28 Oct 2015 - 3:06 a. m.

Paraíso de los turcos en el Mediterráneo

Un nuevo destino les hace competencia a las Islas Griegas. Aunque comparten mar, Kas, en Turquía, ofrece historia, música y un turismo diferente.

Redacción Buen Viaje

Cuando se piensa en pasear por los mares europeos la primera opción son las Islas Griegas, en donde el Mediterráneo y el Egeo deslumbran. Paredes níveas, techos azules y aguas cristalinas hacen de este destino una parada obligada para quienes recorren el Viejo Continente. Sin embargo, los lujosos resorts se han visto obligados a aumentar sus precios por cuenta de la difícil situación económica del país y esto ha obligado a buscar otras alternativas. Una de ellas se encuentra al otro lado del agua, en Turquía.

En la esquina más lejana del suroeste turco y en medio de la “costa turquesa”, que bien podría llamarse así por su nacionalidad o por el color de sus aguas, se esconde Kas, un pequeño pueblo pesquero con mucho que ofrecer. Naturaleza, descanso, historia y música conforman la oferta de este paraíso de riscos elevados, pinos exuberantes y un mar tranquilo. El gran atractivo, por supuesto, es ir a la playa, pero no a cualquiera, sino a la de Kaputas que, a pesar de no ser tan concurrida, es una de las más famosas de Turquía gracias a su belleza virginal.

Se puede llegar sobre ruedas o en goleta, un tipo de embarcación de vela, hecha en madera añeja, que con su aire imponente le da un toque de fantasía y romance a la experiencia. Si se arriba en carro hay que dejarlo en los riscos que enmarcan la playa y bajar por las escaleras de hormigón que se encuentran incrustadas y que son la única modificación hecha por el hombre. Por ello quienes la visitan van con bebidas y comida, pues a lo largo de sus 165 metros de extensión no hay un solo local. Precisamente esta soledad, junto con la arena dorada, las aguas cálidas y un ambiente de paz y tranquilidad le dan a Kaputas un poder seductor sin igual.

En el pueblo lo ideal es pasear entre las empinadas calles y dejarse maravillar por las casas de balcones amplios y tejas terracotas o los árboles de lirios que las rodean; las joyas, alfombras y antigüedades que adornan las vitrinas de las tiendas y, por supuesto, La tumba de los leones: un monumento que data del siglo IV, cuando la cultura licia dominaba esas tierras. Se trata de un barco tallado en un solo bloque de piedra con cuatro asas en forma de león en la tapa, ubicado en pleno centro de la ciudad. No muy lejos queda el muelle, en donde restaurantes y bares atienden a los curiosos que anhelan ver cómo los pescadores llegan con lo que cogieron en el día.

Por supuesto, estos no son los únicos planes en Kas, un lugar que por su ubicación geográfica albergó imperios que dejaron su huella. Prueba de ello son el enorme teatro griego que data del siglo I a. C., en el que debido a su buen estado todavía se realizan representaciones y conciertos de jazz; las ruinas de Myra, una antigua necrópolis licia a 40 minutos del pueblo y que más que un cementerio parece una ciudad construida sobre la ladera con la iglesia y la tumba de San Nicolás, el famoso Papá Noel.

La cereza del pastel es la isla de Kekova, que parece una ciudad sumergida en el siglo II d. C. y en la que aún se conservan embarcaciones antiguas. Desde aquí se puede partir hacia centros de submarinismo para sumergirse junto a barracudas, estrellas de mar y corales, además de encontrarse con restos de barcos mercantes, aviones de la Segunda Guerra Mundial y ánforas que aguardan a ser rescatadas. Finalmente, vale la pena mencionar que Kas es el punto de partida perfecto hacia otras ciudades de la costa turquesa, como Antalaya, edificada sobre un acantilado, o Fethiye, en donde la historia es protagonista.

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