10 Apr 2012 - 11:20 p. m.

Un cafetal como un viñedo

La Hacienda San Alberto produce granos que entran en la élite de los cafés especiales.

Liliana López Sorzano

A unos 40 minutos del aeropuerto de Armenia, a 1.500 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el pueblo Buenavista, situado en la cima de un valle, en las faldas de la Cordillera Central, un lugar tranquilo que no conoce aún de violencia. Casi todos sus habitantes viven de las fincas circundantes que siembran café. Sin embargo, la finca San Alberto no es como las demás, sobresale por haber roto esquemas. Los tildaron al principio de locos, de perder el tiempo y botar la plata, pero sus dueños se dieron cuenta de que si querían ser diferentes, tenían que arriesgarse.

Todo comenzó con una tragedia. En un accidente aéreo murió Gustavo Alberto Leyva. Su padre decidió invertir el dinero que la compañía aérea les había dado como compensación, en una finca que decidió bautizarla San Alberto en honor a su hijo. El tiempo pasaría y las labores de la finca se rotarían dentro de la familia.

Hoy en día son sus nietos los responsables de que esta finca cafetera se salga del común. Primero lograron tener la certificación de agricultura sostenible (UTZ), que garantiza las buenas prácticas medioambientales y ahora hacen parte de los cafés Premium del mercado nacional muy apetecidos en el mercado internacional por medio de un método riguroso y exhaustivo: la quíntuple selección. Ésta consiste en cinco pasos: 1. Monitoreo constante de los frutos de maduración en cada uno de los lotes. 2. Selección manual y descarte de los frutos verdes, sobremaduros y defectuosos. 3. Selección manual de almendras sanas de color uniforme y de óptima calidad. 4. La selección de granos verdes de acuerdo con su tamaño. Únicamente los granos superiores a la malla 16, Excelso Extra Calidad, pasan la prueba. 5. En el laboratorio se hace una prueba de taza con cata profesional de determinado lote y sólo si cumple con todas las expectativas de San Alberto pasará a ser tostado.

Así como en los viñedos, el terroir expresa características particulares que les dan una identidad a los granos de café. Los de San Alberto son apetecidos sobre todo en Corea y en los países nórdicos por sus tipicidad especial de dulzura, suavidad y acidez balanceadas.

Hay poca consciencia por parte del consumidor sobre los múltiples factores, los accidentes, los tropiezos y cuidados que inciden en una bolsa de café que llega a la mesa. Si en realidad la gente supiera lo que hay detrás de cada grano, quizá no tomarían el café como un insumo más, sino como un producto que puede entrar en el concepto de lujo.

Aquí en la hacienda San Alberto, cada planta del cafetal tiene cuidados propios de un recién nacido. En los lotes del Paraíso o La Ponderosa, cada año se renueva el 20% de su plantación para mantener productividad y calidad.

La variedad caturra es la que más se siembra, a pesar de ser la más desgastante y exigente. Sin embargo, también cuentan con la castillo, que es más resistente a las plagas y los hongos, pero que da una taza más cítrica, ácida, pero menos compleja, menos afrutada y balanceada que la que genera la variedad caturra.

San Alberto pertenece a la élite de los cafés especiales, por ser progresista e innovador dentro de sus procesos. A pesar de ser una finca pequeña, trabaja con toda la dedicación y tecnología porque no importa la cantidad sino la calidad, el sabor y el resultado en la taza.

Con el ánimo de que los consumidores desarrollen un conocimiento para poder apreciar la bebida, la Hacienda ofrece tours por las plantaciones y “bautizos cafeteros”. En éstos, la gente se familiariza con la gama de aromas y fragancias que existen en el café y en la bebida preparada, aprende a diferenciar un grano bueno de uno defectuoso, los niveles de tostado y sus efectos, los diferentes métodos de preparación, los gramos adecuados de café por centilitros de agua, entre muchos otros. Es una completa introducción para despertar los sentidos y seguramente será una experiencia memorable para quien quiera asomarse a este fascinante mundo. Es entender que el café no es para despertar ni mantenerse despierto, es para disfrutar, así como se disfruta de un buen vino.

Además, desde la Terraza San Alberto en medio de los cafetales, turistas y aficionados pueden, con una vista sinigual, probar este café de carácter dulce y equilibrado en boca y con notas de chocolate y caramelo en nariz.


www.cafesanalberto.com

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