18 Mar 2015 - 2:38 a. m.

La joya griega

Ocho mil metros cuadrados de playas, murallas y pueblos empedrados revelan la historia y los mitos detrás de una de las civilizaciones más influyentes del planeta.

Redacción Buen Viaje

Amores, traiciones, derrotas y grandes hazañas encarnan el espíritu de Creta, la isla más grande de Grecia. Fue en sus enigmáticos paisajes donde surgió la legendaria historia de la princesa Ariadna y Teseo, que se unieron para evitar el sacrifico de siete doncellas y siete jóvenes como tributo al rey Minos. Y fue Teseo con ímpetu y valentía quien decidió enfrentarse al Minotauro, guiado por el ovillo de hilo que le obsequió la soberana, su enamorada, que al ser abandonada en Naxos maldijo para siempre las aguas del mar Egeo.

Cientos de mitos se han encargado por siglos de oxigenar las costas de esta exótica tierra, que aguarda por los turistas en medio de pueblos mágicos e imponentes monumentos. Surcada por las cordilleras Oros, Lefka Ori y Ornó Oros, Creta se divide en cuatro grandes regiones en las que se destacan ciudades milenarias como Canea, Rethymno, Heraklion y Agios Nikolaos.

La mejor coordenada para explorar la isla se encuentra en Canea. Los vestigios que dejaron los venecianos por el país pueden palparse a través del fuerte Firkás, una gigantesca muralla que hoy alberga al Museo de Historia Naval. Desde su torre se aprecian impactantes panorámicas del puerto, del faro y la mezquita de los Jenízaros.

En el corazón del casco antiguo, la ciudad sorprende con sus plazuelas repletas de árboles y con la luminosidad de la calle Skridlof, famosa por sus tiendas de artesanías. Uno de los grandes enclaves turísticos de la urbe es el mercado local, el mejor lugar para deleitarse con exquisitos platos de mar como el pez espada, el salmón y los calamares, y descubrir nuevos sabores a través de frutas, quesos, hierbas aromáticas y especias.

El paraíso no sería completo sin un escenario de majestuosas playas. Por eso Creta ofrece a los viajeros mil kilómetros de arena blanca, piedras de colores y aguas turquesas. Elafonisi, Falassarna y Balos son algunas de las más preciadas para practicar deportes acuáticos, caminar por rutas desérticas, viajar en ferry y disfrutar de un ambiente festivo entre pequeños quioscos.

Para contagiarse con la magia del pasado, vale la pena visitar Rethymno, la tercera ciudad más grande de la isla. Su arquitectura medieval pone al descubierto antiguas estructuras que se mezclan con mezquitas y fuentes. Entre ventanas altas y balcones de hierro forjado se abren paso cafés y restaurantes que van guiando la ruta hacia Porta Guora, los únicos vestigios de la muralla más antigua de la urbe que aún queda en pie. Al cruzarla, un puñado de pequeños pueblos se mimetizan entre el paisaje virgen y el puerto.

El recorrido no termina sin antes conocer Agios Nikolaos, una región de montañas, resorts vacacionales y una extensa meseta adornada de antiguos molinos de viento y playas. Una fila de barcos pesqueros y una atmósfera festiva hacen de este paraje el lugar perfecto para conocer nuevas culturas y rumbear hasta el amanecer.

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