29 Jul 2013 - 1:32 p. m.

La Francia suramericana

Junto a Brasil y el Atlántico se encuentra un exótico país que antes fue cárcel de delincuentes europeos.

Redacción Buen Viaje

 Las primeras veces que los franceses decidieron emprender aventuras en el “Nuevo Mundo”, contagiados por la ansiedad y la sed de oro que los españoles despertaron en Europa, se llenaron de temor apenas pisaron estas tierras. Esperanzados en que serían ellos los que hallarían ciudades resplandecientes con lingotes en sus ríos, enviaron barcos con miles de colonos. La pretensión no era otra que nivelar esa eterna competencia por conquistar el planeta, en la que los ibéricos llevaban la delantera. Pero no encontraron nada. Solo una feroz peste que los expulsó a los pocos meses.

Aunque tal vez habían intuido los peligros, en medio de un glamour que quedaba en duda por su opulencia, viajaron ingenuos, repletos de fardos. En ese 1604 recorrieron la ruta que ya, un siglo antes, había trazado Cristóbal Colón cuando, tras descubrir El Salvador, navegó hasta la parte norte de este continente. Esas playas, que eran el inicio de una sinuosa selva, las llamó la Tierra de los Parias. Y ahí llegaron los franceses.

Naturalmente, al aproximarse, sus estómagos sintieron un vacío que era, más que el alivio de estar naufragando durante años sin ver una pizca de arena, un asomo de avaricia por las riquezas que reunirían de fácil manera. Pero contrario a todos los pronósticos, la Guayana Francesa, como las nombrarían haciendo alusión a la etnia wayana, dueña de una parte del sur del nuevo país, los recibió con una vehemente fiereza. Los mosquitos del trópico, los nativos que habían oído rumores de la violencia de Pizarro, Cortés y Orellana, y el inclemente clima que con suerte descendía a 22°C los tomaron por sorpresa.

Los males, entonces, empezaron de repente: dengue, malaria y batallas que, quizás se exageraron con la historia, fueron cobrando innumerables víctimas. Espantados, aguijoneados, moribundos, huyeron a los terruños más cercanos. Las Islas de la Salvación, a once kilómetros de Guayana, los recibieron menos hostiles y menos indómitas. Ahí descansaron y, aunque pareciese un despropósito, trataron de aliviar sus males. Y dejando cientos de muertos, cientos de cuerpos delirantes, partieron a Francia, donde sus historias sobre desvaríos y agonías fueron oídas con miedo y deferencia. Pero si España había conquistado la Nueva Granada, ellos, pretenciosos, no dejarían escapar ni un milímetro de lo que ya era su patria.

Así que reclutaron negros y embarcaron reos. Desde mitades del siglo XIX, Guayana fue el destino de varias de sus condenas. Y justo ahí, cuando ya había una considerable población de sangre europea, apareció, en esos ríos que parecen serpientes tenebrosas, sus doradas piedras.

Toda esa historia, sin embargo, es solo un recuerdo de algunos suramericanos. De hecho, una gran parte de la población poco o nada sabe de la existencia de esos 92.300 km² que limitan con Brasil, Surinam —otro extraño y desconocido lugar— y el océano Atlántico. Y si bien en el pasado fue tan solo una selva descuidada que hasta 1947 se convirtió en departamento de ultramar de Francia, hoy sus riquezas naturales han servido para atraer viajeros que sueñan con ver plumajes de colores y llenar sus pulmones de un aire distinto al de la ciudad.

Desde 2007 el gobierno francés creó el Parque Amazónico de Guyana, una región de más de dos millones de hectáreas repleta de árboles, ríos y animales. En canoas los turistas suelen atravesar la espesura de la selva para hacer excursiones, detenerse a observar a los micos que saltan por las copas, a las aves que cantan sin cesar y a las tortugas que eligieron esos lares para desovar. Además de toda esa exuberancia, las autoridades, en un intento de borrar los recuerdos de las cárceles que allí se establecieron, convirtieron esos lugares en atracciones arquitectónicas e históricas. Así es como las Islas de la Salvación o Kourou son hoy sitios que reciben a miles de excursionistas. Además, en esta última ciudad funciona desde 1969 el Centro Espacial guayanés, que es de donde lanza sus misiones la Agencia Espacial Europea.

Otra de las claves para lograr persuadir al mundo ha sido publicitar unas bellas playas ideales para practicar deportes extremos, además de dar a conocer una oferta gastronómica que, basada en mariscos, combina gracias a la inmigración del siglo XX sabores indonesios, vietnamitas, chinos, criollos, guayaneses y franceses.

Y pese a que es cierto que la modernidad ya ha instaurado lujosos hoteles en Cayena, la capital de ese país pequeño, cuya población no supera las 500.000 personas, aún se mantienen vivas algunas culturas que se han resistido a olvidar sus ritos y creencias. Ellas se han encargado de conservar, desde sus viviendas en las áreas selváticas protegidas, los orígenes de la tierra suramericana. Hasta esos rincones ha llegado el turismo a explorar, admirar o criticar, las extrañas conductas del “Nuevo Mundo”.


Prefijo telefónico

+ 594

Clima

Caluroso. La temperatura es de 26°C.

Dónde dormir

Novotel Cayenne
Chemin Hilaire Rue De Montabo, Cayenne 97300
Tel. 594 594 30 38 88
www.novotel-cayenne.hotel-rez.com

Best Western Hotel Amazonia
28 Avenue Du General De Gaulle, Cayenne 97300
Tel. 594 594 288300
www.hotel-amazonia.com

Hotel La Chaumière Cayenne
Chemin La Chaumière 97351 MATOURY
Tel. 594 (0) 594 25 57 01
www.lachaumierecayenne.com

 

Planes

Visitar en Cayena el Museo de la cultura guayanesa, el Jardín Botánico y la playa Monjoly.
Recorrer la jungla en canoa es una de las actividades más atractivas. Lo recomendable es hacerlo desde la ciudad de Cacao acompañado por un guía local.

Conocer Kouruou y las Islas de la Salvación es una gran oportunidad para ver las antiguas cárceles francesas y la Agencia Espacial Guayanesa.


Prográmese para…

Ver en agosto uno de los espectáculos más atractivos en Guayana: la desovación de las tortugas marinas.


No deje de comer

La gran variedad de mariscos, las frutas tropicales y la carne ahumada. Además, es obligación tomarse un ti'punch, la bebida típica hecha de ron, sirope de azúcar y zumo de limón verde.


Cómo llegar

La mejor opción es partir en barco desde Brasil por el río Oiapoque o desde Surinam por el río Maroni. Por vía aérea solo salen vuelos desde París y el costo supera los US$3.000.

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