18 Jul 2018 - 6:41 p. m.

Tradición en Neiva, mucho más que bambuco

La capital huilense concentra las costumbres de toda una región que, además de sus tradicionales fiestas sampedrinas, busca reinventarse turísticamente, gracias a su título de “capital del río Magdalena”.

Felipe García Altamar *

El departamento del Huila se ha hecho famoso ante Colombia y el mundo por sus fiestas del bambuco, que desde este mes tienen una nueva embajadora. Tania Alejandra Rodríguez, de Boyacá, se convirtió en la reina número 58 en la historia del Reinado Nacional del Bambuco, el evento más importante en la agenda de las tradicionales Fiestas de San Pedro que, a mediados de cada año, tienen como epicentro la cálida ciudad de Neiva. No solo por su temperatura, que oscila entre los 28 y 32 grados, sino por la hospitalidad de su gente.

Los opitas viven esta competencia con gran vehemencia, y se puede evidenciar desde el primer acercamiento con la ciudad. Tanto el aeropuerto como la terminal de transporte tienen una reina, y no se trata de una estrategia para promover las festividades, porque todas las empresas escogen su reina, incluso pequeños establecimientos comerciales, como peluquerías o farmacias. Las representantes también tienen su propio reinado, en el que no solo deben acreditar una perfecta ejecución coreográfica del bambuco, sino que tienen que demostrar un amplio conocimiento de la cultura huilense.

“La mayoría de las niñas del Huila sueñan con ser reinas, y son preparadas para ello. Este es el departamento que más reinados tiene”, comenta la soberana del aeropuerto. Y es que a los concursos departamentales y empresariales se suma la fiesta de los niños, con el reinado de “las herederas de la tradición”. También se realiza un certamen en el que participan representantes de cada barrio de la capital del departamento, además de los corregimientos y veredas pertenecientes a Neiva. Este es el concurso más popular y que más emoción genera en la ciudad, cuyas calles se empapelan con afiches y pendones con los rostros y nombres de las participantes, al mejor estilo de las campañas políticas.

El fervor por la cultura bambuquera está más que presente en las calles de Neiva. Los opitas están obsesionados con la correcta forma de bailar el Sanjuanero, que definen como un “bambuco fiestero”, así que recientemente instalaron una serie de ocho esculturas que representan los pasos básicos del Sanjuanero. Las estatuas están ubicadas sobre la avenida Inés García de Durán, bautizada así en homenaje a la coreógrafa y folclorista huilense que dedicó su vida a tejer las bases de la tradición del Sanjuanero, y se pusieron allí para educar a nativos y turistas sobre los principios del tradicional baile: expresión corporal, sincronización, coordinación.

Además de la fama que Neiva ha adquirido por sus costumbres sampedrinas, el departamento trabaja para integrar a esa tradición otros componentes que los potencien en el ámbito económico, gastronómico, artesanal y turístico.

El primer paso de este plan es hacer de su marca de ciudad una realidad. La capital del Huila empezó a conocerse desde diciembre del año pasado como “capital del río Magdalena”. Bajo este eslogan la ciudad justifica los esfuerzos para descontaminar dicho río con un sistema de tratamiento de aguas residuales, además de la consolidación de un sistema seguro y oficial de navegación para tener otro medio de conexión entre Neiva y otros centros poblados.

Dos de esos corregimientos son Fortalecillas y Altamira, a los que si bien se puede llegar por carretera, con la nueva estrategia se contempla que los turistas empiecen a llegar navegando el Magdalena. La ciudad ya cuenta con el aval del Ministerio de Transporte, para poner en marcha un sistema de embarcaciones, en las que los turistas pueden realizar “La ruta de la achira”, otro de los pilares de la cultura del departamento.

Aunque los deliciosos bizcochos, hechos con harina de achira, cuajada, huevos y panela, son tradicionales en paradores y quioscos de las carreteras del interior del país, estos dos corregimientos huilenses reclaman ser los principales productores. Lo reivindican, justificándose en el sabor y lo crocante de su producto. Además, en una cifra clave: en cada uno de los corregimientos se producen, al día, al menos un millón de achiras que se comercializan entre los turistas que hacen el recorrido y a través de las tiendas tradicionales de Neiva.

La receta de unas achiras con sello propio no es el único secreto que se guarda en la ribera huilense del Magdalena. Allí también se ubican varios talleres de artesanías, en los que se fabrican los instrumentos típicos del bambuco. A estos locales arriban no solo turistas sino también intérpretes novatos del tradicional ritmo, en búsqueda de tamboras, tiples, marranas o cienpies. En los talleres también se pueden encontrar hamacas, ponchos, artesanías y otros recuerdos del departamento.

Aunque muchos solo asocian al Huila con sus fiestas sampedrinas, este departamento ha demostrado tener una oferta turística para todo el año y para todo tipo de viajeros. Para los más aventureros hay planes que incluyen caminatas y la contemplación que ofrece el Desierto de la Tatacoa y el asombro que encierra el parque de San Agustín. Visitar el Huila, más que poner otro chulo en la lista de festividades del país, es acercarse a un departamento decidido a integrar cada vez más elementos a su ya de por sí nutrida cultura.

* Invitación de Fontur.

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