11 Nov 2015 - 3:20 a. m.

Feng-huang - China, atrapada en el tiempo

El encanto de esta ciudad china reside en la conservación de la arquitectura, que se mantiene intacta al igual que sus dialectos y costumbres.

Redacción Buen Viaje

Casi no se escucha su nombre ni aparece en los libros, pero Feng-huang es una de las ciudades más bonitas de China y se reconoce a simple vista en el vasto territorio de este país por sus casas tradicionales que se aglomeran a orillas del río Tuo Jiang como si esperaran un desfile.

Es el condado del Fénix, dividido en dos partes por las aguas claras del río, que lo cruzan de oriente a occidente y que, además de ser un medio de transporte, ha sido el sustento de la vida de esta población durante generaciones y el responsable de un paisaje que enamora a las cámaras. No hay foto de Fenghuang sin el Tuo Jiang.

Esta tradicional ciudad está ubicada en el extremo occidental de la provincia de Hunan y es, precisamente, el estado de conservación de su arquitectura, de sus dialectos y costumbres lo que la convierte en una de las urbes más atractivas para el turismo local y extranjero. Se puede recorrer en un día, apreciando escenas como las de las mujeres que lavan la ropa en el río, hombres con chalecos chinos antiguos y niñas en trajes tradicionales que se pasean por las calles y hacen sentir a los viajeros como si estuvieran emprendiendo un viaje en el tiempo.

A pesar de su belleza histórica, Fenghuang no fue siempre una ciudad para el turismo. De hecho, en los años anteriores a la década de los ochentas, esta actividad era escasa y sus habitantes tenían un nivel de vida bastante bajo. La principal fuente de ingreso era la explotación de los bosques.

Las casas que bordean el río, construidas sobre pilotes de madera, son los hogares de los miaos —un grupo étnico que habita en China, Vietnam y Tailandia, salió de las cuevas y llegó hasta estas tierras en los tiempos de la dinastía Qing—, y sus colores rojizos hacen un juego impresionante con el espeso verde de las montañas que rodean la población.

En las épocas en que la niebla se posa sobre la superficie del agua y a duras penas se logra ver a los pescadores dirigiendo sus pequeños botes con remos que, como en Venecia, tocan el fondo, el ambiente se torna especial. Parece el escenario de una película de misterio.

El mágico casco antiguo de Fenghuang, a poca distancia del río, es el sitio mejor ubicado para hospedarse, no sólo por la variedad de opciones que se ajustan a todos los bolsillos, sino por su cercanía con sitios turísticos de interés, como la casa centenaria de Shen Congwen, una de las principales figuras de la literatura china del siglo XX; el templo de los Tres Reyes, el palacio Chaoyang, el puente Estrecho, tan angosto que con esfuerzo lo pueden cruzar dos personas al tiempo, y decenas de calles donde las artesanías populares se venden de lado y lado.

Durante un breve recorrido por el centro histórico es posible probar el sabor amargo y picante de la comida característica de la zona, en platos preparados con rábano, queso de soya, vinagre, pescado o el tradicional tofu y la sopa de verduras.

Para terminar la visita a este rincón de China qué mejor que llegar a otro punto de álgido movimiento turístico. La Gran Muralla del Sur, a unos diez kilómetros de Fenghuang. Tiene 2,3 metros de alto, 1,7 de ancho y atalayas de diez metros. Hasta el año 2000, cuando un grupo de arqueólogos descubrió un tramo de 200 kilómetros, se puede decir que era muy poco conocida. Hoy, este vestigio de las guerras entre la dinastía Ming y la etnia miao recibe casi la totalidad de los viajeros que se animan a conocer Fenghuang.

Desde Occidente, China se ve como un destino bastante exótico, tanto por la riqueza de su historia como por las grandes diferencias culturales, y es así como Fenghuang, un lugar que se resiste al paso del tiempo, se convierte en el ejemplo más palpable de aquello que consideramos inusual, misterioso y a la vez absolutamente encantador.

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