23 Mar 2017 - 3:32 a. m.

Viaje a la última casa de Bogotá

Su patio es el páramo de Sumapaz y sus vecinos las montañas. La apuesta es convertirla en un laboratorio que permita estudiar el ecosistema que la rodea.

marcela díaz sandoval

En el límite sur de Bogotá, entre frías montañas y frailejones, se encuentra la última casa de la capital del país. Alejada de la inseguridad, de los lujos, la contaminación. Su ubicación exacta es el municipio de Usme, en la vereda Curubital. Tiene 100 metros cuadrados y su jardín es el páramo de Sumapaz. No es una casa cualquiera. Aunque fue construida hace 15 años, en los últimos ocho meses ha funcionado como refugio para los turistas que llegan hasta este lugar en busca de un encuentro con lo natural.

“La Casita Feliz, como la hemos denominado, es básicamente el punto en el que les contamos a los viajeros dónde están, qué pueden encontrar y cuáles son los posibles recorridos. Dependiendo del tiempo y el clima, les ofrecemos una bebida caliente o el almuerzo”, cuenta Gonzalo Sánchez, socio del proyecto Camino de la Felicidad.

Llegar no es tan fácil. Como cualquier trayecto en Bogotá, toma su tiempo, y en este caso requiere de la compañía de guías que orienten el camino. En la actualidad, los recorridos dirigidos por Sánchez consisten en llegar hasta el municipio de Usme en bus y subir en carros especiales hasta Curubital. Una vez allí empieza la caminata de media hora hasta el predio El Candado, en donde está la Casita.

“El trabajo con la comunidad ha sido muy interesante. Hemos tratado de vincularla lo más posible al proyecto turístico. Por ejemplo, la primera parada que hacemos antes de empezar la caminata es desayunar en la casa campesina que la Junta de Acción Comunal (JAC) nos asigne y pagamos por eso. De igual manera nos proveen un guía local, al que se le retribuye por su compañía durante el recorrido”.

Y aunque desde este punto se podría caminar días enteros con rumbo hacia los departamentos del Tolima, Cundinamarca y Meta, los trayectos más comunes son los que incluyen rutas por cascadas y miradores desde donde se ven espectaculares amaneceres y puestas de sol. “Dentro del predio hemos encontrado cerca de 25 sitios de interés, como el mirador del águila, la cascada del amor y el árbol de la vida. La riqueza natural sobreabunda. Incluso han ido antropólogos a mirar las extrañas rocas y dicen que fue un asentamiento muisca”, explica Sánchez.

Sin embargo, lo que hoy se puede hacer en la Casita Feliz es sólo el inicio de una gran propuesta turística pero responsable que están planeando Gonzalo y su socio, Javier Molano, dueño del predio. “La idea es hacer de este espacio un laboratorio para que el Instituto Humboldt, el Jardín Botánico y los colegios en sus salidas pedagógicas puedan estudiar más de cerca el páramo de Sumapaz”.

Asimismo, el plan es adecuar áreas cómodas para que las personas se puedan hospedar dentro de la casa o en una zona de camping. “Estamos en el proceso de legalización, porque ya hay un uso del suelo que permite hacer turismo pasivo. El sueño cumplido será cuando logremos educar, restaurar y defender las 130 hectáreas de páramo”, detalla Sánchez.

Por el momento, el costo básico para realizar el viaje a la Casita Feliz es de $70.000 e incluye transporte, desayuno, almuerzo en el criadero de trucha, el guía y la bebida caliente para el regreso.

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