8 Nov 2011 - 11:00 p. m.

Historias para respirar

El aire fresco de estas ciudades contrasta con el desarrollo vertiginoso que las ha convertido en íconos del comercio y la educación superior.

Angélica María Cuevas G.

Se supo que el terremoto del 18 de mayo de 1875 fue a las 11:15 a.m. porque cuando la tierra se abrió, la torre del reloj se estrelló contra el piso y marcó el instante en que San José de Cúcuta se hizo ruinas. De la casa donde nació Francisco de Paula Santander, del Hospital Central y de las demás edificaciones coloniales no quedó nada.

La ciudad más cosmopolita del país en el siglo XIX se vio obligada a reconstruirse, y fue el arquitecto venezolano Francisco Javier Andrade el responsable de crear una urbe rodeada de árboles y amplias avenidas. Sembrar un árbol en frente de las casas se convirtió en una tradición de las familias cucuteñas. Por eso, la capital de Norte de Santander, donde la temperatura promedio llega a los 28 °C, se conserva verde y fresca.

Este es un departamento que guarda en su pasado momentos trascendentales de la historia patria. A cinco kilómetros de Cúcuta, en el municipio de Villa del Rosario, nació el prócer Francisco de Paula Santander. En la casona, reconstruida tras el fatídico sismo, es posible adentrarse en los detalles de la vida del general: su nacimiento en el seno de una de las familias más ricas de la región, su carrera militar, su amistad con Simón Bolívar —que terminó deteriorándose y llevándolo al exilio— y el nacimiento de la Gran Colombia por manos del Congreso de Cúcuta en 1821.

La cercanía de San José de Cúcuta a Venezuela la ha hecho una ciudad con vocación comerciante. Algo más de 30 manzanas de su zona céntrica conforman una gran área de tiendas al aire libre a la que se unen Ventura y Unicentro.

A la capital de Norte de Santander la abraza por un costado el río Pamplonita, que los cucuteños decidieron bordear con el que se considera el lugar de encuentro más emblemático de la ciudad: el Paseo de los Próceres, llamado por todos el Malecón y que por generaciones ha servido como escenario recreativo para jóvenes, parejas y familias. Los domingos es el lugar predilecto para pasear a las mascotas. A sus costados se venden cholao, obleas, raspao y gaseosa, y en las noches se viste de luces y les ofrece a los visitantes una vista extraordinaria.

La mejor forma de despedirse de Cúcuta es degustándola. Por eso es imposible resistirse a sus pasteles de yuca y garbanzo, al mute, las hayacas y las sopas que permiten deleitarse con la sazón típica colombiana.

Pamplona se siente joven

A 75 kilómetros de la calurosa Cúcuta emerge de la neblina la fría Pamplona, que hace 400 años heredó su nombre de los colonizadores y se consolidó como epicentro de poder y riqueza, gracias a la explotación de su oro. Allí se pelearon a muerte liberales y conservadores y también se vivió de cerca la Guerra de los Mil Días.

Hoy, Pamplona tiene otras riquezas. La llegada de religiosos que impulsaron la educación la convirtió en una urbe pequeña pero interesante. Una ciudad de rostro joven. Bachilleres de distintas zonas del país, incluso venezolanos, llegan tentados por el reconocimiento de uno de los mejores centros de educación superior del país: la Universidad de Pamplona.

Esta ciudad, que se debate arquitectónicamente entre ser o no ser urbe, se ha consagrado al turismo religioso. La celebración de la Semana Santa es uno de los principales acontecimientos y su Museo de Arte Católico es reconocido a nivel nacional.

La tierra del artista Eduardo Ramírez Villamizar también abrió las puertas de un museo de arte moderno que lleva su nombre y reúne parte importante de la obra del pintor y escultor.

Su plaza de mercado, llamada la Casa del Mercado, fue designada monumento nacional y su plaza principal retrata el estilo de vida propio de un pueblo que a veces no se cree el cuento de ser grande. Quizás, allí es donde se concentra la magia de Pamplona: en la gente que conserva la amabilidad del campesino y hace de esta una ciudad poco contaminada y muy distinta al ambiente agitado que se respira en las grandes urbes.

Para recorrer en Cúcuta

El paseo de Los Próceres.

El puente de guadua Arnulfo Briceño.

La catedral de San José.

La Biblioteca Julio Pérez Ferrero.

El Palacio de Gobierno Departamental.

La plaza Santander.

La Casa Museo Torre del Reloj.

Los centros comerciales Ventura y Unicentro.

Los imperdibles de Pamplona

Catedral de Santa Clara.

Casona Universidad de Pamplona.

Casa del Mercado Cubierto.

Mirador de Cristo Rey.

Calle Real.

Museo de Arte Moderno Eduardo Ramírez Villamizar.

Museo de Arte Religioso.

Museo de Anzoátegui.

Para probar: los productos de panadería y los postres.

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