26 Dec 2010 - 1:48 a. m.

El nuevo parque natural Bahía Málaga

Para el medio ambiente de Colombia, la creación de este parque nacional natural es una decisión trascendental.

Mary Louise Higgins* / Especial para El Espectador

En 1991 visité por primera vez Bahía Málaga. Ese viaje permanece en mi memoria como si hubiera ocurrido ayer. Me impresionó la realidad social y me maravilló la belleza natural de la costa y la bahía, así como la inmensidad de sus bosques y, por supuesto, la ballena jorobada, que encuentra en Bahía Málaga las condiciones óptimas para su reproducción. Cuando volvía a Buenaventura conocí el clima contrastante y usual del Pacífico, que de un momento a otro pasa de un cielo azul y soleado a un aguacero intenso y cegador. Me sentí desafiada por las amenazas y las presiones que observé —algunas de las cuales persisten— y además motivada por el interés de promover acciones de conservación en esta área.

Casi 20 años más tarde ese interés es mayor y trasciende a múltiples niveles y sectores. Su base —y he aquí lo más importante— es el compromiso de las comunidades afrodescendientes locales para conservar Bahía Málaga. Ha habido un gran cambio. Hoy Málaga es un Parque Nacional Natural, una incorporación significativa al Sistema Nacional de Áreas Protegidas, que modificó el contexto y el debate en torno a una de las amenazas más antiguas a la integridad de la bahía: la propuesta de desarrollar una infraestructura portuaria. Soy apenas una persona entre muchas voces que promovimos la declaratoria del parque y tengo el sentido de la satisfacción y de haber logrado algo. Pero no es la sensación de haber ganado una batalla, sino de haber sido testigo de una decisión que se tomó correctamente.

Muy pocas veces se ha visto que las áreas protegidas o los proyectos de conservación generen un debate tan intenso y acalorado en Colombia, aunque esto está cambiando. La sostenibilidad ambiental gana cada vez más espacios en la agenda política y hace parte de la preocupación ciudadana. Bahía Málaga desafió el paradigma y demostró que la conservación y el desarrollo deben equilibrarse. Tomó varios años, aunque sólo fue público durante los últimos doce meses debido a la cobertura de los medios y a su interés por crear conciencia y conocimiento sobre el tema, y la migración y reproducción de las ballenas jorobadas. En octubre de 2009 absolutamente todo estuvo listo para que el área fuera declarada pero, en realidad, fue cuando el verdadero debate comenzó.

Desde el principio buscamos un diálogo constructivo sobre las propuestas de conservación y desarrollo para la región y el país. Aportamos información para los análisis en curso en 2007 y 2008 relacionados con la viabilidad social y ambiental del desarrollo portuario, la biodiversidad de la región (incluyendo la ballena jorobada), y trabajamos junto con representantes de las comunidades y del gobierno, nacional y regionalmente. El asunto durante mucho tiempo ha sido que, debido al valor de Málaga para la conservación, un puerto no se justifica si existe una alternativa en un área intervenida y además cercana, como es Buenaventura.

Nuestro mensaje es consistente. Málaga es única y aporta la representatividad de diversos ecosistemas costeros como parte del sistema de áreas protegidas. Si es técnicamente factible mejorar el puerto de Buenaventura, es allí donde la inversión debe llevarse a cabo. Esto lo debatimos y discutimos con Planeación Nacional, Ministerio de Transporte y Parques Nacionales. El mensaje unificado y consensuado de las comunidades locales y los conservacionistas fue claro y tuvo eco, pero la presión política fue aún mayor, especialmente en un año electoral.

Los argumentos técnicos han sido instrumentos eficaces, pero no podemos ignorar la persistencia, la pasión y los sentimientos que están detrás de ambos lados del debate. Y no puedo negar la alegría y la emoción que siento al palpar los frutos de todo este trabajo. Es algo a lo que hemos aspirado por un tiempo muy largo. Claro que sólo es el comienzo. El trabajo en Málaga todavía no termina; hay otras amenazas, como la extracción ilegal de madera de los bosques que protegen la bahía. Sé que algún tipo de puerto aún es posible en el marco del decreto, pero las reglas del juego son diferentes y el valor natural de Bahía Málaga ya es plenamente reconocido como un Parque Nacional, junto con otras categorías que fueron declaradas en 2008 por la CVC (Parque Natural Regional y DMI).

Siempre hay ventajas y desventajas en cualquier decisión sobre medio ambiente y desarrollo económico. Pero el país y el mundo están en la encrucijada de cómo minimizar el conflicto sobre los usos y los costos ambientales, y cómo equilibrar las demandas del corto y el largo plazo sobre los recursos naturales. El cambio del clima, el potencial incremento e intensidad de sus eventos, así como el actual fenómeno de La Niña, reflejan en parte la débil gestión ambiental y están impulsando un cambio en el debate y la valoración de la naturaleza.

Se requieren consideraciones semejantes para asegurar la sostenibilidad ambiental y la equidad social, mientras están partiendo de su estación las locomotoras de desarrollo propuestas por el actual gobierno (minería y energía, infraestructura, agricultura, vivienda e innovación). La decisión de proteger Bahía Málaga y de invertir en Buenaventura provocó un debate considerable, pero en el largo plazo se verán materializados los grandes beneficios de este hecho. Seguramente se necesitará de la voluntad política para afrontar las amenazas que deterioran la cuenca del río Dagua. Y de nuevo será el tiempo de tomar la decisión correcta. Espero estar aquí para verla.

 * Directora WWF Colombia

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