, 2010 comenzó esperanzador. Con elecciones en el horizonte político se pensaba en nuevas posibilidades para la realización de planes y proyectos. Aunque las palabras crisis, pobreza y sufrimiento son las más escuchadas en este país caribeño, nunca me hubiera podido imaginar que este sería un año de tantos sufrimientos: ¡El año de todas las plagas!

Martes 12 de enero, 4:53 p.m. Un terremoto de magnitud 7,3 grados sacude la isla. ¡Sentí que el planeta se iba a destruir completamente! Nuestra casa sufrió múltiples fisuras, algunas de gravedad. Además, mi familia perdió a una persona, mi cuñado. Otras familias lo perdieron todo: familia y hogar. La tragedia fue de tales dimensiones que contar los muertos fue imposible; unos dicen que fueron 250.000 víctimas y otros, 300.000. La verdad es que nunca lo sabremos exactamente.

Leímos historias de vida y muerte, pero poco se habló de la solidaridad que surgió por todas partes, algo positivo y esperanzador en medio de la devastación. El mundo entero se conmovió y a nivel interno las cosas fueron parecidas. Junto con otros vecinos del barrio empezamos a ayudar a los que lo habían perdido todo y estaban agrupados en diferentes “campamentos”, con el miedo en el corazón. La distribución de ayudas duró hasta finales de junio. Continué organizando jornadas educativas y recreativas para los niños y llevando alimentos al orfanato que hay en el barrio.

En junio se hablaba del dinero que la comunidad internacional ofrecía para la reconstrucción. En casa, los trabajos, aunque costosos, tuvimos que empezarlos para poder volver a dormir en mejores condiciones porque hasta junio estuvimos bajo la carpa que nos ofrecieron.

Viernes 24 de septiembre. Una depresión repentina, un viento muy fuerte, azotó a Puerto Príncipe dejando como saldo un muerto y varios heridos graves, además de muchas pérdidas materiales. En nuestros campamentos no hubo daños significativos.

Viernes 22 de octubre. La OMS confirmó la presencia del cólera en dos departamentos. Eso era lo temido debido al nivel alarmante de insalubridad, de falta de educación. Hoy se habla de 2.000 muertos y de más de 50.000 infectados. Mi misión ha sido conseguir pastillas purificadoras de agua para distribuirlas, porque el cólera no puede llegar a nuestras puertas.

Viernes 5 de noviembre. El huracán Tomás, de categoría 1, golpea los departamentos del sur y el suroeste de Haití. Si un aguacero es una calamidad en este país sin estructuras, sin medios, el paso de un ciclón se vuelve una real catástrofe. El saldo fue de 20 muertos y 7 desaparecidos, además de las zonas inundadas. En caso de ciclones, una casa de concreto es el mejor refugio. Pero no sabía que faltaba otro tipo de plaga: la del egoísmo, la trampa, la desestabilización.

Domingo 28 de noviembre. Jornada electoral truncada por fraude. ¿Qué tan masivo? Nueva catástrofe. Un nubarrón que oscureció más la efímera esperanza. Por un lado, se alebrestó a todos los que no pueden soportar más la inacción de los “responsables” y sacó de quicio a los que llevan meses bajo carpas, pero por el otro, mostró robo y pillaje. Así, con el país paralizado, estamos perdiendo la Navidad y la posibilidad de expresar mejores deseos para un 2011 más clemente y, ¿por qué no?, optimista para Haití.

En francés hay una expresión que se utiliza cuando el colmo se instala: “La cerise sur le gateau” (La cereza encima del pastel), el toque de gracia. En el caso haitiano, tengo la impresión de que el nuestro es un pastel con ¡una hilera ascendente de cerezas! ¿Las 5 plagas no son suficientes?

Sea por la naturaleza o por la imbecilidad humana, casi todos estamos sufriendo las consecuencias. Hoy todo me parece más difícil y doloroso. Haití me ha dado mucho a nivel familiar, me ha permitido conocer a fondo mis fuerzas y debilidades. Si decido quedarme, sé que tendré que seguir luchando porque es un país escuela de tenacidad, aguante y sobre todo, de perseverancia. Un amigo marroquí me dijo: “Haití es un infierno con algunos paraísos; pero ciertos paraísos son más bellos que el mismo paraíso”, y eso ¡me encantó!

 * Bogotana que vive hace 19 años en Haití.

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