29 Jul 2015 - 3:55 a. m.

Islandia, entre el hielo y el fuego

Volcanes, glaciares, auroras boreales, abundantes cascadas, avistamento de ballenas y buenas fiestas son los planes para hacer en este pequeño país.

Redacción Buen Viaje

Islandia sólo tiene una extensión de 103.000 km², pero alberga tantos lugares turísticos como historias por contar. Este es el país que, según la revista National Geographic, tiene los paisajes más increíbles del mundo: volcanes, acantilados, abundantes cascadas y glaciares, hasta la vista de las auroras boreales, hacen parte de este rincón de Europa ubicado entre el mar de Groenlandia, el mar de Noruega y el Atlántico Norte. Muchos aseguran que es un lugar de contrastes y por eso la llaman la “isla de hielo y fuego”.

No es difícil llegar a ella, pues sólo está a cuatro horas en avión desde España. Se llega a Reikiavik, que es la capital, pero es recomendable empezar con las actividades de aventura y finalizar en este punto, donde se puede comprar souvenirs e ir de fiesta, que, por cierto, tiene buena fama en Europa.

La primera parada es uno de los paisajes más maravillosos de este lugar: sus enormes cascadas. Hay dos que llaman mucho la atención de los turistas: Seljalandsfoss y Skogarfoss. La primera es una de las pocas a las que se puede ingresar y disfrutar de un buen baño. La segunda es una caída de 60 metros a cuya cúspide se puede llegar por un camino de 370 escalones.

Después de este buen comienzo, lo ideal es pasar a los géiseres, unas fuentes de vapor de agua que erupcionan y alcanzan una altura de 10 metros. Claro, este paseo es mejor complementarlo con la visita a los glaciares. Islandia tiene el segundo glaciar más grande del mundo, el Vatnajökull, un espacio único de la naturaleza que se puede recorrer en una moto de nieve durante todo el año. Aunque si no queda satisfecho y quiere más, también están los icebergs ubicados en el lago Jokulsarlon, al este del país, donde podrá contemplar el espectáculo más impresionante de la naturaleza: las auroras boreales, durante los meses de otoño e invierno.

Nos quedamos cortos diciendo que es un espectáculo inolvidable, pues, según investigaciones científicas, cada aparición de la aurora boreal es única. En medio del cielo nocturno bailan bandas de color verde que se mezcla con un rosado muy tenue. Pero ¿qué produce este efecto? Detrás de ellas está el sol. Las partículas magnéticas que provienen de él van hasta la atmósfera de la Tierra, a través de los vientos solares, que tienen una velocidad de entre 300 y 1.000 kilómetros por segundo. Allí chocan con las moléculas de aire de nuestra atmósfera y éstas producen su propia luz.

Pero este no es el único show de Islandia. En la ciudad costera de Húsavík se realizan avistamientos de ballenas. Se puede ir en lanchas rápidas o en botes tradicionales, con dos empresas autorizadas. Los guías lo llevarán muy cerca de estos mamíferos, que al parecer sienten la presencia de los turistas, porque no se cansan de nadar y saltar alrededor de ellos.

Aunque todos estos sitios turísticos son sólo una parte de la moneda, la del hielo y el agua, la otra tiene que ver con el fuego. Islandia es uno de los países con más actividad volcánica: tiene alrededor de 200 fenómenos naturales posglaciares, de los cuales 30 han hecho erupción desde que se fundó esta nación. Cada cinco años hay una erupción en esta parte del mundo, lo que provoca los jökulhlaup, que es cuando la lava derrite los hielos.

Siguiendo con la ruta del calor están también las famosas aguas termales. Uno de los sitios preferidos por los visitantes es la laguna Azul, cerca del aeropuerto internacional de la capital. Aunque también hay otras, como Myvatn, al norte de Islandia, que son mucho más desocupadas y seguro lo harán relajarse en medio de paisajes de ensueño.

Antes de finalizar su viaje de aventura, una parada infaltable es Reikiavik. La capital islandesa es sin duda otro lugar que llenará sus expectativas. Las casas son de colores y la ciudad está rodeada por montañas enormes llenas de hielo. Durante el invierno sólo recibe cuatro horas de luz solar al día y durante el verano las noches jamás llegan. Allí hay todo tipo de planes, pues es una ciudad que, aunque pequeña, ofrece muchas alternativas, como la visita a museos, a la playa termal, a los valles y las piscinas al aire libre. Y en las noches está la opción del runtur, una fiesta nocturna muy particular que se ha convertido en tradición y que transforma este lugar en uno de los mejores para salir a bailar. No en vano la llaman la “Ibiza del norte”.

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