12 Mar 2014 - 1:48 a. m.

Se acerca el Festival de Verano de Puerto Gaitán

Con bailes, música, concursos y campeonatos deportivos, Meta celebra, del 21 al 24 de marzo, uno de los mejores festivales de verano de Colombia. Se estima que más de 50 mil personas asistirán al evento.

Redacción Buen Viaje

De repente, como si hubiese que recibir el nuevo año en una parranda eterna, el pueblo se apresura a montar tarimas y a despejar las calles. La calma, que antes sólo era interrumpida por el ronco sonido de las mulas que transportan petróleo, se rompe de tajo cuando, a orillas del río, los cantantes, las bailarinas, los coreógrafos, animadores y músicos avivan al público, lo obligan a saltar, lo inducen a gritar, a aplaudir, a cerrar los ojos, a corear versos, a chapucear en el agua. Y así, durante tres días, bajo un sol cruel, inclemente, miles de personas se agolpan para dejarse llevar por la inconmensurable fiesta.

La descripción es apenas un abrebocas del Festival de Verano de Manacacías. Una celebración que aunque sólo tiene doce años de existencia, se ha convertido en un espectáculo capaz de reunir hasta 50.000 personas. Todas, venidas desde las costas, desde el interior, desde lejanos continentes, se juntan en una inmensa playa de agua dulce y se contagian de un inacabable frenesí. Y allí, a orillas del Manacacías, un río que nace en el piedemonte llanero y se ahoga en el Meta, le dan la bienvenida al verano.

Lo harán del 21 al 24 de marzo. Pero durante las 72 horas de esta festividad no sólo se entregarán a las delicias del baile y los ritmos latinos. También, porque no basta que las bandas toquen hasta el amanecer, varios shows seducirán a otro tipo de espectadores. Ciclomontañismo, motocrós, artes marciales, deportes náuticos, concursos de car audio y torneos de voleibol y fútbol playa atraerán a bandadas de ojos que verán expectantes lo que pocas veces se ha cruzado por su mirada. Brasileños, uruguayos, estadounidenses, argentinos y europeos protagonizando estos enfrentamientos.

A pesar de ser una población fundada hace sólo ochenta años por un par de venezolanos cautivados por el progreso de los ferris, Puerto Gaitán (Meta) ha logrado, en medio de un crecimiento económico producto de la explotación de hidrocarburos —la más fructífera del país—, sobresalir como uno de los municipios más grandes de Colombia. De hecho, el Festival de Verano que se celebrará el próximo fin de semana es apenas una de las ferias del pueblo. También gozan con la de la cachama o el Torneo Nacional de Pesca.

En este municipio, a 189 kilómetros de Villavicencio, como si no bastase, se levanta, además, una vegetación que se enreda en las arterias fluviales. Tras ella dicen que aparecen unas alboradas como pocas en la Tierra. Entre esa mezcla de colores y ramas es posible, de vez en vez, ver las piruetas de algún delfín rosado.

Sin embargo, entre toda esa grandeza y amalgama de culturas no sobran, claro, algunos dilemas. Etnias como los sikuanis y los sálivas no han dejado de resistirse al cambio, a las contrariedades que resultan en donde se erigen tales riquezas.

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