23 Sep 2015 - 3:24 a. m.

El color especial de Sevilla

A ritmo de flamenco, esta ciudad cautiva a sus visitantes con sus calles adoquinadas, edificaciones Patrimonio de la Humanidad y exquisitas tapas con sabor a Mediterráneo.

Redacción Buen Viaje

Hay algo de Sevilla que encanta. Así dice una canción muy popular que está en el corazón de muchos de los habitantes de esta ciudad del sur de España, que en sus calles huele a azahar y, como una mujer, es cariñosa, morenita, gitana y hermosa. Con casi 700 mil habitantes, es la cuarta ciudad de España y se levanta a orillas del río Guadalquivir, siendo dueña de una destacada riqueza cultural e histórica y una importante oferta turística tan variada como sus plazas y terrazas.

Sevilla enamora por los oídos a través de su inconfundible flamenco, la música más representativa de la maravillosa región andaluza. Una mezcla de las guitarras, las castañuelas y los melismas de las voces que cantan y que, a su vez, es interpretada por los cuerpos danzantes de las bailaoras, dentro de un traje que las impregna de sensualidad.

Esta tradición musical se vive en las calles, en los tablaos flamencos, en las peñas o los barrios más populares, siendo una de las razones por las que quienes la visitan pueden disfrutar de este arte, considerado desde 2010 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Sevilla envuelve cuando se camina sobre los adoquines que adornan la Plaza de España, uno de los edificios más representativos de la arquitectura regional de Andalucía; o cuando se recorre el parque de María Luisa, rodeando fuentes y estatuas que lo convierten en un museo al aire libre.

Y si de historia se trata, esta ciudad no se queda corta: su catedral Santa María de la Sede de Sevilla no sólo es la iglesia gótica cristiana con mayor superficie del mundo, sino que es parte del atractivo arquitectónico de España, declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad, junto al Real Alcázar, el afamado conjunto de palacios protegidos por una muralla, considerado uno de los símbolos sevillanos de la Edad Media.

A este paseo se puede agregar una caminata por el Puente de Isabel II, conocido como puente de Triana, construido en el siglo XII y que actualmente une el centro de Sevilla con el barrio Triana sobre el río Guadalquivir. Es el puente de hierro más antiguo conservado en España. A un poco más de un kilómetro de este lugar se encuentra el Palacio de San Telmo, considerado uno de los más bellos edificios del barroco sevillano. Sus colores amarillo y rojo adornan la esquina donde se encuentran la avenida Roma y la calle Palos de la Frontera. Hoy, alberga la presidencia de la Junta de Andalucía.

También brilla el Archivo General de Indias, creado en 1785 para centralizar la documentación de las colonias españolas en el mundo y en donde aún se conservan millones de documentos.

La riqueza arquitectónica de Sevilla parece hacerles compañía a su música y, en especial, a su gastronomía, como elementos de un paquete que no pueden quedar separados. Platos marcados por su clima y su cercanía al mar, en los que el aceite de oliva es uno de los ingredientes principales.

Una de las recetas más populares y conocidas de la cocina sevillana son las tapas, tan diversas que para su preparación pueden utilizarse innumerables ingredientes y estilos que crean pequeños bocados de múltiples sabores. Champiñones, chorizo, salmón, anchoas o cebolla caramelizada forman parte del menú.

El recorrido gastronómico sigue con sus ensaladas, las huevas de sábalo, los pinchos morunos, los caracoles y las aceitunas, acompañadas, como es debido, de un buen vino de tierras vecinas, como el de Jerez o de Aljarafe.

Esta joya de la historia española envuelve a quien la visita en cada rincón y con su encanto estimula los sentidos y se graba en la memoria.

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