19 Feb 2013 - 9:42 p. m.

La otra cara de la Patagonia

Escalar glaciares, observar lobos marinos o visitar museos paleontológicos son algunas de las actividades recomendadas para quienes visitan la región.

Juan Fernando Barona / LA Patagonia

Cuando el piloto indicó que estábamos próximos a llegar, los nervios y el entusiasmo empezaron a despertar entre los periodistas colombianos que veníamos desde Buenos Aires, especialmente por los fuertes vientos que movían el avión como si fuera una marioneta. Eran las 10:00 de la mañana y la primera parada del itinerario del viaje era Trelew, una pequeña población que no supera los 100.000 habitantes, ubicada al norte de la Patagonia, en la provincia de Chubut.

En el aeropuerto una camioneta nos estaba esperando para llevarnos al Museo Paleontológico Egidio Feruglio, uno de los más importantes del mundo en investigaciones científicas, declarado de “interés turístico provincial”. La entrada costó $15.000 y durante una hora pudimos observar una gran variedad de fósiles de dinosaurios, entre ellos, el Argentinosaurus, la criatura más grande de la que se tiene conocimiento que, según la guía del lugar, pudo haber llegado a medir más de 30 metros y pesado 60 toneladas.

Después de este emocionante encuentro, emprendimos el viaje hacia Puerto Madryn. Al cabo de aproximadamente dos horas, durante las que pudimos observar ñandúes, guanacos, armadillos y ovejas en su hábitat natural, llegamos al Hotel Territorio, una impresionante estructura al frente del océano Atlántico.

Aunque invitaba a quedarse un rato para aprovechar las instalaciones del lugar, nos dijeron que en 15 minutos una 4x4 pasaría por nosotros para vivir una aventura inigualable: derrapar por las dunas patagónicas, que se pueden elevar a más de 30 metros de altura y en donde la paz, la tranquilidad y el viento se sienten con más fuerza por cuenta de la imponencia del paisaje, que combina la suave arena con el potente mar. El recorrido duró un poco más de tres horas, por lo que el cansancio de un día muy pesado se evidenció en nuestros rostros, sin embargo, con la satisfacción y alegría de vivir una jornada llena de aventura.

Al siguiente día llegó a buscarnos la misma camioneta que estaba en el aeropuerto. Marta Ficarra, nuestra guía en Puerto Madryn, nos explicó que íbamos a hacer avistamiento de lobos marinos. Para ello debíamos llegar a la Reserva Natural Península Valdés, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1999. En uno de los paradores más famosos, Elvira, vimos a cerca de 100 lobos marinos, en su mayoría jóvenes, que llegaban para cambiar de piel y jugar entre ellos, algo que es recomendable ver, ya que el comportamiento de estos animales se asemeja al de un niño que sólo quiere jugar con sus amigos.

La aventura de este viaje finalizó en El Calafate, un pueblo acogedor por el carisma y la honestidad de su gente, a una hora en avión de Trelew. El Parque Nacional Los Glaciares fue el epicentro, ya que allí se encuentra una de las formaciones naturales más imponentes del mundo, el glaciar Perito Moreno. Tiene 5 km de largo y 60 m de altura y se puede admirar desde las pasarelas, en donde es imposible no extasiarse.

Sin embargo, lo realmente fascinante es poder tocarlo y escalarlo. Portan sólo $60.000 se puede disfrutar de esta experiencia y hasta sentir cuando el hielo se va agrietando con cada paso y ver el azul más brillante y cristalino de la vida y finalizar tomando whisky o el agua más limpia del mundo. Una vivencia que resulta difícil de describir y que debe sentirse en carne propia para comprobar las maravillas de la naturaleza.

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