30 Jan 2017 - 11:11 p. m.

Lugares que inspiraron éxitos musicales

Desde Madrid a Buenos Aires. Calles, esquinas, plazas y ciudades completas han quedado estampadas en un mar de composiciones que invitan a recorrerlas.

Germán Gómez Polo

Cuando de las entrañas de la humanidad nacía la música, no se tenía la noción de que se estaba creando a la vez un instrumento poderoso para la nostalgia y el recuerdo. La perfecta máquina del tiempo y del espacio a través de la que es posible regresar a los lugares añorados, a los momentos más precisos o a las personas que se fueron de lo terrenal o a otro sitio lejano.

Las melodías germinan como las semillas y las letras, que las acompañan como el ruido al avión, como barullo arrullador a las olas, fueron encontradas por sus autores en medio del enojo, de la tristeza, de la decepción o del amor y también en los rincones que recorrieron mientras crecían, entendían el mundo y se imaginaban la manera de musicalizarlo. Lugares que fueron en su momento solo tinta sobre el papel y, una vez atravesaron el entramado auditivo en forma de negras, corcheas, fusas y semifusas y se incrustaron en los cerebros y corazones, se convirtieron en deseos por conocer y anhelos para volver.

A unas cuadras del obelisco, el monumento que hace reconocible a Buenos Aires desde cualquier lugar, se cruzan la avenida Corrientes y la calle Montevideo. Justo en esa esquina reposa el legendario bar La Paz, que por cuestiones de los nuevos tiempos fue remodelado en 2014, pero que entre los años 40 y 70 se convirtió en el punto de encuentro de la bohemia, los artistas, los políticos, en su mayoría de izquierda, y los intelectuales de la Argentina. Es ahí donde surge el amor de los chicos de la canción 11 y 6, del álbum Giros, que es considerada por la revista Rolling Stones como una de las cien canciones más destacadas del rock de ese país. “Él se acercó, le preguntó si andaba bien, llegaba a la venta en puntas de pie, y la llevó a caminar por Corrientes”.

A unos kilómetros de ahí está el clásico barrio San Telmo, donde nacieron el caricaturista Quino y Mafalda, en calles que también inspiraron en Antonio García de Diego la canción Con la frente marchita, un clásico de Joaquín Sabina: “Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte monigotes de miga de pan, caballitos de lata, con agüita del mar andaluz. Quise yo enamorarte, pero tú no querías otro amor que el del río de la Plata”.

Este español, como no, también tiene a la eterna capital de España como escenario en la historia de amor que se cuenta en su canción Pongamos que hablo de Madrid. Y es en esa ciudad, donde lugares como el enamoradizo parque El Retiro, de 118 hectáreas, y el paseo de La Castellana —hogar de otros lugares emblemáticos, como la plaza de Lima, de Cuzco y de Castilla, donde están las torres Puerta de Europa, o el estadio Santiago Bernabéu, casa del club de fútbol Real Madrid— que recorre en el tema Bruma en la Castellana el cantante Ariel Rot, quien junto a Andrés Calamaro, integró en un tiempo Los Rodríguez.

A unos 600 kilómetros está Barcelona, ciudad a la que el difunto Freddie Mercury, vocalista de Queen, y la cantante catalana de ópera Montserrat Caballé, con su interpretación, elogiaron en una bella canción que se llama como la inmensa urbe de techos rojos y cuyo éxito la convirtió en el himno de los juegos olímpicos que se realizaron en 1992. “Barcelona! It was the first time that we met, Barcelona! How can I forget?”. Pero de ella también se enamoraron Joan Manuel Serrat, con su canción Mediterráneo, y Manu Chao y su tema La rumba de Barcelona: “Rambla pa’qui Rambla pa’lla”.

Al norte de Europa, Coldplay escribió su canción Violet Hill que, aunque es considerada como una de las primeras hechas en protesta contra la guerra, lleva el nombre de una reconocida calle de Londres, muy cercana a la famosísima Abbey Road, donde, mientras cruzaban una cebra, se hizo una de las fotografías más emblemáticas de The Beatles. “Clearly I remember, from the windows they were watching, while we froze down below”.

Cruzando el enorme océano Atlántico, Frank Sinatra contaba con emoción y una potente voz las calles de Nueva York, la ciudad en donde quería despertar, esa ciudad que no duerme y donde se divirtieron los salseros del Gran Combo de Puerto Rico con un clásico que ha puesto a bailar a generaciones de todos los tiempos, lleno de timbales azotados por los brazos prodigiosos de Justi Barreto, una leyenda de la música cubana. En la costa oeste de este gigante del norte, los artistas también se encargaron de dejar puentes y calles escritas en canciones. En Californication, los Red Hot Chili Peppers van más allá de lo observable a simple vista y describen el lado oscuro de Hollywood, la pornografía y la cultura pop. 

Es tan correcto como impreciso, y casi que inverificable, decir que en cada rincón del mundo se inspiró un artista y sus calles, plazas y las costumbres quedaron reflejadas en canciones que llegaron a otros lugares como una estampilla de viaje en el forro duro de una guitarra. Si seguimos no acabamos y si queremos mencionar otros exitosos temas que abordaron lugares que son el sueño de muchos, no podemos dejar de lado a La Oreja de Van Gogh, a Amaia Montero y la historia de besos que se dibujó por la calles de París (No hay un lugar que me haga olvidar, el tiempo que pasé andando por tus calles junto a ti), o a la leyenda del pop Michael Jackson, donde el Kremlin y Stalin son mencionados cuando caminó solo en su canción Stranger In Moscow.

Qué más se les puede pedir a las canciones sino que sean esa cápsula amoblada, cálida y guardalágrimas en la que nos transportamos a los sitios, que sea la alfombra que nos hace volver, como canta Mercedes Sosa cuando le puso música al poema de Armando Tejada Gómez, a esos viejos sitios donde se amó la vida. 

Comparte: