18 Nov 2015 - 3:31 a. m.

En la Venecia del norte

La capital holandesa cautiva con su atmósfera histórica y moderno estilo de vida. Descúbrala navegando por sus canales y en divertidos paseos en bicicleta.

Redacción Buen Viaje

Los canales que rodean Ámsterdam son sólo uno de los tantos encantos que la hacen única en el mundo. Los otros corren por cuenta de su arquitectura, pintorescos barrios, reconocidos museos, diversidad cultural y una atmófera histórica del siglo XVII, combinada con la mentalidad y estilo de vida de una metrópolis moderna.

Quizás es la pequeñez de sus edificios, la intimidad de sus plazas o la variedad de propuestas para divertirse en las noches, eventos y exposiciones, los que crean un ambiente que los visitantes no quieren dejar de sentir. El recorrido para conocer esta extraordinaria ciudad puede comenzar desde varios lugares, dependiendo del espíritu del viajero. La recomendación para quienes anhelan una travesía más cultural es iniciar por la casa de Ana Frank, ubicada en el centro de la ciudad.

El diario original, en el que consignó durante más de dos años la vida cotidiana de su familia mientras se escondía de los nazis, se exhibe junto con otras de sus libretas como parte de una exposición permanente. Las colecciones temporales se centran en la persecución de los judíos durante la guerra, el fascismo contemporáneo, el racismo y el antisemitismo.

Aunque en total la ciudad cuenta con 75 museos que atraen a casi siete millones de visitantes cada año, los más reconocidos y populares son el Rijksmuseum, el Museo Van Gogh y el Museo Stedelijk. Lo mejor para quienes deseen recorrerlos todos es adquirir la tarjeta I Ámsterdam City Card, para obtener descuentos e incluso entradas gratuitas.

Ámsterdam, también llamada la Venecia del Norte por los numerosos canales que la cruzan, es famosa por su creatividad y espíritu comercial. Por eso, aunque el motivo principal del viaje no sean las compras, difícilmente es posible librarse de pasar la tarjeta de crédito. Kalverstraat, Nieuwendijk y PC Hooftstraat son las principales avenidas para disfrutar de esta actividad. En ellas se encuentran los almacenes de las marcas más reconocidas y lujosas. En las estrechas callejuelas y a orillas de los canales hay pequeñas y exclusivas boutiques, tiendas de antigüedades y establecimientos que llaman la atención con sus diseños vanguardistas.

Quienes prefieren buscar precios más económicos pueden visitar los mercados, en donde además de frutas y verduras se venden libros y ropa usada. Lo más interesante de estos lugares es que permiten disfrutar de un ambiente único y de la simpatía de los habitantes. Son perfectos para acercarse a un Ámsterdam más genuino y conocer Holanda desde adentro.

La visita no estará completa hasta hacer un recorrido en bicicleta. Para ello hay guías especializados que organizan paseos por los lugares más populares mientras cuentan historias y hechos relevantes de la ciudad. Estos recorridos también se realizan caminando; la clave es asegurarse de que se trata de una excursión personalizada, que permita descubrir las facetas ocultas de este destino.

Por supuesto, uno de los planes imperdibles es recorrer a bordo de un crucero los canales, reconocidos en 2010 por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad. Además de ser un telón de fondo espectacular para admirar el centro histórico, navegarlos es una forma única de conocer la ciudad. Los recorridos están disponibles en varios idiomas.

¿Qué no se deben perder quienes visitan Ámsterdam por primera vez? La lista puede ser infinita. Sin embargo, hay lugares que se pueden clasificar como obligatorios: las letras de I Ámsterdam, situadas detrás del Rijksmuseum, en la Museumplein, que se han convertido en un ícono de la ciudad; el Palacio Real, en la plaza del Dam, que sigue siendo habitado por la familia real holandesa; el puente delgado, que en el pasado era tan estrecho que apenas podían cruzarlo dos personas a la vez —para lidiar con el creciente tráfico, el puente original se reemplazó por uno más ancho desde el siglo XIX—; la Biblioteca Pública, con un área de 28.000 m² y 25 km de estanterías, considerada la más grande de Holanda, y los siete puentes. Aunque Ámsterdam tiene muchos, probablemente la vista más sorprendente es la que se puede apreciar desde el Reguliersgracht, con sus siete puentes de ladrillo uno cerca del otro.

Y para que nada falte en esta travesía qué mejor que deleitarse con los platos más típicos: sopa de guisantes, sabrosas tortas al estilo crepé (pannenkoeken), croquetas de carne (kroketten), papas fritas cortadas muy gruesas (patat) y diferentes presentaciones de carne y puré de papas (stampot). Para los amantes de la arquitectura, la historia, la cultura, la comida y las compras, las opciones en Ámsterdam parecen ilimitadas.

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