11 Nov 2015 - 3:21 a. m.

Isla Vieques, el secreto de Puerto Rico

No es un secreto que Puerto Rico ofrece multitud de planes y variedad de espacios a los turistas, capaces de convertirlo en el destino perfecto para unas buenas vacaciones.

Redacción Buen Viaje

El Viejo San Juan y El Yunque son sólo algunos de los atractivos de mayor renombre. Sin embargo, entre sus paisajes guarda paraísos naturales para los más exigentes y uno de ellos es la isla Vieques.

Ubicada a 96,2 kilómetros al sureste de San Juan, aunque es pequeña en tamaño, con sólo 33 kilómetros de largo y 7,2 de ancho, cuenta con todo lo que se necesita para conquistar el turismo mundial, posicionándose además como una de las locaciones más apetecidas por los viajeros más exigentes.

Una vez en Puerto Rico existen cuatro opciones para llegar a isla Nena, como también se conoce a Vieques. Se puede tomar un avión desde el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín (el vuelo tiene una duración de 25 minutos); embarcarse en el aeropuerto internacional José Aponte de la Torre (NRR), ubicado en el municipio de Ceiba, y volar por sólo diez minutos; partir desde isla Grande en un trayecto de media hora, o arribar en ferry. A dos horas de San Juan por tierra se encuentra el terminal Fajardo, en donde se puede tomar esta embarcación para estar en Vieques en una hora y media.

Sin importar el medio de transporte o la duración del viaje, la sensación al llegar será la misma: un arribo al paraíso. En Vieques no hay un solo plan para hacer; en realidad, son varios los que la catapultan como la isla con las playas más hermosas del Caribe. Una de las paradas obligadas es bahía Mosquito, un sitio único donde el agua del mar comienza a verse luminosa cuando cae la noche. El océano se transforma en uno de los espectáculos más extraordinarios.

Playa Sun Bay ofrece una variedad de servicios como snorkel, buceo, surf y hasta paseos a bordo de los famosos botes turísticos. No se vaya sin conocer algo de la historia de la Isla Estrella y el lugar recomendado es el fortín Conde de Marisol, construido en 1855 y creado para controlar la entrada y los ataques enemigos de daneses, ingleses y piratas, que hoy funciona como museo y escenario de exposiciones temporales de artistas contemporáneos.

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