28 Sep 2016 - 5:00 p. m.

Filadelfia, un destino para vacacionar con niños

Además de transpirar historia, las calles de una de las ciudades más antiguas de EE. UU., cuna de su independencia, están llenas de tiendas libres de impuestos, parques y espacios para disfrutar en familia.

Mariana Suárez Rueda

“Prohibido entrar con armas o usando pasamontañas”, se leía en el cartel que colgaba en una tienda a una cuadra de la estación del metro de la calle 46. Fue inevitable el vacío en el estómago mientras cambiábamos unos dólares por tokens, la moneda que se utiliza para movilizarse en metro.

Nos hospedábamos a tan solo un par de cuadras, así que los primeros días estuvimos prevenidos. Pero nunca sucedió nada. Según las guías de viajes, Filadelfia es una de las ciudades más seguras de Estados Unidos y no solo eso: también una de las pocas donde los espacios públicos parecen pensados para el disfrute de los más pequeños.

A diferencia de muchas de las estaciones de Nueva York, por ejemplo, en todas las paradas del metro de Filadelfia hay ascensor. Así que movilizarse con coche no se convertirá en una pesadilla.

El carro es una comodidad a la que no deberían renunciar quienes no se hospeden en el centro o sus alrededores, pues así no sólo optimizan tiempo, también pueden conocer con mayor facilidad divertidos museos y parques ubicados en diferentes zonas de la ciudad.

El Please Touch Museum es uno de ellos. Sobre la avenida Republic queda esta impresionante edificación, en cuyos jardines sobrevuelan mariposas de colores que casi se dejan tocar. Es la bienvenida a un espacio donde todo está al alcance de las manos.

El laberinto de Alicia en el país de las maravillas, un carrusel con caballos de colores que gira al ritmo de la música, pistas de agua sobre las que flotan patos de hule y barcos de plástico, un bus para que los niños jueguen a conducirlo o a ser los pasajeros, una zona de taller y lavado de carros, un hospital y un supermercado son algunos de los atractivos. Sus puertas se abren a las 11:00 a.m. y se cierran a las 5:00 de la tarde.

Otro museo que vale la pena está en pleno centro de Philly, como se le dice cariñosamente a esta urbe que en el siglo XVIII llegó a ser más importante que Boston o Nueva York, y en la que el 4 de julio de 1776 se declaró la independencia de Gran Bretaña. Se trata de la Academia de Ciencias Naturales. Dos dinosaurios, que se mueven y rugen junto a la entrada, prometen una experiencia única.

Son tres pisos de animales: insectos, mamíferos, aves y reptiles. Detrás de enormes vidrios y en medio de un escenario que parece real, se exhiben figuras de las especies más representativas. Es una muestra de la biodiversidad que caracteriza a la Tierra y la oportunidad para enviarles a las nuevas generaciones un mensaje de conservación.

El mariposario, un corredor a temperatura ambiente, poblado de matas y hogar de decenas de estos insectos, y la exhibición de dinosaurios, donde se adecuó un espacio para que los niños, armados con brochas y cinceles, jueguen a descubrir y limpiar fósiles, son dos de las áreas más entretenidas.

Aunque tal vez lo mejor se encuentre al final, en el último piso, donde todo está dispuesto para la interacción. Una colmena de abejas, tortugas, arañas, insectos, títeres y disfraces con forma de animales, una piedra para pintar con tiza, arenera y una caja con colmillos de dinosaurio escondidos a la espera de que algún curioso los descubra invitan a los niños a explorar y hacer volar su imaginación y a los adultos a terminar comportándose como cuando eran niños.

A recorrer la historia

Caminar por el centro, custodiado por los ríos Delaware y Schuylkill, es un plan agradable, especialmente durante las tardes del verano, cuando el sol ya no pica y la brisa refresca. Entrar a todos los edificios más emblemáticos con niños no es, precisamente, lo más aconsejable, en especial si son pequeños porque terminan cansándose, aburriéndose y, con seguridad, habrá que lidiar con una pataleta.

Sin embargo, solamente contemplar su arquitectura desde la calle resulta entretenido. Entre los más importantes se destacan el Independence Hall, donde se firmó la declaración de independencia; el Congress Hall, recinto en el que se reunió el Congreso durante el tiempo en que Filadelfia fue la capital del país, y el Old City Hall, sede del Ayuntamiento entre 1791 y 1800. Otro imperdible es el Liberty Bell Pavillion, donde se preserva la campana símbolo de la libertad.

Este recorrido también le ofrece la oportunidad para apreciar los contrastes de la ciudad: viviendas restauradas del siglo XVIII junto a modernos y altísimos edificios de vidrio y metal. El paseo, necesariamente, debe desembocar en el puerto, uno de los más activos del mundo y el más importante del país.

Enormes embarcaciones sobresalen junto a la costa. Durante el verano, muchos viajeros se animan a pedalear a bordo de gigantescos cisnes. Un parque repleto de árboles de los que cuelgan hamacas, pequeños locales de dulces y comida rápida, un área con juegos y un carrusel miniatura para bebés invitan a divertirse.

En los restaurantes se consigue de todo. Desde las típicas costillas BBQ americanas con papas a la francesa hasta el famoso e imperdible cheeseteak: un platillo local que, básicamente, es un sánduche de carne con queso para chuparse los dedos. Aunque no sean muchos días y con niños, el tiempo pasa volando; también hay que abrirles espacio a las compras, pues son libres de impuestos. Así que se ahorrará una buena suma de dinero.

A 40 minutos en carro está uno de los centros comerciales más grandes de Estados Unidos, King of Prussia; sin embargo, dentro de la ciudad se encuentran prácticamente todas las tiendas y almacenes por departamentos. A Philly vale la pena ir como parte de un viaje más largo que incluya Washington o Nueva York; pero, si hay tiempo y presupuesto, ambas.

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