22 Nov 2011 - 9:52 p. m.

La mística de Koralia

Su ambiente, decoración y comida mezclan las tradiciones de Oriente con el espíritu de los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Redacción Buen Viaje

No es el típico lugar para pasar una luna de miel, pero una vez se llega a Koralia es fácil adivinar por qué quienes han ido prefieren reservarse la existencia de este maravilloso hotel: no quieren compartir este paraíso con nadie, tratando de garantizar que sus playas sigan siendo tranquilas, solitarias, que no haya mucha gente, que no lo contaminen, que la privacidad continúe siendo uno de sus principales atractivos.

Para llegar, se debe ir en carro desde Santa Marta por la vía que conduce a Riohacha, son cerca de 45 minutos. La recepción es una casa grande, a la que hay que entrar descalzo y en donde a la salida le colocan a los huéspedes una pulsera de chaquiras para que nunca olviden su experiencia en Koralia.

Hay habitaciones para distintos presupuestos. Si se trata de la luna de miel, las recomendadas son las suites. Sólo hay tres, justo frente al mar. Cada una está decorada con colores y dibujos distintos (ver fotografía). En Koralia no hay televisores, ni grandes restaurantes, ni siquiera corredores. Los cuartos tienen una luz tenue, el baño está al aire libre y para ir de un lugar a otro se camina por la playa, con una linterna si es de noche.

La comida es exquisita. No se sirven carnes rojas, sino recetas con pescado, pollo, legumbres y cremas. Además de platos típicos como la arepa de huevo o la cazuela de mariscos. En la noche, en un extremo del hotel, se encienden las luces rojas, azules y naranja de un encantador bar, en el que se sirven cocteles para todos los gustos.

Las parejas pueden complementar los días de playa con excursiones a lugares cercanos como el Parque Tayrona y el río Don Diego, para hacer un recorrido en flotador hasta su desembocadura en el mar.

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