24 Dec 2013 - 11:09 a. m.

Templos culturales

Museos que exhiben colecciones curiosas. Un homenaje a las sociedades que transforman sus objetos y una oportunidad para viajar a otros tiempos.

Redacción Buen Viaje

Más allá de la basura

Las llantas de los camiones se convierten en columnas que sostienen un gran letrero y las paredes dejan de ser de concreto para volverse retazos de múltiples envases y empaques de plásticos, vidrio o papel.

En el Museo de la Basura, las botellas y los desechos de distintas nacionalidades, tamaños y etiquetas se convierten en arte. En el condado de Hartford, capital del estado de Connecticut, EE.UU, la Autoridad de Recuperación de Recursos creó este espacio para que niños, adultos y ancianos aprendan sobre la importancia de la protección del medio ambiente. Durante el recorrido guiado, los visitantes observarán cómo los empleados que trabajan en el centro de reciclaje, ubicado en este lugar, aglomeran la basura, la clasifican y trituran los artículos para transformarlos en nuevos productos.

A través de videos didácticos los asistentes descubrirán el significativo ahorro de energía por cuenta del reciclaje. Por ejemplo, de cada tonelada de papel mixto se economiza la energía equivalente a 165 galones de gasolina. Al terminar la visita, justo a la salida del Museo, se encuentra imponente un mural de 36 metros pintado por el artista Ted Esselstyn, que representa la evolución de la concepción de la basura desde la prehistoria hasta nuestros días.

El amor en un mechón

Avanos, famoso por ser uno de los pocos lugares de Turquía en los que aún existen talleres de alfarería, esconde una inusual colección. Hace 30 años, un joven enamorado le pidió matrimonio a su novia. La mujer tuvo que rechazar la oferta porque tenía que continuar su travesía hacia otros pueblos, pero le obsequió como recuerdo un mechón de pelo. Él lo conservó colgado en la pared de una cueva. Este amor frustrado fue el comienzo del modesto Museo del Cabello que hoy forma parte de la mayoría de recorridos turísticos.

Chez Galip, el hombre enamorado, se convirtió años después en alfarero y construyó sobre la cueva su taller de cerámica. La historia corrió de voz en voz y cientos de mujeres de todo el mundo empezaron a llegar al lugar para ver lo que contaba la leyenda. Más de 16 mil mechones fueron donados por las visitantes, quienes además dejaron en un papel su nombre y dirección. Actualmente, las paredes, el techo y cada rincón de la cueva, excepto el piso, están cubiertos de pelo.


Arte cotidiano

Con tan sólo 200 habitantes, el Castell de Guadalest es la población de España con más museos por habitante. Nueve recintos para todos los gustos, que van desde etnología y vehículos históricos hasta instrumentos de tortura medievales y casas de muñecas. Sin embargo, hay uno en particular que se ha robado la atención de los turistas: el Museo de los Saleros y Pimenteros.

Sus puertas están abiertas todos los días del año a partir de las 10:30 de la mañana. En el interior se encuentran más de 20 mil saleros y pimenteros coleccionados por Andrea Ludden. La simplicidad a primera vista de esta idea se disipa con tan sólo adentrarse en el lugar, donde figuras de pájaros, patos, toros, bombillas, astronautas y lavadoras, que hablan o se mueven, toman la forma de condimenteros. Los diseños, que datan de diferentes años, evidencian cómo las costumbres y las ideas cambian con el tiempo.

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