1 Oct 2013 - 10:41 a. m.

México, el país de los mil mundos

Fuera de la capital y de la Riviera Maya, México exhibe múltiples facetas a sus visitantes, entre ellas las históricas ciudades de Puebla y Oaxaca.

Jahel Mahecha Castro

Es la tierra del infinito, de la tradición, de las civilizaciones milenarias. Es el país de las playas, las selvas y desiertos. Es el paraíso de los amantes de la literatura, la música, la buena mesa y la historia. Es el hogar de gente sonriente, orgullosa de su legado. México, uno de los diez destinos más apetecidos por su riqueza natural y cultural, se abre al mundo con una amplia lista de parajes únicos.

Las huellas de la herencia colonial hispana, los centros arqueológicos, impactantes escenarios vestidos de piedra y mar, comunidades llenas de tipismo y colorido, comidas ricas en texturas y matices, son algunos de los tesoros que intentan convertir al país en el mejor refugio para los viajeros.

Aunque Ciudad de México y Cancún son dos de los destinos predilectos, existe una variada lista de lugares llenos de encanto y gracia. Uno de ellos es Guadalajara, el corazón de Jalisco, la Perla de Occidente. Es dueña del auténtico mariachi, del tequila y la charrería. En ella conviven armónicamente modernos edificios con antiguas iglesias y construcciones históricas como el Hospicio Cabañas, hogar de murales del pintor José Clemente Orozco. Este complejo, declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco, junto con la catedral y el teatro Degollado, un monumental edificio del siglo XIX al servicio del arte, son algunos de los símbolos de la ciudad donde un sinfín de calles se adornan de piezas coloridas de alfarería hechas por artesanos locales.

La gastronomía es uno de los fuertes de esta región. Con audaces sabores, Guadalajara domina la escena culinaria gracias a exquisitos menús clásicos a base de chile. Las enchiladas y el plato tapatío a base de birria, un guiso de chivo o cordero, son los más representativos. Además, grandes haciendas tequileras se extienden por el estado de Jalisco, brindando los mejores añejos y mezcales del país.

A dos horas de la capital mexicana, Puebla ofrece un paisaje sin igual. Llena de misticismo y creencias, es una de las urbes con mayor número de iglesias de América Latina: 365, una para cada día, según explican los poblanos. Su centro histórico es Patrimonio de la Humanidad. Sus calles tranquilas se transforman en una galería colorida con fachadas adornadas de flores y balcones que evocan la Colonia. La catedral, considerada una de las más bellas del mundo se ilumina cada noche y engalana la ciudad.

Uno de los rincones más famosos de Puebla es El Parián, un bello mercado de artesanías donde las mujeres son artífices de platos de talavera, cerámicas con la imagen de la Virgen de Guadalupe y objetos en madera.

Las plazas de mercado también hacen parte de la cultura regional. Platos como el mole poblano, los chiles en nogada, las chalupas y las cemitas se preparan en grandes ollas a fuego lento para deleitar a locales y extranjeros.

A cuatro horas de Puebla se encuentra Oaxaca, la ciudad de la variedad. Famosa por sus mercados de flores y artesanías, es el hogar de más de 18 pueblos indígenas donde se destacan mixtecos, zapotecos, chatinos y huaves. El casco colonial de la urbe brilla por la grandeza del Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo y la iglesia de Santo Domingo, y a pocos kilómetros el paisaje se transforma en playas y bahías que se funden con el cielo. Selvas y valles enriquecen esta tierra azteca.

Para vivir una experiencia al aire libre, Puerto Vallarta es el lugar ideal. Ubicado en el estado de Jalisco, cuenta con un gran número de playas paradisiacas. Entre las más famosas están El Salado, Playa de Oro, Las Glorias y la Playa de los Muertos, rodeada de restaurantes, bares y galerías que incitan al romance.

Una de las más apetecidas por los turistas es la de Concha Chinas, al sur de Vallarta, gracias a sus formaciones rocosas, a sus aguas cristalinas y la variedad de especies, entre ellas el caballo de mar. Lejos de su oleaje, las laderas de la Sierra Madre y el río Cuale sirven de escenarios para la práctica de deportes de aventura como canopy, trekking y mountain bike.

Natural y cosmopolita, Veracruz empieza a catalogarse como uno de los destinos más diversos de México. Allí confluyen iglesias, puertos y espacios para el folclor. Las cascadas del salto de Eyipantla, la Isla de los Lobos en Tuxpan y la extraordinaria arquitectura de la Plaza de Armas, cargada de historia y arte, son algunos de sus íconos.

El Tajín, la zona arqueológica más grande al norte de Veracruz, es una de las maravillas que vale la pena conocer. En medio de la selva se alza una metrópoli compuesta por templos, pirámides, palacios y columnas que revelan las creencias ancestrales de la comunidad totonaca, que hasta hoy sigue realizando una enigmática ceremonia para pedir a sus ancestros la fertilidad de la tierra. En ella, los voladores de Papantla, como se conoce a los danzantes, suben a lo más alto de un poste y a través de cuerdas se lanzan al vacío y van girando delicadamente al compás de la música.

Cada ciudad en México es un diamante en bruto. La riqueza cultural, natural e histórica del país lo convierten año tras año en un destino inagotable, donde cada rincón es capaz de sorprender y enamorar a quien se atreva a descubrirlo.

jmahecha@elespectador.com

@jahelmahecha

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