18 Mar 2015 - 2:38 a. m.

Una fiesta con sabor a vino

Por lo menos 100 mil personas disfrutarán de la actividad vitivinícola más emblemática de Chile, que incluye la degustación de las mejores bebidas de la región.

Juan David Moreno B.

Cientos de copas serán llenadas al mismo tiempo hasta la mitad cada segundo. Los cristales rozarán y su sonido se perderá entre la música en vivo y el ruido de una multitud que caminará por la Plaza de Armas. La ciudad de Curicó, en la región del Maule, celebrará así el inicio de la vendimia, la fiesta vitivinícola más emblemática de Chile.

El vino, por supuesto, correrá a raudales. Habrá bebida, como escribió Neruda, color de día y color de noche; con pies de púrpura o sangre de topacio. Caerá desde una fuente blanca como la porcelana y se exhibirá en docenas de estantes, en donde los representantes de los viñedos, acompañados por sus enólogos, hablarán del proceso de elaboración, de las características de cada reserva y revelarán las ediciones especiales que tienen listas en sus bodegas.

Se referirán a las cepas tradicionales: cabernet sauvignon, merlot, syrah, chardonnay y riesling; pero será inevitable profundizar en las particularidades del carménère, la marca registrada de los vinos de Chile. “Esta cepa se descubrió por accidente. Después de extinguirse en Francia por una plaga en 1860, su semilla llegó a la región del Maule. En 1995, un científico se dio cuenta de que lo que se estaba cultivando era carménère y se comenzaron a etiquetar las botellas con su nombre. Hoy, el 98% de esa cepa está en Chile”, cuentan los guías de la viña San Pedro.

A partir de 1987, cuando empezó la festividad, se acostumbra que los visitantes adquirieran una copa para que en ella degusten durante toda la jornada los sabores de los vinos más exquisitos, lo mejor de viñas como la de Miguel Torres, Echeverría, Las Pitras, Correa Albano y Valdivieso. La celebración se realizará bajo la sombra de árboles centenarios, entre esculturas de figuras humanas y justo al lado del emblemático quiosco de hierro fundido, elaborado a principios del siglo XIX.

La iglesia del Carmen, que aún se encuentra en reconstrucción a raíz del terremoto de 1985, servirá como telón de fondo para las actividades culturales de la vendimia. Una de ellas es la elección de la reina y su pesaje. Se trata de una práctica tradicional en la que se usa una enorme balanza de madera. En un extremo se sienta la soberana y en el otro se ponen botellas de vino hasta dar con su peso exacto. Se requieren entre 50 y 60 envases para que el artefacto quede en equilibrio.

Los habitantes de la región aseguran que desde ese momento se clama por el inicio de la competencia de los pisadores de uvas, el evento más esperado. Comerciantes, campesinos huasos, autoridades locales y turistas se las arreglan para encontrar un lugar privilegiado y observar el viejo proceso, a través del cual se extraía en otros tiempos el jugo de las uvas.

Pertenecientes a diversas viñas, los concursantes tienen la misión de saltar descalzos durante 10 minutos sobre 20 kilos de frutas, mientras son animados por el público. Deben realizar movimientos hacia delante y hacia atrás a toda velocidad y con mucha fuerza. Se coronarán campeones quienes extraigan la mayor cantidad de líquido.

Al llegar la noche, los cocineros y artesanos se instalan en los costados de la Plaza de Armas. Los vapores del lomito de cerdo a la parrilla adobado con vino tinto, la plateada a la cacerola, los caldillos y cazuelas, así como platos con mariscos como las jaibas y los locos, embelesarán a los comensales que en familia se paseen por el lugar.

Entre tanto, retumbará la música de artistas locales y el cierre estará a cargo del argentino Fito Páez. La fiesta de la vendimia promete ser, como todos los años, un elogio a la bebida, a la buena mesa y a la cultura del Valle Central chileno.

Temas relacionados

Chile
Comparte: