Caminar por la playa suele ser sinónimo de calma: arena clara, mar turquesa y brisa suave. Pero, de pronto, el paisaje cambia. En la orilla aparece una franja espesa de residuos café que rompe la postal soñada. No es basura ni lodo: es sargazo.
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Si usted está planeando un viaje a San Andrés o a algún destino del Caribe, es posible que se encuentre con esta macroalga que, varias veces al año, llega de forma masiva a las costas. Un fenómeno natural que no solo transforma el paisaje, sino que también plantea retos para el turismo, el ambiente y las comunidades locales. Aquí le contamos qué puede hacer como visitante y qué medidas deben tomar las comunidades para enfrentar su llegada de manera adecuada.
¿Qué es el sargazo y porqué causa preocupación?
Según Brigitte Gavio, bióloga y doctora en Biología Ambiental y Evolutiva, y docente de la Universidad Nacional de Colombia, el sargazo es una macroalga natural del mar de los Sargazos, una extensa región del Atlántico Norte. En ese entorno cumple un papel ecológico fundamental: forma un ecosistema flotante que alberga una gran diversidad de especies marinas, las cuales lo utilizan como refugio frente a los depredadores y como fuente de alimento.
“Durante décadas, la llegada de sargazo a las costas del Caribe fue un fenómeno esporádico y relativamente predecible. Sin embargo, las primeras señales de alerta surgieron en 2011, cuando comenzaron a registrarse arribazones de sargazo en cantidades inusualmente grandes. Y es que aunque esta alga siempre ha estado presente en el océano, nunca antes se había acumulado en volúmenes tan elevados”, dijo la docente.
Desde entonces, esta situación se ha consolidado como una nueva normalidad y, según los expertos, no se trata de un fenómeno temporal.
“Las causas exactas aún están en estudio y existen varias hipótesis”, explica Gavio. “Una de las más aceptadas indica que, alrededor de 2009, se produjeron alteraciones atmosféricas que modificaron las corrientes oceánicas. Estos cambios habrían desplazado parte de la biomasa del sargazo hacia zonas tropicales, especialmente frente a las costas de Brasil, cerca de la desembocadura del río Amazonas. Allí, el sargazo encontró condiciones ideales para su crecimiento, como aguas cálidas y una alta disponibilidad de nutrientes transportados por el río”.
A estos efectos se suman posibles riesgos para la salud. Cuando el sargazo muere y comienza su proceso de descomposición, puede liberar gases tóxicos, principalmente compuestos de azufre, que en altas concentraciones pueden causar malestar e incluso cuadros de intoxicación en las personas expuestas.
“Adicionalmente, se ha reportado —especialmente en Florida— la presencia de bacterias carroñeras potencialmente peligrosas asociadas a las acumulaciones de sargazo. En casos puntuales, si una persona con heridas abiertas entra en contacto con estas algas, existe el riesgo de infecciones graves. Por esta razón, se recomienda evitar caminar sobre el sargazo, usar protección adecuada y, sobre todo, no exponerse si se tienen lesiones en la piel”, explicó Gavio.
Según la especialista, en San Andrés hasta el momento no se han registrado incidentes de este tipo, en parte porque, en la mayoría de los casos, la biomasa es retirada y manejada directamente en las playas, una medida que ayuda a reducir los riesgos para la población local y los visitantes.
Más allá de los posibles efectos en la salud, la llegada masiva de sargazo se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para los isleños y para el ecosistema pues al descomponerse en el agua, consume oxígeno, afectando a peces, corales y otros organismos marinos. Además, suele arrastrar basura, microplásticos e incluso restos de animales, y puede actuar como vehículo de metales pesados como el arsénico si no se gestiona de manera adecuada.
Ojo, no siempre constituye un problema
Aunque a lo largo de este artículo hemos expuesto los impactos del sargazo en el turismo, la pesca y la vida cotidiana, la profesora Brigitte Gavio destaca que esta alga también puede convertirse en una oportunidad. Junto a su equipo de investigación, explora su uso como abono natural para la restauración de manglares, ecosistemas estratégicos que protegen a la isla de huracanes, la erosión costera y los efectos del cambio climático.
“Lo que hemos encontrado es que, cuando se trata adecuadamente, el sargazo puede favorecer el crecimiento y la supervivencia de los mangles, incluso por encima de su suelo natural”, explicó Gavio.
Este hallazgo cobra especial relevancia si se tiene en cuenta que hoy la gestión más común en la isla es enterrarlo en la playa: una solución rápida que despeja la costa, pero no resuelve el problema de fondo. “Al hacerlo, se desaprovecha el potencial de esta biomasa y se traslada el impacto a otro ecosistema igualmente sensible, como la arena, que cumple un papel clave en la protección costera y en el equilibrio de la vida marina”, puntualizó la docente.
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¿Cómo funciona el compostaje con sargazo?
El proceso es sencillo y busca imitar las condiciones naturales de los manglares:
- Recolección: se selecciona sargazo fresco y en buen estado, evitando el que ya está muy degradado o saturado de arena.
- Lavado: el material se lava con agua dulce para retirar el exceso de sal.
- Mezcla: se combina con residuos vegetales (como restos de cocina) y material leñoso triturado.
- Compostaje: la mezcla se deja reposar durante varias semanas hasta convertirse en un abono rico en nutrientes.
- Uso en viveros: el compost se mezcla con tierra local y se utiliza para cultivar plántulas de mangle rojo, que luego se trasplantan al manglar.
“Los resultados han sido claros: las plantas cultivadas con compost que incluye sargazo mostraron mayor vigor, más hojas y una mayor tasa de supervivencia. Además, los análisis descartaron una acumulación peligrosa de metales pesados. Así, el sargazo, que en la playa se percibe como un problema, puede transformarse en una herramienta clave para fortalecer la protección natural de la isla”, dijo la investigadora.
¿Por que esto es clave para el turismo?
Según Jair Mendoza, oficial Medios de Vida y Turismo Regenerativo de WWF Colombia, la llegada de fenómenos naturales como estos pone en evidencia la necesidad de que hoteles, operadores turísticos, comunidades y gobiernos trabajen de manera conjunta e implementen buenas prácticas de turismo sostenible, especialmente en temas como la gestión de residuos y el uso responsable de los recursos naturales.
“En un destino turístico, estos aspectos no son secundarios: hacen parte de la experiencia del visitante y de la sostenibilidad del territorio a largo plazo”, puntualizó Mendoza.
Señalan que cuando se habla de turismo en Colombia, es clave mirar el marco de gestión del turismo sostenible. Actualmente existen normas técnicas que establecen requisitos de sostenibilidad para los destinos turísticos del país. Estas normas promueven la adopción de buenas prácticas que abarcan tres grandes dimensiones: la social, la cultural y la ambiental, siendo esta última una de las más determinantes en territorios insulares y costeros.
En el componente ambiental, estas buenas prácticas incluyen acciones concretas como:
- Gestión responsable del agua: ahorro, reducción del desperdicio y reutilización del recurso para otras actividades cuando sea posible.
- Manejo adecuado de residuos sólidos y líquidos: reducción de residuos de un solo uso, especialmente plásticos, y control de su impacto en forma de macro y microplásticos.
- Tratamiento de aguas residuales: uso de sistemas convencionales (como tratamiento por bacterias y filtración) y no convencionales, entre ellos los baños secos, para reducir la contaminación de suelos y cuerpos de agua.
“La recomendación para los destinos turísticos es clara: adoptar estas buenas prácticas, invertir en su implementación y avanzar hacia la certificación bajo las normas técnicas sectoriales de turismo sostenible. Este proceso permite que los territorios y operadores sean reconocidos como destinos que hacen bien las cosas en materia de conservación ambiental, protección cultural y gestión responsable de recursos como la energía, el agua y los residuos", puntualizarón.
Si usted se pregunta qué puede hacer, además de cuidarse del sargazo y apoyar las buenas prácticas, una opción clave es aprender a identificar si un destino u operador turístico realmente las aplica. Por ejemplo:
- Investigar previamente en redes sociales y canales digitales (Instagram, Facebook, YouTube, WhatsApp).
- Verificar si los operadores cuentan con certificaciones en normas técnicas sectoriales de sostenibilidad.
- Informarse antes de viajar y elegir conscientemente destinos y servicios comprometidos con el cuidado ambiental y social.
En conjunto, estas acciones no solo reducen los impactos negativos del turismo, sino que también fortalecen la resiliencia de los destinos frente a problemas ambientales como el sargazo. Como señala Mendoza, un turismo que gestiona mejor sus residuos, cuida el agua y valora a sus comunidades está mejor preparado para enfrentar estos retos sin comprometer su atractivo ni su sostenibilidad.
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