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Viajar con espíritu felino: siete destinos donde los gatos marcan la experiencia

En el Día Internacional del Gato, un recorrido por ciudades donde estos animales forman parte del paisaje y de la experiencia viajera.

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María Alejandra Castaño Carmona
20 de febrero de 2026 - 11:57 p. m.
El turismo pet friendly se ha convertido en una de las principales tendencias del sector turístico.
El turismo pet friendly se ha convertido en una de las principales tendencias del sector turístico.
Foto: Pixabay
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Cada 20 de febrero el mundo rinde homenaje a uno de los compañeros más enigmáticos y carismáticos: el gato. El Día Mundial del Gato no solo celebra el vínculo afectivo entre humanos y felinos, también reconoce su presencia en la historia, la cultura y la identidad de múltiples ciudades alrededor del mundo. En algunos destinos son guardianes silenciosos; en otros, verdaderas celebridades locales.

Viajar siendo amante de los gatos —o incluso hacerlo acompañado de uno— es hoy más sencillo que nunca. La oferta de alojamientos pet-friendly ha crecido notablemente y plataformas como Booking.com han impulsado espacios que entienden que el viaje también puede ser compartido. En esta fecha especial, la invitación es clara: descubrir lugares donde los gatos no son un detalle pintoresco, sino parte esencial del paisaje.

Kuching, Malasia: símbolo emblemático

Es uno de los destinos más singulares para los amantes de los gatos. Capital del estado de Sarawak, es conocida popularmente como la “Ciudad de los Gatos”. Aunque el origen exacto de su nombre sigue siendo motivo de debate —“kucing” significa gato en malayo—, la ciudad ha adoptado al felino como emblema oficial. Estatuas repartidas por sus calles, galerías con arte temático e incluso un museo dedicado exclusivamente a los gatos convierten a Kuching en una parada irresistible para quienes sienten debilidad por los bigotes y las patas suaves.

Estambul, Turquía: patrimonio vivo

En Estambul, los gatos caminan con la seguridad de quien sabe que pertenece al lugar. No tienen dueño y, al mismo tiempo, toda la ciudad los protege. Se deslizan entre mezquitas, ruinas bizantinas y cafés centenarios; descansan sobre columnas antiguas y contemplan el Bósforo como si custodiaran la memoria urbana.

Su presencia no es casual ni reciente: forma parte de la identidad cultural de la ciudad. Cada paseo se convierte en una escena espontánea donde un gato dormita al sol o acompaña silenciosamente al viajero.

Una buena opción para hospedarse es Empress Zoe, que, ubicado junto a las ruinas de un antiguo baño del siglo XV, este hotel boutique comparte sus jardines y terrazas con gatos residentes que recorren muros de piedra y rincones cubiertos de hiedra. Una estancia íntima donde el visitante entiende que, en Estambul, el gato siempre va un paso adelante.

Madrid, España: una capital que se adapta al viaje compartido

Vibrante y cultural, Madrid avanza hacia una hospitalidad más inclusiva. Museos, parques y terrazas conviven con una creciente oferta pensada para quienes viajan con mascotas. La capital española demuestra que el ritmo urbano puede armonizar con la calma felina.

Viajar con gato aquí significa descubrir una ciudad que combina dinamismo y comodidad, con alojamientos que valoran los pequeños detalles.

El Hard Rock Hotel Madrid es una buena alternativa de alojamiento. Con identidad contemporánea y espíritu musical, acepta varios gatos por habitación y ofrece comodidades específicas como camas y recipientes para alimento, asegurando una experiencia confortable tanto para humanos como para felinos.

Roma, Italia: guardianes eternos entre ruinas

Roma no se entiende sin sus gatos. Desde tiempos antiguos han convivido con templos y foros, y hoy continúan siendo protagonistas en espacios como Largo di Torre Argentina, uno de los santuarios felinos más conocidos del mundo.

Caminar por la capital italiana implica cruzarse con gatos que descansan sobre vestigios milenarios o se asoman desde balcones soleados. Son parte del paisaje, tan naturales como las fuentes y las plazas.

Para dormir, el Hotel de Russie, cerca de la Plaza del Popolo, este hotel ofrece jardines serenos que funcionan como un oasis urbano. Un entorno donde la naturaleza y la calma dialogan con la historia… y donde los felinos locales suelen aparecer como visitantes espontáneos.

Kioto, Japón: contemplación y estética felina

En Kioto, la experiencia se construye desde la observación. Templos, jardines zen y callejones tradicionales invitan a mirar con atención. En ese entorno pausado, los gatos encajan de forma natural: aparecen en barrios históricos, cafés artísticos y expresiones culturales que los asocian con la buena fortuna y la sensibilidad estética.

El encuentro con un felino aquí parece parte del paisaje, casi una extensión viva de la arquitectura y el silencio.

El hotel Anddoggy Kyoto Nijo, un espacio que fusiona arte contemporáneo y tradición japonesa en clave minimalista y pet-friendly, es una buena opción para alojarse. Es ideal para viajeros creativos que encuentran en la calma —y en la presencia felina— una forma distinta de habitar el destino.

Aoshima, Japón: la isla de los gatos

También en Japón, la isla de Aoshima es uno de esos destinos que despiertan curiosidad inmediata. Esta pequeña comunidad pesquera es conocida como la “Isla de los Gatos”, donde los felinos superan ampliamente a los habitantes humanos. Llegar hasta allí implica tomar un ferry y dejar atrás el ritmo urbano para encontrarse con calles silenciosas, casas tradicionales y decenas de gatos que descansan al sol o recorren el puerto con total libertad. Sin hoteles ni grandes infraestructuras, Aoshima ofrece una experiencia sencilla, auténtica y profundamente felina, ideal para viajeros que buscan rincones diferentes y memorables en el país nipón.

Nueva York, Estados Unidos: felinos con historia propia

La relación de Nueva York con los gatos está profundamente ligada a su escena cultural. Han sido compañeros de escritores y artistas, protagonistas de relatos urbanos y símbolos de refugio en medio de una ciudad que nunca se detiene.

Entre paseos por Central Park, visitas a museos y recorridos por calles icónicas, su presencia aporta una pausa inesperada en medio del ritmo acelerado.

Una buena alternativa para alojarse es The Algonquin Hotel. Este icónico lugar ha sido históricamente hogar de gatos residentes como Hamlet y Matilda y mantiene viva la tradición con espacios dedicados y eventos especiales. Más que pet-friendly, es un homenaje a la convivencia entre viajeros, literatura y personalidades de cuatro patas.

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