23 Aug 2011 - 11:55 p. m.

Nuestra señora del Buen Aire

Breve acercamiento a una de las ciudades más enigmáticas y diversas de América.

Fernando Araújo Vélez

Buenos Aires es un bandoneón. Melancolía, nostalgia, pasión, lunfardo, una mujer de tacón alto y escote pronunciado, un bacán de abrigo oscuro y pucho en la boca. Fútbol, canto, pasado, política, historia y lamento. Presente y futuro. Glamour y barrio bajo. Evita Perón, Gardel y Maradona. En cada esquina un recuerdo, la escena de una película o el diálogo de una novela. Borges, Cortázar y Roberto Arlt diseminados por plazas y edificios. Casuchas indiferentes con placas en las que se lee, por ejemplo: “En este salón dictó dos conferencias el científico Albert Einstein”. O, “En este edificio vivió el pensador Pío Baroja”. O, “La arquitectura de este lugar fue ideada por Le Corbusier”.

Buenos Aires es el barrio de San Telmo, sus calles empedradas, su bohemia, su mercado de los domingos, sus librerías siempre abiertas, sus restaurantes y confiterías y el salón de don Torcuato Tasso. Es tango en la plaza, y la plaza como centro de conversaciones. Es el Parque Lezama, donde Sabato comenzó a darle vida a Sobre héroes y tumbas, y es cientos de gatos y perros que deambulan por las calles como si tuvieran el secreto de la vida y se burlaran de los simples mortales, tan mortales, tan ingenuos, tan presumidos. Es un vino a cualquier hora del día, un asado, raviolis los domingos, “y los lunes ya me siento bien”, como cantaba Charlie García.

Buenos Aires es la calle Arenales, como escribió Horacio Ferrer y musicalizó Astor Piazzolla: “Subís por Arenales, lo de siempre en la calle y en vos, cuando de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo, mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus...”. Es la calle Florida, donde Jorge Luis Borges, Ricardo Güiraldes y Oliverio Girondo se reunían a leer poesía, a escribirla. Es la Avenida Libertador, el hipódromo de Palermo, los caballos, Leguízamo, el jockey preferido de Gardel, San Isidro y la plaza San Martín. Es tren, subterráneo y bus y decenas de miles de autos parqueados en la calle. Carros viejos, muy viejos, casi destruidos, con anuncios que dicen “Estoy en venta”, y uno que otro Ferrari que se resiste al paso del tiempo.

Buenos Aires es humor, humor negro si se quiere. Cinismo, ironía, todo tiempo pasado fue mejor, Perón, los años de la opulencia y el dolor de los desaparecidos. “De esta casa salió el 17 de agosto de 1978 Juana de Diago para no retornar jamás”, grita una placa pegada en el piso de un edificio de San Telmo. “En este colegio, los lápices siguen escribiendo”, dice otra. El mundo vuela, el mundo aplasta, pero en Buenos Aires siempre hay tiempo para una charla, para un libro, para sentarse al lado de la estatua de Mafalda o para pasar la tarde en la Plaza de Mayo, viendo cómo en Buenos Aires la gente protesta. Y protestan los desocupados, los linyeras, las amas de casa, las abuelas, las madres, los jubilados, los futbolistas y los cantantes, los actores y los libretistas. Protesta el pueblo desde el mismo lugar de donde expulsó al presidente Fernando de la Rúa en el 2001, desde donde los militares arrasaran con decenas de manifestantes en los años cincuenta, desde donde miles de miles ovacionaron a Evita Perón cuando salió al balcón de la Casa Rosada a pedirles a sus cabecitas negras que siguieran en la lucha, que ella era ellos. Desde donde, en fin, otros miles de millares vieron a un general ebrio, Leopoldo Galtieri, declararle la guerra a Inglaterra por la posesión de las Islas Malvinas.

Buenos Aires es protesta en forma de cántico de fútbol y fútbol, todo fútbol. Fútbol en la cancha, en la calle, en el ómnibus, en el taxi, en la vidriera, en la televisión y la radio, en el cine, en los diarios. Fútbol como ciencia, salvación y pretexto. Fútbol, cábala, locura. Fútbol en el lenguaje y en el silencio. River y Boca, San Lorenzo y Huracán, Racing e Independiente. Fútbol en La Boca, en Núñez, en Avellaneda y en Boedo, de donde surgieron los contraparte de Florida, Arlt, Olivari, Castelnuovo, según ellos más sociales, más comprometidos, más argentinos, más Río de la Plata que Borges y sus amigos. O simplemente, más Buenos Aires.

Para  recorrer Buenos Aires

Lugares imperdibles

No importa cuantos días vaya a estar en la capital argentina, no olvide sacar tiempo para visitar algunos de los atractivos más reconocidos de la ciudad como la Plaza de Mayo, el barrio Palermo, Puerto Madero, San Telmo, Recoleta, el edificio del Congreso y el barrio de La Boca.

Tarjeta de estudiante

En caso de viajar con adolescentes o niños no hay que olvidar llevar la tarjeta o el carné de estudiante de la universidad o el colegio. En la mayoría de museos y lugares de interés, con ésta se puede acceder a precios preferenciales e, incluso,  ingresar de manera gratuita. 

Gastronomía

La comida argentina es deliciosa y hay restaurantes para todos los gustos. Desde aquellos especializados en parrilla como La Lunera y El Estanciero, otros que ofrecen platillos típicos como empanadas, locros, tamales y cazuelitas y los que tienen un menú internacional. 

En la noche

Además de poder disfrutar de espectáculos de música y de tango en vivo, si los ánimos lo permiten hay que conocer alguna de las discotecas más concurridas, que por lo general abren sus puertas casi a las media noche, como Niceto Club, Cocoliche o Asia de Cuba.

Hospedaje

Lo mejor es reservar el hotel con anterioridad. Hay opciones para todos los bolsillos. Desde hoteles boutique, exclusivos y de diseño como el Bys Palermo, Feir’s Park y Claridge; hasta lugares confortables y bien ubicados, pero mucho más económicos, como el Che Telmo y El Parada.

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