22 Feb 2011 - 10:00 p. m.

Viena, la capital musical de Europa

El mejor momento para visitar el Palacio de Schönbrunn es la primavera, próxima a llegar, y el verano.

Alejandra Vanegas Cabrera/Viena, Austria

Desde que se comienza a caminar por el floreado jardín frontal del Palacio de Schönbrunn, su color amarillo y la belleza de la construcción con exquisitos detalles, que data de 1749, es uno de los panoramas más impactantes que se pueden contemplar en esta bella ciudad, pues el colorido y deslumbrador paisaje logran revivir la vida cotidiana de la Corte en la época de la emperatriz María Teresa, para quien fue construida esta joya arquitectónica.

Pero en realidad Schönbrunn es sólo uno de los muchos lugares de ensueño de Viena, pues cada calle y avenida tienen un encanto especial. Tal vez se deba a la tradición musical y de realeza que posee la ciudad, que en cada rincón de las edificaciones que la componen se perciben grandes secretos de un ambiente tranquilo y cultural.

El centro histórico, por ejemplo, es de los lugares más hermosos de la ciudad. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, pues allí se encuentran ubicados la mayoría de museos, estatuas y edificios del gobierno que reflejan la herencia arquitectónica y urbana de tres períodos claves del desarrollo político y cultural de Europa: la Edad Media, el Barroco y el Gründerzeit o época de los fundadores, que es el nombre que se dio en Alemania y Austria a una etapa económica y cultural del siglo XIX, coincidente con la industrialización del centro de Europa.

Mientras pasea por la ciudad deténgase en el Hotel Sacher, donde podrá degustar la tarta de chocolate más famosa del mundo, la cual fue creada por un aprendiz de cocina en 1832, quien debía satisfacer una imperiosa orden del poderoso conde y príncipe de Metternich-Winneburg. También entre a un Heuriger, que son locales en los que se sirve vino nacional y donde se puede descansar después de las caminatas turísticas.

Las siguientes son algunas rutas que lo llevarán desde el centro hasta distintos puntos para conocer los lugares más impresionantes de la capital de la música.

El deslumbrante centro histórico

Es el corazón de la ciudad y un buen punto de partida en el que predominarán el arte y la apreciación de diferentes tipos de arquitectura. Como son varias las edificaciones que encontrará, puede partir el recorrido en dos, de este modo podrá conocer con detenimiento cada atractivo.

Comience por el Kunsthistorisches Museum o Museo de Historia del Arte, ubicado en un enorme palacio que está coronado con una cúpula octogonal, es uno de los primeros museos de bellas artes del mundo. Aquí podrá apreciar colecciones de arqueología, escultura, armas, medallística, entre otras.

En todo el frente del Museo de Historia del Arte está el de Historia Natural o Naturhistorisches Museum. La fachada de ambos es idéntica y rodean la Plaza de la emperatriz María Teresa. En el segundo museo hallará réplicas de dinosaurios, fósiles poco comunes y muestras de arte prehistórico que incluyen un topacio gigante de 117 kg y la colección de joyas que María Teresa I de Austria le regaló a su marido.

Al salir de estos edificios se encontrará con Ringstrabe o el Anillo de Viena, una calle circular que rodea el centro de la ciudad y que tiene a ambos lados importantes lugares turísticos, como el Palacio Nuevo, que cuenta con una colección de instrumentos musicales antiguos; la Universidad de Viena, fundada en 1365; la iglesia Votiva o Votivkirche, cuya fachada de estilo neogótico impresiona; el Burgtheater o Teatro Imperial de la Corte, uno de los más destacados del mundo en idioma alemán y donde Mozart estrenó tres óperas.

En esta misma calle está el Parlamento, uno de los edificios más famosos y bellos por su singular tipo de arquitectura de estilo griego clásico. Se construyó entre los años de 1874 y 1883. El frente está precedido por la estatua de Palas Atenea o Minerva, la diosa de la sabiduría de la mitología griega. Para conocerlo se puede hacer una visita guiada, de lunes a viernes, desde las once de la mañana hasta las tres de la tarde.

Más adelante se encuentra el Ayuntamiento, una construcción de estilo gótico hecha entre 1872 y 1883. En lo alto de la torre se encuentra el Rathausmann, una escultura dorada de 3,5 metros de altura que representa la figura de un oficial que se convirtió en el símbolo de Viena.

A unas cuadras  verá la Ópera Estatal o Staatsoper, una de las más importantes compañías mundiales de este tipo. Esta construcción originalmente era de estilo neorrenacentista, pero tras un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial tuvo que reconstruirse casi por completo en los años cincuenta. El edificio también cuenta con recorridos guiados para apreciar el auditorio, con espacio para 2.800 personas, el escenario, la Sala de Mármol y el salón de té en el que Francisco José, emperador de Austria y rey de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Galicia y Lodomeria e Iliria descansaba durante los entreactos. Si quiere apreciar una función, puede encontrar entradas desde 150€ hasta de 3€ y 4€ para verlas de pie.

El lado cosmopolita de Viena

La siguiente ruta a seguir es más variada, pues está compuesta por la glamorosa y comercial Kärntner Strabe o Calle de Carintia, en la que también están situados el Pabellón de Secesión y el reconocido Stephansdom.

Si lo suyo son las compras, debe ir a la Calle de Carintia, pues se trata de uno de los lugares más elegantes y animados de la ciudad, que tiene tradición comercial desde hace siglos, ya que era la sede de las oficinas de los proveedores de la Corte Imperial. Se ubica desde la Ópera hasta la Catedral de San Esteban y durante el recorrido podrá encontrarse con espectáculos callejeros improvisados, cientos de vitrinas de las marcas más reconocidas del mundo, casinos y el hotel Sacher, casa de la torta de chocolate más famosa y exquisita.

Caminando unas cuantas cuadras estará en el Pabellón de la Secesión, construido en 1897 por Joseph María Olbrich para las exposiciones de la Asociación de los Artistas de las artes visuales en Austria, como proyecto de renovación artística que intentaba reinterpretar los estilos del pasado ante la irrupción de la producción industrial que estaba desnudando la realidad del arte y la sociedad de la época. Su primer presidente fue Gustav Klimt, un reconocido artista austriaco. Allí podrá ver varias de las obras de este controvertido grupo de autores.

Al finalizar la calle de Carintia está Stephansdom, la archidiócesis de Viena. Situada en Stephansplatz, en pleno centro de la capital austriaca. En esta iglesia de románico-gótico, construida entre 1137 y 1147, podrá observar objetos y obras que diferentes artistas y otras personalidades donaron. También se conservan en la parte baja los sepulcros de varios nobles del país.

Otros lugares para visitar

Por estar ubicados en zonas diferentes, estos atractivos requieren ser visitados por separado. El primero de ellos es la Hundertwasserhaus, un complejo residencial edificado entre 1983 y 1986 en el distrito 3 de Viena. Este colorido conjunto de casas vale la pena conocerlo, ya que presenta un tipo de arquitectura muy peculiar, que no se adapta a las normas convencionales y que combina superficies irregulares y vegetación. Son en total 250 árboles y arbustos que parecen estar incrustados en las paredes. Para llegar tome el tranvía 1 y bájese en la estación Hetzgasse.

Tomando la línea U4 del metro y bajándose en la parada Schönbrunn o en la estación Hietzing del tranvía 60, llegará al Palacio de Schönbrunn, que se conoce como el Versalles vienés. Desde 1559 hasta 1819 este castillo, que empezó siendo un pequeño palacio de caza, tuvo serias modificaciones hasta llegar a ser el lugar preferido de la emperatriz Sisí. En la 1441 encontrará numerosos objetos de ella, además el Museo de Carruajes, a unos pasos de este lugar; el teatro de marionetas; el parque con sus floreados jardines; la Glorieta, donde se puede tomar un café mientras se disfruta de la vista sobre la ciudad; un laberinto, invernaderos con plantas exóticas y el zoológico más antiguo del mundo.

Si prefiere las emociones extremas, vaya al Prater o Wurstelprater, un parque de diversiones con carros chocones, montañas rusas, juegos de tiro y la famosa rueda de la fortuna, donde desde la cima podrá contemplar la ciudad en todo su esplendor. El parque está abierto entre las diez de la mañana y la una de la madrugada, del 15 de marzo hasta el 31 de octubre.

Cultura, historia y diversión son las palabras para definir esta ciudad, que a lo largo del año mantiene las puertas abiertas para aquellos visitantes ávidos de vivir una experiencia única en sus viajes.

¿Cómo llegar?

Existen varias posibilidades para ir a Viena. Los vuelos salen a diario desde Bogotá, pero es necesario hacer escala en Frankfort, París, Madrid, Amsterdam o Londres, y desde estas ciudades se parte hacia la capital austriaca, donde aterrizará en el aeropuerto de Schwechat. Las aerolíneas que viajan son Lufthansa, Air France, British Airways, Delta, Avianca e Iberia. El pasaje ida y vuelta oscila entre los $3’000.000 y $4’000.000.

¿Por qué ir?

Durante cualquier épocadel año la capital austriaca es un destino ideal para recorrer, pues sus museos, palacios y edificios públicos tienen sus puertas abiertas. Pero si desea contemplar los paisajes vieneses floreados y las construcciones iluminadas por el sol y en todo su esplendor, visítela durante primavera o verano, ya que el clima es más agradable para caminar y para tomarse un café en alguna de sus plazas.

Hoteles

Para hospedarse existe una extensa variedad de hoteles que se ajustan a todos los bolsillos. Lo ideal es quedarse cerca del centro de la ciudad. Estas son algunas opciones:

Suite Hotel 900 m zur Oper: ubicado al pie de la Ópera, la catedral de San Esteban y de la mayoría de lugares de interés de la ciudad.

Grand Hotel Wien: está cerca de la famosa calle Kärntner Strasse, con 205 habitaciones de lujo.

Pensión Pertschy: es de gestión familiar. 4 estrellas.

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