3 Dec 2020 - 3:58 p. m.

La relación entre el turismo y la naturaleza: ¿un elefante en el salón?

Proyectos turísticos destacados, social o ambientalmente, suelen tener una escala más local y su gestión tiende a estar en manos de actores propios del territorio, que se organizan en modelos más horizontales y colaborativos.

Leonardo Garavito*

La relación entre el turismo y la naturaleza es controversial. Por una parte, por más de siete décadas el turismo ha crecido en todo el planeta. En 2018, aportó más del 10 % de la producción de bienes y servicios. Es decir, superó a la producción mundial agrícola o minera. El turismo es una práctica encantadora y un negocio magnífico.

Por otra parte, la relación entre los humanos y la naturaleza se ha complicado progresivamente. Durante las últimas décadas, diversos grupos políticos y económicos han negado, cuestionado y subestimado la crisis ecológica; sin embargo, desde el siglo XXI, diversas tragedias ecológicas y ambientales además del cambio climático, ofrecen evidencias difíciles de controvertir. En gran medida, la pregunta dejó de ser si ¿hay o no una crisis ecológica? y ahora es ¿Cómo nos adaptamos a la crisis que hemos causado?

En este contexto, el vínculo entre el turismo y la naturaleza se caracteriza por ser, principalmente, instrumental y antropocentrista. La naturaleza como fuente de oportunidades para el diseño de atractivos y destinos turísticos: desde la belleza contemplativa del paisaje, turismos especializados (en aves, mamíferos, hongos, etc.), parajes remotos o exóticos, hasta un sinfín de objetos para el turismo científico. Y, de forma reciente, la misma crisis ha sido capitalizada al ofrecer experiencias turísticas para “cuidar” o “salvar” ecosistemas. De todas formas, tras estas posibilidades de turismo prima una visión del ser humano como dueño de la naturaleza.

Durante los años 80, la conciencia creciente de una crisis ecológica impulsó un gran consenso global sobre la sostenibilidad como la estrategia para enfrentar los efectos negativos del crecimiento económico.

En el campo turístico, significó que el paradigma de la competitividad tuvo que ajustarse al principio de la sostenibilidad e incluir las dimensiones ambiental y social entre sus prioridades. No obstante, a casi tres décadas de su origen, los resultados son decepcionantes. En el mejor de los casos, ha frenado un poco el avance de la crisis; pero en la mayoría de los casos, ha sido utilizada para continuar con la explotación de la naturaleza tras una fachada verde, de valores ecológicos y discurso.

(Lea también: Colombia, destino de naturaleza: oportunidades para la recuperación del sector)

Las evidencias crecientes de los efectos negativos del turismo masivo y el origen de los movimientos sociales en contra del turismo en diversos lugares lo verifican.

En contrapeso, las modalidades alternativas de turismo no ofrecen evidencias concluyentes de ser “realmente” más sostenibles; no todavía. Proyectos turísticos destacados, social o ambientalmente, suelen tener una escala más local y su gestión tiende a estar en manos de actores propios del territorio, que se organizan en modelos más horizontales y colaborativos. Desde la teoría, el concepto de gobernanza turística propone que la prioridad del desarrollo turístico debe ser no la ganancia económica, sino la mejora de la calidad y condiciones de vida de las poblaciones locales.

A pesar de todo, la evolución de la crisis ecológica seguirá su curso y cada vez será más difícil ignorar el debate sobre las responsabilidades, posibilidades y transformaciones que debe experimentar el sector frente a su complicada relación con la naturaleza.

Este es un gran elefante sentado en cualquier salón donde se planifique y gestione el turismo. ¿Cuánto tiempo nos tomará observarlo? ¿Será posible que los grandes intereses económicos se conecten con los actores más locales y territoriales? ¿Cómo prevenir desde el turismo que la separación ente los sistemas económicos y la naturaleza se siga acentuando? Sin duda, para países como Colombia, donde el turismo de naturaleza aparece como una potencialidad de desarrollo económico y social muy relevante a futuro, es un tema que no deberíamos ignorar.

*Docente de la Facultad de Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras de la Universidad Externado de Colombia.

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