7 Oct 2015 - 3:24 a. m.

Reserva de Calakmul, tesoro maya

Un paraíso verde en la península de Yucatán, México, esconde los vestigios arquitectónicos de este imperio. Un lugar atractivo para los amantes de la historia y la biodiversidad.

Redacción Buen Viaje

Calakmul lo es todo. Fue declarado Reserva de la Biósfera, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es el segundo pulmón verde de América y hace parte de la mayor reserva ecológica tropical de México, hogar de numerosas especies de animales y plantas.

En medio de un espeso verde, que abarca miles de hectáreas, se levanta uno de los yacimientos arqueológicos mayas más importantes del país azteca, que hoy en día concentra el turismo cultural e histórico de la región.

Fue encontrado por el biólogo Cyrus Longworth Lundell en 1931 y está ubicado en el sureste del estado de Campeche. Los primeros hallazgos evidencian que fue uno de los centros más poblados del imperio Maya. Como consecuencia de su vasta población, el legado de su arquitectura quedó repartido en una amplia región alrededor de lo que habría sido la Gran Plaza Central, un punto de convergencia de actividades religiosas, sociales, políticas y económicas. Toda una gran ciudad llena de construcciones, caminos y canales, con recintos destinados para la acumulación de agua.

La experiencia turística en este lugar se desarrolla a través del recorrido de varios puntos arqueológicos como Chicanná, en donde no hay pirámides, pero sus construcciones se destacan por una impresionante ornamentación. A dos kilómetros se encuentra Becán, un destino que se caracteriza por estar rodeado de un foso que para los investigadores podía significar dos cosas: una intensa actividad bélica o una forma de separación espacial de las clases sociales entre el área interior, donde se construyeron grandes edificios de arquitectura reservada para la élite, y el exterior, en la que se erigieron construcciones menores como viviendas y graneros.

Otro de los sitios arqueológicos de Calakmul es conocido como Río Bec, cuyos primeros reportes datan de finales del siglo XIX, y Balankú, descubierta apenas en 1990, en donde aún continúan las excavaciones, pero que ya deja al descubierto vestigios de la arquitectura diseñada por quienes la habitaron a partir del 550 d.C.

Además de este patrimonio, Calakmul es dueña de una biodiversidad particular: en sus tierras crecen más del 80 % de las especies vegetales de toda la península de Yucatán, albergan el 90 % de las especies de anfibios, más de 105 de reptiles —siete endémicas—, 400 de mariposas, unas 350 de aves y casi cien de mamíferos, muchos vertebrados mayores que se encuentran en peligro de extinción como el tapir, el jaguar, el puma o el zopilote rey.

El pavo ocelado, por ejemplo, es una de las especies que más llaman la atención. Por su tamaño y sus colores está incluida dentro del grupo de las carismáticas, junto con los tucanes, pericos, hocofaisanes, trogones o los rapaces. Al igual que ellas también sorprenden insectos como los escarabajos gigantes y las mariposas morfo.

Lo cierto es que es mucho lo que falta por descubrir de México, un mítico territorio lleno de historia, que cautiva a sus visitantes con lugares qué conservan la riqueza cultural y arquitectónica de sus antepasados, escondidos en un espeso mar verde de árboles y animales.

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