1 Mar 2015 - 3:39 a. m.

Samaná, la bahía de las ballenas

Además del inolvidable espectáculo de saltos, este rincón de la isla cautiva a los viajeros con sus paisajes y gastronomía.

Redacción Buen Viaje

A dos horas de Santo Domingo se encuentra una colorida península que alberga la mayor cantidad de palmas de coco por metro cuadrado del mundo. Un edén para los amantes de la naturaleza, con playas de arena blanca custodiadas por verdes colinas.

Todos los años por esta época llegan a las aguas de este rincón de República Dominicana, más exactamente a la bahía de Samaná, cerca de 3.000 ballenas jorobadas. Un espectáculo que cada vez atrae un número mayor de turistas, entusiasmados no sólo por observar a estos maravillosos cetáceos, sino por explorar una región repleta de cascadas, selvas, refugios de aves y reservas coralinas.

A Samaná se puede arribar en avión o en carro, a través de las recién renovadas autopistas que salen de la capital dominicana, Santo Domingo, o de la ciudad de Puerto Plata. Fundada en 1756, esta población fue durante años blanco de los ataques de los piratas y hogar de los esclavos que fueron liberados a comienzos del siglo XIX.

La agricultura y la pesca se convirtieron en las principales actividades económicas. Con el tiempo también se produciría un pequeño desarrollo minero, especialmente de mármol, y por cuenta de las ballenas el turismo comenzaría a consolidarse hasta convertirse en un importante rubro. Magaly Toribio, asesora de marketing del Ministerio de Turismo de República Dominicana, asegura que estos animales se han vuelto un testimonio de las vivencias únicas que ofrece Samaná, “un paraíso para los amantes de la naturaleza, la aventura y el turismo experiencial”.

Enfatiza también en que los dominicanos se sienten muy orgullosos y privilegiados de poder disfrutar del espectáculo de saltos y acrobacias durante su visita. Las ballenas, sin embargo, no son el único atractivo. Los viajeros gozan con las excursiones a la cascada de El Limón, una caída de agua cristalina de más de 50 metros escondida entre los árboles, y los recorridos por el Parque Nacional Los Haitises, hogar de más de 100 especies de aves y decenas de cuevas que albergan muestras de arte taíno.

Conocer las pequeñas islas y cayos que rodean Samaná es otro de los planes imperdibles. Uno de los más concurridos es cayo Levantado. Aunque sólo tiene un kilómetro de extensión, es suficiente para disfrutar de las cálidas aguas del Caribe y bucear o hacer snorkel en medio de coloridas familias de corales y peces tropicales.

A diferencia del resto de República Dominicana, en Samaná no es usual ver grandes complejos hoteleros ni resorts. Los huéspedes disfrutan del servicio personalizado de los hoteles boutique, de cómodas villas cerca al mar o de hospedajes más modestos pensados para quienes viajan con poco presupuesto. Su gastronomía, al igual que la del resto del país, se caracteriza por la influencia de las culturas española, taína, americana y francesa.

El coco es uno de los ingredientes principales, tanto para recetas dulces como saladas. Aunque el pescado y los frutos de mar abundan, el sancocho (preparado con carne de cerdo, res y pollo) es el plato más tradicional. También vale la pena probar los chicharrones de pollo con naranja frita, la catibia (empanada de yuca con carne) y los quipes, preparados con plátano verde frito, harina, queso y carne.

Y no se vaya sin haber tomado un trago del famoso ron dominicano, con hielo o en algún coctel, la bebida insignia de este pedacito del Caribe que cautiva con su historia, edificaciones coloniales y paisajes.

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